Autoentrevista prescindible.
Por Chelo
Después de dos intentos fallidos en tu domicilio, te encuentro muy campante tomando un "cortado" en el Café Pausa, en el corazón comercial y social de la ciudad.
Es extraño, porque cuando no te veo en tu "pega", te ubico -seguro- en tu casa, generalmente trabajando. Te considero trabajólico y te lo represento:
¿Cómo que estás aquí cuando si no estás en la pega trabajas en tu casa?
- Me di unos minutos de asueto para compartir con los amigos... De repente nos juntamos aquí a copuchar de política.
Y ¿dónde están esos amigos?
- Se fueron recién, pero yo me quedé otro ratito para cavilar sobre todo lo que conversamos.
¿Qué?
- Casi lo que me acabas de decir: que cómo lo hago para pasarme trabajando.
¿Y?
- Bueno, me dijeron lo que opinan muchos de quienes me conocen: que soy trabajólico.
Y ¿lo eres?
- ¡Claro que no! Solamente soy responsable. Cumplo siempre con todos mis deberes laborales y, lo más importante: siempre en forma oportuna, en los precisos tiempos que comprometo.
¿Cuál es la diferencia?
- Un trabajólico es un trabajador compulsivo. No puede existir sin estar trabajando; es decir, produciendo.
¿Y tú?
- Cuando he cumplido con todos mis compromisos laborales, descanso: toco la guitarra, me tomo un par de tragos, recibo amigas y amigos, voy a "La Piojenta" (restaurante "guachaca" de Quillota) a bailar cueca y cantar o me relajo en mi casa tocando la guitarra y cantando. Además, me meto en la cosa política, participo en mis instituciones o voy al café Embelecos, a compartir con mi amiga Ruby.
Hartas cosas...
- Sí. Y también leo, preparo comidas y me entretengo escribiendo a mis amigos lejanos.
Insisto que siempre se te ve trabajando; parece que lo demás lo haces a escondidas o es mínimo...
- Lo que pasa es que siempre he tenido que trabajar demasiado. He tenido mala suerte con mis empleos.
¿Cómo así?
- Empecé trabajando a los 13 años como mozo en una ferretería, sobreexplotado y mal pagado. Era niño y me ocupaban para ir a retirar los cajones de clavos, pernos o grasa a la Estación ferroviaria y llevarlos al hombro hasta el negocio. Fue entonces cuando pude comprar mi primera guitarra...
Pero después se te arregló el naipe...
- Bueno, por varios años fui mozo en un taller mecánico o estación de servicios, donde después de cursos en Ford Motor Company llegué a ser "gerente de servicio" y de ahí me fui a la Chevrolet. Gané harta plata, pero...
¿Pero..:?
- ¡Se me ocurrió dedicarme al periodismo!
Lindo, pues. Era lo que te gustaba.
- Exacto, pero desde entonces empecé a ganar mucho menos; me casé y adquirí la responsabilidad de financiar un hogar con familia incluida.
¿Muy dramático?
- No debió haber sido tanto, porque desde entonces, cuando tenía 22 ó 23 años, me acostumbré a tener más de un empleo y trabajar no ocho o nueve horas, sino 14 ó 15.
¿Como periodista?
- Eso. Fui reportero y redactor de diario al tiempo que reportero y jefe de prensa de radio. Tuve que empezar a trabajar en más de un lugar porque los salarios eran bajos.
Con dos pegas te hacías un sueldo...
- A veces apenas medio sueldo.
Entonces ¿trabajabas a medias?
- ¡Nunca! Siempre he sido tremendamente responsable. He cumplido con absolutamente todo el trabajo y oportunamente, sin importarme la cantidad de horas de trabajo.
Ahí está el problema, porque cuando uno trabaja mucho y bien, te dan más quehaceres.
- Exacto. Eso me pasó durante muchísimos años. Siempre respondí bien en todo. Pasaba prácticamente día y noche en la pega, en todas y cada una.
Con un costo tremendo, imagino.
- Más de uno, pero el más grande lo sufrieron los hijos, que veían a su padre unos minutos por la noche y a veces en la tarde de los domingos, porque generalmente también trabajaba los sábados.
Seguramente llegabas con trago también...
- Ese es otro tema terrible. Claro, si trabajaba doce o trece horas y me servían apenas un sándwich a modo de almuerzo... Llegaban las 22 ó 23 horas y no faltaba más de alguien esperándome en la calle para invitarme a un trago.
Y tú ibas...
- ¡Muchas veces! Después de trabajar como bestia hacía falta un trago y una buena conversación.
Pero llegabas totalmente demolido a tu casa...
- Lo peor es que excesivamente trabajado y con apenas un sándwich en todo el día, me tomaba el primer trago y quedaba "grogui". Entonces tenía que irme directo a casa, llegaba a medio filo y más encima me retaban.
¿Siempre fuiste así de sobreexplotado?
- Siempre, porque en general no tenía cómo elegir un empleo en mejores condiciones.
¿Por qué?
- En esa época era el Colegio de Periodistas el que otorgaba -por decirlo de alguna forma- "licencia" para trabajar. Y el Colegio me tuvo marginado desde 1975 porque me acusaron de ser "activista político". Y sin colegiatura, no podía trabajar en grandes medios sino sólo en radios y diarios locales, o en corresponsalías que no fueran cabeceras de regiones.
¿Los dirigentes te marginaron?
- Bueno, eran dirigentes muy sui generis, porque eran designados por la dictadura, que también intervino los colegios profesionales. El dirigente regional se arrogaba el título de "presidente" y además se agregaba: "Delegado de Gobierno ante el Consejo Regional Colegio de Periodistas". ¡Repugnante!
¿Trabajaste "clandestino" hasta 1990?
- Bueno, a veces incluso peor. Tuve que ejercer de "medio pollo" de otros periodistas; es decir, reporteaba y escribía o despachaba crónicas a nombre de otro periodista que en vez de hacer su pega se dedicaba a otras cosas. Y recién en 1997 recuperé mi condición de profesional.
Te integraron al Colegio...
- Claro, y lo tomé demasiado en serio porque al año siguiente me convertí en dirigente regional.
O sea, te metiste de lleno a la actividad gremial de la que te habían marginado.
- Y en buena hora. He podido aportar mucho, por ejemplo, desde el Departamento de Legislación a nivel nacional, donde contribuí a la elaboración de las modificaciones legales para sacar el Estatuto del Periodista, que ya es proyecto de ley y fue aprobado en general en la Cámara de Diputados. Además he ayudado a organizar congresos nacionales de periodistas, lideré una convención para modificar los Estatutos y participo activamente en la Comisión de Medios y Periodistas del Comité de Integración chileno argentino "Cristo Redentor".
Pero ya terminaste tu período...
-¡Terminé cuatro períodos de dos años! Claro que en el último renuncié antes de tiempo porque me vine a Quillota.
Estás tranquilito ahora, entonces.
- Eso pensaba yo. Pero ahora soy candidato a consejero regional en las elecciones de fines de agosto.
¿Estás en campaña?
- ¡Ah! ¡De veras! Por lo mismo, te vas a tener que ir. Se acabó la entrevista, porque voy a mandar correos electrónicos a mis colegas pidiéndoles el voto. Así es que ¡Chao no más...!
Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso