Idoya Noain / Nueva York
Se ha rebautizado para intentar lavar su conflictiva imagen, pero Blackwater, ahora XE Services, sigue siendo sinónimo de los excesos cometidos en nombre de la seguridad por una empresa privada y por un Gobierno dispuesto a pagar millones por servicios y operaciones encubiertas por las que, de esa manera, no tenía que asumir responsabilidad.
The New York Times ha desvelado que en el 2004 la Agencia Central de Espionaje, la CIA, alcanzó acuerdos individuales por millones de dólares con los directivos de Blackwater para que la empresa participara en un programa -secreto y frustrado- de asesinatos selectivos de líderes de Al Qaeda. Blackwater debía participar en la planificación, entrenamiento y vigilancia del programa, aunque no está claro si los mercenarios iban a acometer personalmente los asesinatos.
Fundada por un antiguo miembro de la unidad de élite de la Marina, Erik D. Prince (y con un exalto mando antiterrorista, Cofer Black, como vicepresidente), Blackwater ha sido frecuentemente contratada por el Gobierno de Estados Unidos y sus hombres participaron, por ejemplo, en interrogatorios de supuestos terroristas. El emporio paramilitar a menudo ha sido acusado de abusos y brutalidad y en Irak perdió la licencia tras varios escándalos culminados con una matanza de 17 civiles.
El programa de asesinatos selectivos lo puso en marcha tras el 11-S la Administración de George Bush, que lo mantuvo siete años oculto al Congreso. El argumento esgrimido por su vicepresidente, Dick Cheney, era que no hacía falta informar porque la CIA ya tenía autoridad para matar a líderes de Al Qaeda.
Aunque una directiva dictada en 1976 tras la implicación de la agencia en intentos de asesinato de Fidel Castro vetó que la CIA pudiera acometer esas operaciones, el Gobierno de Bush equiparó a los miembros de Al Qaeda con soldados enemigos, eliminando la prohibición.
Cuando el actual director de la CIA, Leon Panetta, descubrió la existencia del programa, lo suspendió e informó a las Cámaras, donde ayer resurgieron las críticas. «Es muy fácil subcontratar trabajos de los que no quieres responsabilizarte», criticó la senadora Dianne Feinstein.
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