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Miguel Tapia G., Periodista
Los familiares de víctimas de operativos militares perpetrados por la dictadura interpusieron una querella contra los periodistas cómplices de los crímenes que, sabiendo la verdad, tergiversaron versiones para engañar a la ciudadanía nacional haciendo aparecer las atroces masacres como simples hechos policiales.
Esto no hubiera sido posible si antes, el Colegio de Periodistas no hubiera instruido sumarios éticos contra directores y reporteros de medios que fueron serviles a la dictadura y engañaron -a sabiendas- a la población.
En efecto, la organización gremial de la cual me enorgullece ser dirigente, tuvo el coraje de instruir sumario contra seis de sus propios afiliados, investigar y establecer que fueron serviles a los organismos que manejaban -o, más bien, manipulaban- las informaciones para engañar a la ciudadanía, cuestión que el Código de Ética de los periodistas tiene expresamente prohibido. No se estudia Periodismo para obedecer con entusiasmo las órdenes de un régimen de fuerza, brutal y sanguinario como el que nos rigió entre 1973 y 1990.
¿Quiénes son los verdaderos responsables de lo acontecido?
Ante todo, los periodistas que efectivamente creyeron actuar profesionalmente cuando mentían, motivados por su entusiasmo en apoyar un régimen que asesinaba... y que ellos sabían que asesinaban.
Pero el engaño no habría funcionado si los medios para los cuales trabajaban esos periodistas mentirosos no hubieran estado coludidos con la mentira.
Había una perfecta simbiosis entre los periodistas fascistas y los medios proclives al fascismo.
El Mercurio y sus periódicos satélites; Canal 13, Radio Nacional, El Cronista (versión dictatorial de La Nación) y tantos otros tuvieron periodistas proclives a la mentira.
Bueno, podríamos decir que ellos tenían que sobrevivir en los tiempos que transcurrían y que estaban obligados a mentir para ocultar crímenes atroces con tal de mantener la pega.
Pero soy testimonio vivo de que se podía sobrevivir sin ser servil a la dictadura.
Y si hubiera caído en la tentación de vender mi trabajo al régimen de fuerza, lo peor sería hoy no reconocerlo.
Los periodistas sancionados por el Colegio y hoy querellados, lo niegan. Igual que los militares procesados. Tal como los asesinos de los nueve quillotanos masacrados en enero de 1974. Niegan, niegan... Dicen no haber sabido que... aseguran haber sido obligados, que actuaron con honestidad... o engañados.
No les creo. Recuerdo haber visto en la TV a periodistas privilegiados en datos y noticias, verdaderas estrellas coludidas con la DINA o la DINACOS, recibiendo y aceptando instrucciones, sin atisbo alguno de rechazo o rebelión.
No: ellos fueron cómplices de crímenes horripilantes, que lesionan a la humanidad, y avivaron la cueca de la sangrienta represión. No digan que no supieron lo que hacían. Jamás opusieron resistencia a informar falsedades para engañar a la población en favor de la "imagen" de un régimen asesino.
Sencillamente, no tuvieron principio ético alguno en su actuación como profesionales. Su gremio ya los sancionó. Ahora tendrán que enfrentar los tribunales para intentar justificar lo que, como profesionales de las comunicaciones, es -indudablemente- imperdonable.
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