215
07 de julio de 2008
Portada de "Vuelo de mariposa"

Testimoniar lo imposible

Por Edda Hurtado P.
Doctora en Literatura

Notas a propósito del libro “Vuelo de Mariposa. Una historia de amor en el MIR” de Eva Palominos.

Una reseña (1) implica básicamente referir las temáticas y los múltiples sentidos que un texto ofrece, los que han de ser vistos con la distancia que implica el discurso crítico. Desde esta perspectiva, la lectura crítica implica también la validación de la novela y su inserción en una serie literaria, que en el caso del libro que nos ocupa, corresponde a la Novela Testimonial y específicamente a la producida en el Cono Sur luego de los periodos dictatoriales. En cuanto textualidades articuladoras de una experiencia pasada, se advierte como propósito principal el recorrido de las huellas dejadas por el ejercicio de un compromiso político llevado a cabo por un importante sector de militantes de izquierda y su consiguiente represión dictatorial. Este particular ejercicio de escritura nos plantea la permanente y necesaria exigencia de reflexionar sobre lo que pasó, el significado que tuvo y en definitiva cuál es el legado del genocidio. En este sentido, las memorias del terror y el testimonio, especialmente, no han agotado su función social a pesar del tiempo transcurrido. (Strejilevich, 2006 (2) ).

Sin embargo, me parece importante señalar que evidentemente la lectura de este texto ha desbordado lo académico y creo que en parte también tropiezo un poco en estas líneas, convirtiendo mi lectura en una lectura interesada dado que el referente histórico y el duelo del que se da cuenta a lo largo de las páginas no me son ajenos.

El principal desafío de la autora ha consistido en articular una experiencia pasada, recorriendo casi en filigrana las marcas dejadas por el compromiso político y la represión dictatorial, empeño que le ha permitido construir un relato posible, en el que ese traslado vital a este presente despliega -sobre todo- múltiples interrogantes.

Eva, la voz narradora, como sujeto que recuerda se apropia de la historia de un modo particular y único, y testimonia, a pesar de que sabemos (con Primo Levi y Agamben) que el sobreviviente que testimonia sabe que testimoniar es hablar de la imposibilidad de testimoniar, puesto que su empeño insiste en buscar el sentido en zonas imprevistas hoy sólo alojadas en la memoria, ese espacio otro donde estallan los recuerdos y el lenguaje.

En un primer momento, me detengo en el epígrafe que abre esta novela, un fragmento que pertenece a Boris Cyrulnik: "El efecto mariposa/ de la palabra retenida/ produce un vuelo extraño: / la mariposa revolotea/ ligeramente/ y de súbito, serpentea. / Así mismo, / el herido del alma/ habla alegremente/ y de súbito farfulla".

El fundamento de la subjetividad encuentra en el ejercicio del lenguaje su soporte material, el lugar de inscripción de los recuerdos y las marcas del pasado, siendo también necesario decir que no todos los sobrevivientes llegan a comprender el dolor que los atravesó. Siempre habrá quienes ni siquiera puedan farfullar y sobre todo, están aquellos de los cuales nunca tendremos su palabra. De este modo, Eva- narradora es la que habla también por delegación, por los que no están, por Luis Jaime, su hermano músico detenido desaparecido, aún sabiendo que eso es imposible. Es indecible. Y en este marco, el gesto escritural de Eva como testimoniante- sobreviviente se construye en una alianza entre política y ética. En su texto advertimos los recovecos de la memoria, las disquisiciones y aquellas interrogantes que finalmente nos permiten afirmar que se reconoce el fracaso de un proyecto político, su violenta destrucción, no obstante el gesto de la escritura impugna su derrota ética. Acaso este sea su mayor logro.

Afirma Primo Levi que la necesidad de testimoniar, de contarle esa historia al resto, de hacer que el resto participe de ella se presenta como un impulso inmediato y violento luego de la liberación. Cabe preguntarnos qué ocurre con ese impulso violento que no pudo elaborarse, que no pudo traducirse. En lo que a Eva concierne hoy, después de más de treinta años transcurridos, recién accedemos a la elaboración de ese impulso inmediato y violento, paradójicamente diferido en el tiempo.

Los testigos sobrevivientes necesitan compartir sus memorias, pero ocurre, sabemos lo que ocurre en este nuevo escenario concertado y globalizado, en que el resto, ese resto que son los otros, no siempre quieren oírlas ni leerlas, lo cual instala la cuestión del lector, del para qué y para quiénes se relatan estas vivencias.

El relato testimonial no puede ser demandado de exactitud, sabemos que los recuerdos se organizan y construyen una -entre múltiples- (re)interpretaciones de un tiempo histórico y de un proceso sociopolítico que operó como marco en el cual se forjaron identidades y sentidos de pertenencia. De este modo, lo escrito se convierte en un territorio abierto, dispuesto y expuesto a la disputa por las versiones acerca de esa experiencia colectiva.

"Vuelo de Mariposa. Una historia de amor en el MIR" viene precedida por un prólogo de Carmen Castillo, quien reconoce en Eva el gesto del recuerdo y la escritura clara que permite adentrarnos en una época histórica, en la militancia y específicamente en la historia del MIR como un reclamo de la memoria. Cabe agregar que también se trata de la necesidad de construir aunque sea a retazos una memoria de la izquierda chilena, diversa, profunda, inteligente, apasionada, que logre dar cuenta precisamente de un tiempo colmado de proyectos colectivos y utopías.

El libro se compone de once capítulos, precedidos por un prólogo de Carmen Castillo y un preámbulo donde la narradora fija el profundo propósito de su gesto escritural: dar cuenta de una memoria recontextualizada e historizada, como un proceso de sanación necesario para la construcción de una identidad individual y colectiva. Este preámbulo dialoga con el epígrafe en cuanto el autor mencionado, desde el campo de la sicología ha desarrollado el concepto de resiliencia entendida como la capacidad de los seres humanos que habiendo sido sometidos a los efectos de una adversidad han podido superar e incluso salir fortalecidos de la situación que ha provocado el padecimiento. Entonces, para los heridos del alma, sus claves residen en los afectos, en la solidaridad y en el contacto humano. La escisión del sujeto herido por el trauma en una instancia favorable, podrá construir aquellos mecanismos de defensa que le permitan superar los efectos del padecimiento. En la lectura de la novela nos vamos dando cuenta de que efectivamente la escritura opera como la sutura de esa herida. Ver wikipedia

Los capítulos se estructuran a partir de un itinerario de los lugares de reclusión luego del episodio fundante de nuestra peor tragedia contemporánea. La memoria de la prisión evoca mujeres, sobre todo mujeres reducidas y confinadas al disciplinamiento carcelario y al castigo infligido sobre sus cuerpos. A lo largo del texto el cuerpo funciona como un lugar, un espacio tanto material como simbólico en el que se inscribe el lenguaje de la violencia: en el cuerpo propio, el de los otros y en el cuerpo social., Vistos casi como cuerpos sacrificiales, la voz narradora se detiene en los cuerpos femeninos, en su propio cuerpo sometido a la lógica del disciplinamiento dictatorial: el cuerpo de la presa política es degradado y su inscripción delictual opera asociándola a la figura de la prostituta.

Sin embargo, a pesar de que los capítulos tienden a un ordenamiento cronológico, advierto en la narración una memoria siempre fluctuante entre el presente de la enunciación que es un acá y un ahora que operan como las coordenadas de la memoria y del relato. Se evoca y se escribe en París. En cada capítulo la narradora desanuda generosamente sus recuerdos. Evoca una galería de hombres y mujeres que constituyeron su presente de muchacha militante, que comenzó su participación política -casi como un viaje sin retorno- a los 17 años en un liceo de Santiago.

Emerge constantemente en el relato un contrapunto entre lo personal y lo colectivo, entre la historia social y la historia nacional; específicamente, en este plano, se revisa desde dentro la historia del MIR, la cual es vista con una mirada crítica a la vez que se reconoce la alta consistencia ética que su proyecto implicaba. Especialmente se advierte un espacio de nuevas significaciones -y posibles repercusiones en futuros debates- al incursionar en un aspecto poco visto hasta ahora relacionado con los modos en que las mujeres experimentaron la militancia. La narradora realiza una intensa descripción de sí misma, apasionada y amorosa, de tal modo que el recuerdo de la militancia adopta las marcas de género. Sobre todo en la descripción del periodo de encarcelamiento, éste se hizo sostenible gracias al encuentro con otras mujeres con las que se consolidó un nuevo estilo de relación que sin duda se había gestado en el tiempo de la militancia, pero del cual no se tenía clara conciencia hasta entonces.

En el marco de la historia personal, emerge la figura de Fernando, quien se configura en una doble instancia al interior del relato. Fernando es el portador de los signos del amor, del enamoramiento fraguado en medio del escenario cautivante de ese tiempo. Una especie de bisagra amorosa. Fernando es el vertebrador de ambas historias, de la personal y de la colectiva. El descubrimiento del amor, su vivencia es descrita con una sutileza que nos permite revisar aquello medular en la constitución de la subjetividad de la joven militante evocada por la narradora. A ratos, en el relato lo público y lo privado, las escenas intimistas, el resguardo de la privacidad y el refugio amoroso oscilan y se disuelven en las fronteras del quehacer público. En este sentido, el amor se despliega en la novela como un signo político, como un elemento básico, fundamental. Cuerpo y política apasionadamente al unísono.

El contrapunto entre los subjetivo y la experiencia social en la voz de la narradora que evoca, permite el diálogo y el de-velamiento de duelos y pérdidas, a la vez que va dando cuenta de un entramado personal tejido a la luz de una profunda pasión sin una matriz unívoca.

Ecos de los recovecos de la memoria, desmontaje y desenmascaramiento progresivo nada más y nada menos que de una visión monolítica de la historia. Así, en la lectura del texto advertimos que se intenta poner en diálogo una historia con mayúsculas en alternancia con una historia no menos importante, la personal.

Un cuadro de época, una cartografía de la memoria, de los territorios. En síntesis, un extenso y ambicioso relato que se ofrece como un lugar de encuentro, para reconocerse, para conversar, para confrontar versiones, para tener esperanzas. Una galería de personajes históricos, historizados y también un homenaje a los ausentes y sobre todo a su palabra suspendida para siempre.

Notas:

  1. El texto original fue leído en la presentación del libro realizada en Valparaíso, el día 10 de agosto de 2007. Publicado por Ediciones Escaparate, Concepción, 2007.
  2. Nora Strejilevich, El arte de no olvidar. Literatura testimonial en Chile, Argentina y Uruguay entre los 80 y los 90".Buenos Aires: Catálogos, 2006.

Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso