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07 de julio de 2008

La calle Savile Row

La calle de los sastres pierde distinción

Begoña Arce / Desde Londres

Cosidos a mano, de manera artesanal, puntada a puntada. Así han sido durante 200 años los trajes para caballero en Savile Row.

En esta calle elegante y breve del barrio de Mayfair se han vestido miembros de la realeza europea, multimillonarios domiciliados en paraísos fiscales y actores de Hollywood en búsqueda de un toque de clase.

Sólo una clientela caprichosa, escogida y acaudalada se puede permitir pagar los 7.000 euros que viene a costar uno de los conjuntos masculinos más sencillos de chaqueta y pantalón.

La factura respondía al minucioso trabajo realizado durante horas por un puñado de sastres de reputación internacional. Su labor se resumía con la palabra inglesa bespoke.

Dentro del oficio, ese término, acuñado por los maestros de la aguja y el dedal en el siglo XVII, implicaba que cada prenda salida de Savile Row era única.

Todas habían sido concebidas a partir de decenas de medidas tomadas al cliente, que podía elegir a su gusto el tipo de tela entre 2.000 muestras diferentes. Su confección, exclusivamente a mano, requería 50 horas de trabajo como mínimo. La máquina de coser estaba estrictamente prohibida.

Pero tal nivel de exigencia acaba de recibir un golpe mortal esta semana. El organismo que regula el contenido de la publicidad -Advertising Standards Authority- ha rechazado la reclamación presentada por los sastres tradicionales, que acusaban de propaganda engañosa a uno de sus competidores.

La firma Sartoriani ofrece trajes bespoke como sinónimo de "hecho a la medida", sin que eso implique que estén realizados totalmente a mano. Sus precios, a partir de 700 libras (en oferta especial limitada), son mucho más asequibles y competitivos que los de los puristas. Y en tiempos de crisis, a los ejecutivos de la City quizá empiece a no interesarles demasiado el saber cómo está pespunteado el forro.

Los grandes nombres del buen vestir, como Gieves and Hawkes y Hardy Amies, llevan muchos años luchando por mantener infructuosamente unos estándares que van contra corriente en el siglo XXI.

Amenazados, en el año 2004 los tradicionalistas crearon una agrupación, Savile Row Bespoke Association, para proteger el oficio y asegurarse de que su buen hacer pasará a las nuevas generaciones. Poco a poco, sin embargo, los pequeños talleres de la famosa vía, paralela a Regent Street, han ido marchándose a otra parte.

No pueden pagar unos alquileres que están entre los más altos del mundo. Su plaza la ocupan ahora firmas japonesas y americanas de prêt-à-porter.

Una de las más populares es Abercrombie & Fitch, que abrió hace dos años en la prestigiosa calle su buque insignia en Europa. La tienda, lujosa y modernísima, está siempre llena de londinenses y turistas, que jamás han pensado en hacerse un traje de raya diplomática. Quizá los grandes sastres británicos responden a los gustos de otra época y ahora resultan demasiado caros y algo rancios.

Hace dos años el italiano Giorgio Armani, que tiene su propia línea de trajes de lujo a la medida, pronunció el responso de Savile Row, que, según dijo, se ha convertido en "una mala comedia inglesa".

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