Miguel Tapia G., Periodista
Lo agitado de la escena no deja ver el telón de fondo trascendente, imperturbable, formidable.
Acá estamos enredados en cosas domésticas y de las otras.
Una de las otras son las vicisitudes de nuestra economía que aunque se le dice sólida, sucumbe tan fácilmente a los "factores externos" que llegan directamente a aniquilar nuestra pequeña economía del bolsillo. Y los escándalos en los municipios de la UDI junto con una derecha que sigue sin resolver sus grandes conflictos. También el dramático desconcierto de la Concertación, con el alma destrozada porque dos de sus cuatro partidos quieren llevar lista aparte de candidatos a concejales en octubre próximo.
Y el telón de fondo, imperturbable, esperando pacientemente que reparemos en él junto con toda su escondida resonancia.
El actual sistema electoral para las municipales determina que un pacto político puede llevar como máximo la cantidad de candidatos igual al número de cargos a elegir.
O sea, si en la mayoría de las comunas se debe elegir seis concejales, cada lista no puede llevar más de seis postulantes.
Se trata de una suerte de camisa de fuerza para una coalición como la Concertación, que debe repartir los seis cupos entre cuatro partidos para presentar sus candidatos.
Tradicionalmente la DC se queda con tres y los restantes deben conformarse con uno cada uno. En algunas comunas donde uno de los otros partidos se siente más fuerte, debe negociar con sus pares cediéndoles cupos en otros municipios para llevar dos postulantes.
Y tanto los partidos Radical Socialdemócrata (PRSD) como Por la Democracia (PPD) y Socialista (PS), suelen contar con más de un líder en cada comuna, pero debe optar por uno solo porque no caben más en la lista. Entonces se producen roces y dramas internos, que siempre dejan huellas y resentimientos. Desde el punto de vista electoral, se calcula que si cada partido pudiera llevar más candidatos, juntarían más votos porque trabajaría una cantidad mayor de equipos juntando adherentes. Y no habría desencantados ni frustrados.
Desde ese punto de vista, no veo drama en que los partidos de la Concertación postulen dos listas a las concejalías.
El problema va en los resultados, porque podría ser que con el sistema de cifra repartidora vigente, si en una sola lista los cuatro partidos -en dos subpactos- lograran cuatro elegidos, sobrando una pequeña cantidad de votos después de dividir el total de reunidos por la cifra repartidora, al ir en dos listas resultaría una cifra más baja pero al dividir la cantidad de votos de cada por le repartidora, quedarían más votos (sumados) sobrantes pero los elegidos podrían ser sólo tres.
Eso ha hecho reaccionar a la DC y el PS rechazando categórica y definitivamente la determinación del PPD y el PRSD que están resueltos a ir en lista aparte.
Para entender el asunto, hay que tener calculadora. Porque las cuentas DC-PS son adversas si se sacan en razón de los votos obtenidos por cada partido, subpacto y el pacto en las elecciones pasadas.
Pero en el PRSD y el PPD sostienen que eso no es acertado, porque con más candidatos los votos serán más. Y como las adhesiones no salen del aire, recuerdan que si llevan más candidatos -12 en vez de seis, en las comunas chicas-, obtendrán más votos. Y un aumento de sufragios para el oficialismo, son menos para la oposición. Entonces, dicen, las dos listas sólo suman; en ningún caso restan.
Desde mi punto de vista, hay que desdramatizar el asunto y tener en cuenta que los partidos díscolos sólo pretenden ampliar el elenco de candidatos que presentar al escrutinio popular. Y esto aplicable nada más que para los concejales, porque juran que en todas las comunas apoyarán irrestrictamente al candidato único del conglomerado a la Alcaldía, sea de una u otra lista de la Concertación. Entonces, por motivo alguno estaría en riesgo la unidad de la coalición. Se trataría sólo de un ejercicio ideado por el "ingeniero" electoral Pepe Auth, reconocido experto en estos cálculos, que acaba de asumir como nuevo presidente del PPD.
Yo no le pondría tanto color y más bien tiendo a comprender el verdadero sentido de la propuesta: no divisionista sino tendiente a lograr más concejales para el oficialismo. Sólo me pregunto: ¿Y si no resulta...?
Y no tengo respuesta. O, mejor: no quiero imaginarla.
Sí, ya sé: el país goza de una sólida economía, "ordenada y robusta" como reiteran los propagandistas del Gobierno. Baja la producción, suben los precios, pero ahí estamos todos: sobreviviendo casi sin chistar. Aguantando el chapuzón, mientras se pueda.
El problema es que los precios que más han aumentado son los alimentos. Y los pobres gastamos más del 70 por ciento de nuestros salarios en comer. En promedio, los alimentos han subido entre el diez y el veinte por ciento, de tal modo que estamos alimentando a nuestras familias un 10 ó 20 por ciento menos.
Hay rubros que nos atacan con más brutalidad, como la electricidad, que aduce mayores costos al tener que usar petróleo diésel en vez del gas natural argentino, que tenían previsto y era abundante y muy barato... hasta que Argentina decidió asegurar su consumo interno y nos cortó abruptamente el suministro.
El violento aumento en el consumo de petróleo en las generadoras activó la ley de oferta y demanda: a mayor demanda, sube el precio del producto. El petróleo hoy está más caro que la bencina. Y sube el transporte de productos, alzando el precio de todos los productos porque el costo es ahora mayor. Y suben los pasajes de los buses, de los que no tenemos escapatoria después del asesinato del transporte ferroviario de pasajeros. Y ahora subieron descaradamente, a niveles ni soñados, los precios de los remedios para las afecciones invernales -resfríos y obstrucciones respiratorias- porque las cadenas de farmacias que aniquilaron a las boticas locales, se pusieron de acuerdo aprovechándose de la intensa ola de frío y humedad.
Pero, bueno, las autoridades dan una pequeña limosna de 20 mil pesos para los más pobres. Con eso quedaría arreglado todo el asunto.
Nosotros, los pobres de corbata, los que consideramos en el presupuesdto mensual tomarnos un par de tragos al mes e ir al cine cada dos meses e incluso tener la osadía de comprar dos diarios a la semana y un libro bimestral... nosotros, los que siendo pobres no somos miserables, estamos sonados.
Nos reconforta, en todo caso, que los chilenos nos mantenemos en el puesto 26 de competitividad mundial y que nuestras finanzas están ordenadas y robustas, con 30 mil millones de dólares produciendo jugosos intereses para financiar el transporte de Santiago.
En lo personal, siendo especial placer al informarme que somos tan competitivos porque el inversionista que llega a Chile puede producir a bajo costo pagando apenas el misérrimo salario mínimo y que puede no respetar ninguna normativa laboral, porque nadie lo va a fiscalizar. Y si lo llegan a pillar que no mantiene condiciones laborales básicas, no paga la previsión que le descuenta sagradamente a su personal o hace trabajar a su gente más de lo permitido, le harán pagar multas mínimas, para que pueda seguir infringiendo la ley.
De todas maneras, es lindo saber que el país está económicamente fuerte, aunque mis bolsillos estén en bancarrota.
Más linda es la UDI. Se les fue la cuestionada alcaldesa de Huechuraba, acusada de graves irregularidades. Entonces sus dirigentes, lejos de congelar su militancia, como hacen los partidos decentes ante las sospechas graves de corrupción, "lamenta" su renuncia a la colectividad -detonada por el involucramiento del gurú Lavín en los tenebrosos hechos- y le asegura que igual será su candidata a la reelección.
Más todavía: para impedir nuevas fugas, los máximos dirigentes del partido invitaron a otros alcaldes cuestionados por presuntos hechos de corrupción para brindarles todo su respaldo y asegurarles que tienen reservados sus cupos como candidatos de la UDI a la reelección.
Pero eso sólo con los actuales ediles de la Región Metropolitana acusados de irregularidades.
En Hijuelas, la alcaldesa UDI está siendo procesada por el Tribunal Electoral Regional de Valparaíso por 34 graves acusaciones... pero hasta ahora su partido ha guardado absoluto silencio. Igual que los parlamentarios de su coalición, el senador RN Sergio Romero y el diputado de la misma colectividad Alfonso Vargas, que no han dicho palabra sobre el caso.
De repente cansa escribir. Y uno está consciente que también agota leer tremendos textos; más aún en un computador.
Por eso voy al tema de fondo, el grande.
Mientras ocurren estas y otras interminables menudencias, en Brasilia doce naciones de nuestro Continente firmaban el Acta de Fundación de la Unión de Naciones Americanas, Unasur. Su presidenta, nuestra Mandataria, Michelle Bachelet.
Se trata de un paso trascendente en la conformación de una gran fuerza multinacional que aglutina a 380 millones de personas, con un PIB de casi tres billones de dólares -la cuarta economía más grande del mundo- y, aunque con un ingreso per cápita de sólo 7.500 dólares, es el primer productor y exportador de alimentos en el mundo. Ahí está su fuerza, en que eso es el conglomerado de 12 países en conjunto. Cada uno, aislado, es casi nada... excepto Brasil y Argentina.
Junto a los dos mencionados, conforman el bloque Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Chile. Como estados observadores, están Panamá y México, que esperan incorporarse en el futuro próximo y no están considerados en los datos antes expuestos.
Me entusiasma esta idea, porque conocí muy a fondo -en un diplomado de la Universidad Miguel de Cervantes- el proceso y los resultados alcanzados hasta ahora por la Unión Europea, el conglomerado de países con mayores resultados efectivos y más éxito en la historias de la Humanidad.
Claro que para llegar a una plena integración política, económica y cultural transcurrió más de un siglo desde los primeros intentos; hubo dos guerras mundiales entre medio, esfuerzos sobrehumanos por superar desconfianzas y lógicas diferencias de objetivos y visiones.
En nuestra joven Sudamérica, en tanto, los esfuerzos no han sido menores. ¡Cómo olvidar el sueño del Pacto Andino! Nació en 1969 en Cartagena con Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Brasil, Venezuela y Chile. Llegó a tener (1979) un Tribunal Andino de Justicia, el Parlamento Andino y el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores. Pero Chile se retiró antes, porque la dictadura lo consideró incompatible con la política económica que había implantado. Y tenía razón.
Después vino el Mercosur, o Mercxado Común del Sur, pacto económico que desde 1985 agrupa a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, además de Venezuela, que se integró en 2006. Además, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú tienen estatus de estado asociado.
Últimamente se formó la Comunidad Andina de Naciones, CAN, como continuadora del original Pacto Andino, pero objetivos -aunque definidos como políticos, culturales y económicos- poco claros.
Lo real es que ninguno de estos pactos ha funcionado porque los países no han cumplido sus acuerdos. Ha faltado la generosidad y tesón que permitieron cristalizar la Unión Europea, que tiene una estructura muy compleja y actúa como un solo cuerpo a pesar que no ha logrado aprobar su Constitución. Pero ya tienen moneda común, política unitaria de defensa, tratados de intercambio y desplazamiento de ciudadanos y un sinfín de envidiables logros.
Por eso tengo esperanzas en la naciente Unasur, porque ahí están los países que fracasaron en los intentos anteriores y por tanto no podrán cometer los mismos errores.
Y, además, porque reunidos en la capital de Brasil, todos sus integrantes coincidieron en reconocer el liderazgo de nuestra nación y nuestra Presidenta en el Continente, confiándonos la conducción de sus primeros pasos después de escuchar la contundencia del discurso americanista de nuestra Primera Mandataria.
He dicho.
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