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04 de junio de 2008

El Chelo se enamoró

Por Gabriel Morales Wilson

Ustedes saben que no pueden confiarme ningún secreto. Si me dicen alguno, ya saben que van a riesgos y peligros. Especialmente si me están sacando la cresta y media. Para que lo vamos a negar.

El Chelo Tapia cometió el error: "¡Me enamoré! Es una mujer de todo mi gusto, posee un encanto que ha transformado mi existencia de solterón, solamente acostumbrado a amores pasajeros, pero hoy me siento revivir..." Le pedí una fotografía porque quiero poner la imagen a una voz, la misma que he escuchado al otro extremo de la línea, cuando busco al Señor Miguel Tapia, en Quillota.

¿Será rubia? ¡Ojalá una morenita!, digo mientras trato de adivinar esa voz inconfundible a las otras voces que responden al teléfono. "¿Usted busca señor Tapia, no es verdad?". Sí, es ella. La otra gentil telefonista siempre tiene que preguntarme: "¿Qué número pidió?" Normal, nadie entiende lo que digo. Pero en cambio, la voz que no siempre está al otro lado de la línea, es ella, inconfundible, la cual Chelo está enamorado y yo, por cierto, también.

Los chiquillos y chiquillas de porquería -esos que no han superado los treinta-, hacen gestos y muecas de desagrado cuando escuchan que fulana o fulanito, pasados los sesenta, se enamoran. Para ellos es imposible y de viejos cochinos eso de ponerse en yunta con la media naranja con la cual dar un jugo delicioso en sus últimas primaveras. Están convencidos que el amor es exclusivo a los jóvenes, los mismos que se creen los campeones del menequeteo y de las frases de amor, amén de los sentimientos respectivos.

Los viejos no tenemos derecho. Y punto.

Pero se equivocan.

Generalmente piensan así esos chiquillos nacidos viejos mental y espiritualmente. Porque hay viejos y viejos, viejas y viejas: viejos-niños, niños-viejos, niños toda una vida. Me catalogo en éste último. Pese a esa muchacha que en un museo me cobró la entrada en calidad de "senior" y a La Huasa como a una chiquilla de quince; precio diferente por cierto. Al menos tenemos algunas garantías gracias a las canas y una que otra arruga, apenas perceptibles. Desde ese día (¡Chiquilla de mierda!) me consideran legalmente viejo y si miro a una hermosa que merezca dar "¡Gracias a Dios!", como a un viejo verde y cochino.

No niego que La Huasa todavía conserva su belleza y yo de más en más feo. Antes, mi modestia me obligaba afeitarme con los ojos cerrados, a fin de no caer en un narcisismo obligado. Hoy, igualmente los cierro, para no asustarme.

Más Chelo sigue siendo un cabro con las ganas de seguir combatiendo, cuando otros ya han entregado las herramientas o las esperanzas, los sueños. Alguno de sus lectores lo describe como a un Quijote con su "zonaimpacto.cl". Tiene, por supuesto, razón. Ahora, luego de combatir a todos los molinos, este hidalgo de triste figura (porque nadie me discutirá que es más feo que yo), encontró a su Dulcinea y espero, que le dé la ternura a la cual tenemos derecho, indiscutiblemente, los machos ancianos.

El amor en la época de las canas

Los nuevos "machos" se golpean con una piedra en el pecho gracias a la famosa pildorita azul. Tanto las damas como los varones, luego del cambio producido por la menopausia y la androposia, han logrado superar los trastornos respectivos gracias a las hormonas. Actualmente, muchos logran prolongar el placer de amar a través de su sexualidad, pese a que ya son abuelos o bien en edad de serlo. Las damas en soportar unos cuántos años más a "su" hombre que todavía no han entendido que la sexualidad de la mujer es totalmente diferente, que a veces un gesto de ternura le es suficiente. ¿Cuántos orgasmos en una vida conyugal, estimada amiga? ¡No me lo digas: se lo diré a todo el mundo!

Ya saben que no puedo guardar secretos.

Debo confesar que sólo he utilizado una vez la pastillita famosa: tuve un dolor de cabeza caballuno y ná ni ná, me fui en un largo e injustificado discurso acerca que "por primera vez que me pasa, no logro entenderlo, que no es porque no sea hermosísima y sólo con veinticinco años y me dio temor de no cumplir como correspondía", etc., etc. La tradicional excusa y sin imaginación alguna. Me dije que quizás me hubiese resultado sin la traidora pastilla, que perdí la última ocasión y, la prueba es, desgraciadamente, que así fue con la niña que creyó que el "Hombre Que Camina Solo En El Desierto" sabía montar sin silla en una potranca de buena estirpe del Sahara.

Las "panas" enseñan a la humildad. No tanto por el aspecto sexual, no. Quienes hemos alcanzado el secreto bien guardado por las damas, bien sabemos que el acto sexual va más allá de una simple penetración: es un gesto de enorme ternura, en la cual realmente nos entregamos con el alma desnuda, en la cual vamos creando un instante mágico nuevo -nunca repetitivo-, descubriendo día a día esa belleza que ayer nada más no estaba allí, en su rostro, en su cuerpo, en su manera de no decir nada y con ello diciéndolo todo, en el beso que es un pálpito en tu labio, es un lenguaje que viene desde que el mundo es mundo, ese gesto que puede ser incluso de frotar nariz con nariz, como los "inuits" allá, en el país de las sombras largas.

Las "panas" te anuncian, simplemente, que ya es tiempo de crear nuevos cariños conyugales o de amantes, a las que la Naturaleza nos conduce, inventando nuevas caricias en la piel escrita por los jeroglíficos de la vivencia, asombrarse que ella nunca cambió físicamente, que es la misma de ayer nada más, tan linda y dulce (salvo con anda con los monos sueltos), porque digan lo que digan, nadie cambia, siempre seguiremos iguales, la misma que encontraste hace tantos años atrás, la misma que amaste como un loco y que hoy, la ves sentida en su sillón preferido leyendo y continua siendo la niña que un día iluminó y encendió tu alma y tu cuerpo.

Por eso no creo en subterfugios para entregarnos en los brazos de la amada. Nos estaríamos engañando, que invitamos un tercero en el lecho conyugal o de amantes, que es tan bien amarse como nos amamos, que nos sentimos todavía chiquillos enamorados, que mañana ella será más hermosa que ayer, que cuando parta a engañarla con La Que Me Espera, le pediré perdón de abandonarla, sin este amor de decenas, este amor que nació antes del Universo y que seguirá existiendo cuando le invente un nuevo universo para ella, porque está escrito, porque tiene que ser así y no de otra manera, que nos amaremos más allá del Infinito.

Siempre lo digo, respecto acerca de mi Huasa: "Nací para acompañarla, incluso más allá que yo mismo lo imaginaba. El resto, verdaderamente, no tuvo ni tiene importancia. La amé y fui amado. Eso me fue suficiente para justificar mi existencia"

Es lo que te deseo, Chelo, hermano querido, al lado de "la Voz" que supo responder a tu llamado.

Aclaración:

En mensaje enviado a Gabriel Morales el 20 de abril, no se habló de "estar enamorado", sino -textualmente- lo siguiente: "Al fin, no había escapatoria. Una hembra me atrapó chanchito... y ¡sucumbí...!" Su interpretación, entonces, es antojadiza... aunque no la descarto.

Miguel Tapia G.

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