El hoy senador Jorge Arancibia con su traje de Almirante, que vestía cuando negoció su cupo senatorial con la UDI. |
Miguel Tapia González
A nadie debió sorprenderle que el senador Jorge Arancibia apareciera defendiendo con pasión a los responsables del cruel homicidio y desaparición de los restos del sacerdote chileno británico Miguel Woodward.
La tenebrosa trayectoria política de este almirante que se coludió con la UDI cuando todavía era uniformado para desbarrancar a Sebastián Piñera del intento senatorial por la V Región Cordillera, está jalonada de hechos y dichos en el mismo sentido.
Más aún en los crímenes cometidos por los marinos, que la Armada de Chile negó con tanto énfasis por largos años y que aún ahora se niega a reconocer.
La carrera política de Arancibia tuvo ese sesgo irracional desde su gestación.
En abril de 2001 se sabía que Piñera sería el candidato favorito de la Alianza por la Circunscripción Costa de la V Región. La maquinaria que se puso en marcha para sacarlo de carrera fue fenomenal y no menos siniestra. Pocos sabían qué se manejaba la UDI bajo cuerda. Ingenuamente, el entonces diputado de esa colectividad Gonzalo Ibáñez pensaba que él sería el escogido. Pero no: a comienzos de junio ya estaba todo resuelto en favor de Arancibia, quien desde su puesto de Comandante en Jefe de la Armada sacaba cuentas alegres. Confiaba en que sería designado senador "institucional", y como se le pasó el tiempo, quería ir a una elección "democrática", pero sin competidor dentro de la Alianza.
Contraviniendo toda norma legal y ética que impide a los uniformados -más aún a los altos mandos- inmiscuirse en política, negoció con la UDI su cupo senatorial, conversaciones que tal vez hasta se realizaron en el gabinete de la Comandancia en Jefe de la marina.
Sus cuentas eran sencillas: la circunscripción está sobrepoblada de marinos en servicio activo y muchos más en retiro; todos con derecho a voto. Tendría un capital seguro... para empezar. Y para seguir, muchísimos recursos que le aportarían los empresarios pro UDI y sus propios compañeros de armas.
Fue el propio diputado Ibáñez quien soltó a la prensa que descartaba su opción senatorial porque el "almirante Arancibia" le ganó el quién vive y había negociado con su partido... vistiendo uniforme.
Se desató el escándalo. El 13 de junio, la cosa estaba que arde. Entonces Arancibia se justificó en público diciendo que terminaba su período en pocos meses más y nada le impediría ser candidato. Pero era demasiado evidente que había negociado mientras era Comandante en Jefe castrense y el propio Presidente Lagos se vio obligado a hacerlo dimitir. No le quedó otra cosa; a regañadientes abandonó el uniforme -en medio de un escándalo sin precedentes- y se lanzó a la carrera senatorial.
Nada le costó recorrer cerros y poblaciones de Valparaíso, Viña del Mar y San Antonio, porque contaba desde el comienzo (o sea, apenas salió de la Armada) con un equipo de seguidores y recursos ilimitados: vehículos, empleados, altoparlantes, escenarios móviles, regalos para niños y pobladores, propaganda de la mejor... en fin: todo.
Pero su inmoralidad como uniformado pasó a la historia e incluso la consigna la popular enciclopedia popular y digital Wikipedia, que la describe como sigue:
"Esta situación fue calificada de grave por algunos sectores, al tratarse de un miembro de las Fuerzas Armadas en servicio activo y que ejercía la comandancia de la institución, que se manifestaba claramente en favor de una preferencia política, cuando la ley chilena ordena a los miembros de los cuerpos armados ser ‘obedientes y no deliberantes' (artículo 101 de la constitución de Chile). Después de la repulsa pública por su accionar, por parte de los diputados y senadores de la coalición oficialista Concertación, y ante la expresa molestia del entonces presidente Ricardo Lagos, el almirante presentó su renuncia voluntaria..."
Por cierto, jamás dejó de ser consecuente. Aprobó las violaciones contra los derechos humanos e incluso se sabe que fue cómplice o encubridor en crímenes. Los defendió y ahora lo sigue haciendo, con una desfachatez a toda prueba.
Fred Bennets, en un reportaje publicado por la revista Punto Final, escribió:
"El entonces capitán (hoy senador y ex-comandante en jefe) Jorge Arancibia Reyes, admitió en una declaración judicial que el 17 de septiembre de 1973 vio en el molo de abrigo de Valparaíso una hilera de civiles muertos (se calcula que fueron unos 20), sin denunciar el hecho. Esos muertos no constan en ningún registro oficial". La información jamás fue desvirtuada por el siniestro ex almirante".
En 2004, luciendo ya tenida parlamentaria, justificó las torturas en dictadura, aunque reconoció que en democracia no eran necesarias.
Al conocerse los espantosos resultados de la investigación llevada adelante por la Comisión Valech, Arancibia "valoró" el informe, aunque consideró que es una visión "unilateral" de los hechos y que las violaciones a los derechos humanos no responden a una acción institucional de las Fuerzas Armadas y de Orden.
Así lo consignó el diario La Nación el 10 de noviembre de ese año, añadiendo que no tenía motivos "para hacer un reconocimiento ni para arrepentirse de su accionar, pues -según dijo- la tortura ‘obedece a una violencia desatada en una primera parte de un conflicto de gran virulencia' (...) ‘No puedo estar de acuerdo ahora (con la tortura) en un análisis frío de lo que ocurrió, pero creo que obedece a la naturaleza misma del conflicto en los términos, la magnitud y la dimensión que se dio', afirmó".
Fue en 2007, cuando el general Iturriaga Neumann escapaba de la justicia para no responder por su participación en crímenes de lesa humanidad, Arancibia Reyes se permitió defenderlo asegurando que el dictadura existía estado de derecho y ahora no. Y, peor que eso, comparó al criminal fugitivo que se declaró en situación de clandestinidad con la propia Presidenta de la República.
Entonces, defendiendo al condenado Iturriaga, sostuvo con el más absoluto descaro: "Cuando personajes destacadísimos de nuestra vida política pasaban a la clandestinidad porque cuestionaban que el Estado de Derecho del gobierno militar no les daba garantías, creo que hasta la Presidenta estuvo en eso. Entonces, cuando una persona estima que el Estado de Derecho que está imperando no le da garantías o no lo satisface, pasa a la clandestinidad como en el caso de Iturriaga. Como el lenguaje es importante se habla de fuga. Pasó a la clandestinidad como también pasó a la clandestinidad doña Michelle en su época".
El senador Arancibia ha reiterado a todo quien le escuche, que los delitos de violaciones contra los derechos humanos perpetrados al amparo de la dictadura -asesinatos, torturas y ultrajes sexuales- no deben ser castigados porque respondieron a la efervescencia de la época. Sangrienta efervescencia...
Es obvio que el ex almirante nada quiere saber de los convenios internacionales sobre trato a prisioneros, sobre torturas y crímenes de lesa humanidad.
En el caso específico de la participación de los marinos en estos crímenes, el inefable ex almirante no oculta su anhelo de borrón y cuenta nueva.
En todos los foros donde se le interroga sobre el tema, se arroga haber sido uno de los impulsores de la Mesa de Diálogo sobre derechos humanos. Pero silencia que promovió la iniciativa creyendo que se trataría de una instancia para cerrar casos sin resolver; que se recogerían antecedentes y se guardarían para siempre.
Así lo recuerdan Patricia, la hermana del asesinado padre Woodward y su marido, Fred Bennetts, en carta hecha pública del 7 de marzo de 2005:
"Mención especial merece el Senador Arancibia que en una entrevista con nosotros el 5 de diciembre de 2003 hizo referencia a su concepto de la Mesa de Dialogo, que él había promovido, como una ‘caja negra' en que los marinos podrían depositar sus confidencias, sabiendo que su identidad no sería revelada y que no serían inculpados. Nos expresó su decepción por el hecho de que el Tribunal Supremo insistió en que los responsables de tales delitos serían investigados".
Es más: en alguna ocasión, los Bennetts-Woodward le pidieron a Arancibia que en su calidad de Comandante en Jefe investigue en el seno de la Armada qué exactamente sucedió con el padre Miguel; cómo murió, dónde lo enterraron y quiénes.
Hay quienes sostienen que efectivamente el Almirante cumplió ordenando investigar. Pero de los resultados, nunca se supo.
Esta afirmación cobra sentido ahora, cuando la jueza Eliana Quezada dictó los procesamientos y dispuso la detención de seis ex marinos por su responsabilidad en el secuestro permanente y las torturas que llevaron a la muerte al padre Woodward.
Ya en agosto de 2001, Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), amparándose en informes de 1979, sostenía que el almirante Arancibia conocía antecedentes sobre detenidos desaparecidos.
Según "Primera Línea" del 24 de agosto de ese año, "el hermano del candidato a senador Jorge Arancibia, Fernando Arancibia, desempeñó el cargo de subdirector de la Central Nacional de Informaciones (CNI) y habría negado ante jueces de la época la existencia de prisioneros políticos".
"De acuerdo a la presidenta de la entidad, Viviana Díaz -señalaba PL-, consta que el ex coronel de Ejército, Fernando Arancibia, participó en el grupo operativo del Golpe de Estado y luego en la creación de la DINA. Además, fue Agregado Militar en Argentina en 1978 y regresó en 1979 para convertirse en el subdirector de la CNI".
La presidenta de la AFDD expresaba en esa época que "el almirante (r) Arancibia le mintió a todo el país al entregar esa información sobre el caso Cuesta Barriga, pues indudablemente que estaba enterado de la remoción de los restos de Fernando Ortiz, Fernando Navarro, Lincoyán Berríos, Héctor Veliz, Horacio Cepeda y Luis Lazo, disfrazando una operación destinada a hacer desaparecer por segunda vez a nuestros familiares y presentándola como una contribución para esclarecer lo sucedido".
Ahora, el senador almirante se permite intentar desmentir a una jueza que concluyó una investigación de dos décadas afirmando que todos los procesados por la jueza Eliana Quezada por el crimen de Woodward son inocentes. ¿Tiene antecedentes que la jueza desconoce? Si así fuera ¿por qué no los entregó cuando era jefe de la Armada y por tanto, como funcionario público, estaba obligado a hacerlo?
La Nación informó el 11 de mayo -hace algunos días- que "en una reciente carta suya, ampliamente difundida en los portales electrónicos nostálgicos del fascismo criollo como www.eldiezdeungranmes.blogspot.com, cuya colaboradora insigne es Bernardita Huerta, hija del ex canciller y almirante de Pinochet Ismael Huerta, Arancibia defendió la ‘inocencia' de los procesados y atacó la investigación de la magistrada Quezada, calificándola de una ‘oscuridad absoluta'. Sostiene el ex jefe de la Armada que visitó a los arrestados en el cuartel de la Infantería de Marina en Las Salinas, Viña del Mar, y comprobó que no tienen culpa alguna. Creyó todo lo que le contaron sin verificar nada. Y sobre esa base construyó su difundida defensa y ataque".
En la misma crónica, La Nación confronta las afirmaciones de Arancibia con las declaraciones judiciales de los propios inculpados, dejando en claro que en senador almirante sencillamente miente. ¿Con qué objetivo...?
Algunos pueden pensar que es lealtad o consecuencia. Puede ser.
Lo concreto es que a estas alturas podría ser perfectamente denunciado o procesado por encubrimiento o complicidad. Eso, si no fuera senador.
Entonces, uno tiene el perfecto derecho de sospechar de su voltereta monumental. Hace apenas un par de años, anunciaba a todos los vientos que estaba defraudado de la política y de su partido, la UDI. Ahora se aferra con dientes y uñas a su cargo senatorial, que le da inmunidad judicial: no puede ser procesado mientras ejerza ese cargo.
Su afán por seguir siendo senador a pesar de sus críticas a la política, resulta raro, inconsistente.
De lealtad partidaria no debiera hablar. Sólo baste recordar sus recriminaciones de antes y ahora (ante el peligro de Lavín como candidato en su Circunscripción). Y su intento por crear un partido político propio, según lo anunció en el sitio pinochetista www.despiertachile.cl, donde se informó que pretendía "la creación de un ‘Centro Social Valórico' comprometido e independiente" que permita a la derecha -específicamente a la UDI- "reforzar las bases del centro político con la incorporación de la DC, cuya doctrina se acerca más a los postulados de este centro que el de los partidos que integran la Concertación".
Debió aclarar que intentaba comprometer a todos los que en esa época integraban la UDI con una colectividad que sea tan leal como él a la dictadura y sus crímenes.
En todo caso, eso es lo que han hecho su antecesor Martínez Busch y el ex contralmirante Guillermo Baltra con el también tenebroso movimiento MUNA.
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