Por René Dintrans
De: Política Cono Sur
La destitución de Yasna Provoste, es mucho más que una manifestación del poder de la derecha para destituir a un ministro del Estado de Chile, es inequívocamente la demostración empírica de cómo se podría destituir a la propia Presidenta de la República.
Este hecho, está íntimamente ligado con la aparente trivial e insensata contraorden que dio el Tribunal Constitucional (TC) a otra mujer, a la ministra de Salud, de no proveer gratuitamente de un medicamento llamado postinor o levenorgestrel a la población de bajos recursos y necesitada de ello.
Es así como se han conjugado estos actos políticos para advertirnos que por los mismos o equivalentes cargos se podría acusar a Bachelet en el Congreso y el TC podría fallar de la misma forma en que lo ha hecho en este apronte.
Estos señores tendrán las mismas o equivalentes razones para votar de la misma o equivalente "en conciencia" forma en que ya lo hicieron.
La situación habría sido peor para el gobierno si accediendo a la presión, hubiera sacado del cargo a la Provoste es cierto.
Esta decisión le ha permitido un plus, ha mostrado con claridad, el desencadenamiento del instinto clasista y misógino de la Derecha que terminó en el festín -la destitución- desacreditándose inevitablemente ante la opinión pública, que siguió con perplejo interés el ensañamiento mostrado al patear públicamente a una mujer en el suelo.
Otra utilidad marginal para el gobierno, es la que obligó a los senadores que se habían dado vuelta la chaqueta, a sacarse el antifaz.
Ellos de ningún modo debieron haber sido denominados díscolos en su momento, puesto que ese concepto, está reservado para los que disienten en su grupo o partido por razones de principios, y éstos demostraron que fue su codicia política y su ego, lo que los llevó a optar por hacer causa común con sus antiguos adversarios.
No estoy afirmando que sean traidores, puesto que el traidor es un personaje verdaderamente miserable, pero es un personaje al fin; estos ya no son personajes, son unos zombies, que permanecerán en la política hasta cuando expire el plazo del ejercicio de sus cargos.
No es posible modernizar el Estado si es que antes no se define mediante un plebiscito una Carta Fundamental aceptada por la ciudadanía.
La modernización debe partir por definir la participación del pueblo en su destino; el país es de todos y las decisiones fundamentales no debieran seguir ejerciéndose por un parlamento en permanente pugna, cuyos acuerdos dependen de los pactos circunstanciales en que se transan proyectos a espaldas de los electores que los eligieron.
Es absolutamente necesario que un importante sector que actualmente tiene minoría, refleje esa minoría en el parlamento y no que esté excluido de voz y voto como es el caso.
El segundo tiempo del partido de fútbol, cuyas reglas del juego no son reglamentarias de acuerdo a la FIFA, aún no ha terminado, es cierto.
A la Presidenta no le quedan muchas opciones. Su gran mérito para alcanzar una victoria reside, en mi opinión, en la revisión de esas reglas espurias.
Es el momento propicio para liderar a su conglomerado político hacia la convocatoria de un plebiscito, con el fin de desterrar o confirmar mediante la mayoría popular, el sistema electoral injusto y antidemocrático en que se generan los cargos en el parlamento actualmente.
El pueblo está con ella.
Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso