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25 de marzo de 2008
La Tour Eiffel, en ParísParís, capital de una República en apuros.

Elecciones francesas: votar para seguir perdiendo

Por Luis Espinoza, especial para ZonaImpacto.cl
Paris, marzo de 2008.

Comentaristas nacionales o extranjeros, politólogos, periodistas y otros analistas, coinciden que el triunfo de los candidatos del Partido Socialista Francés (PS) en la última elección destinada a renovar las 36 mil y tantas comunas y una centena de departamentos, se debe principalmente al descontento contra Nicolás Sarkozy, actual ocupante del Palacio Eliseo y algunas de sus reformas, o bien, el incumplimiento a sus promesas anunciadas en su calidad de candidato a la Presidencia de la República.

Mientras los Socialistas acusan a la derecha de "ir en mal camino y que deben cambiar en sus reformas", la derecha de la Unión del Movimiento Popular (UMP) afirma que el descontento popular consiste "porque éstas no van suficientemente rápido".

Según la opinión de los franceses, tanto el uno como el otro se equivocan. Al conversar con los parisinos o provincianos y cualquier extranjero que pare la oreja sin parcialidad, constatará que si bien es cierto Sarkozy y su gobierno no están a la altura de la tacha que el pueblo le ha encomendado, no es menos cierto que el Partido Socialista tampoco tiene un proyecto que represente una alternativa creíble para sacar a la Francia de la gravísima situación económica, social y tecnológica, entre otras.

Escogidos para que nada cambie

La izquierda alcanzó los objetivos que se había propuesto para las elecciones municipales y cantorales; es decir, quitarle al menos 30 ciudades con más de 30 mil habitantes y nueve con más de 100 mil. Conjuntamente, el PS ganó números de consejos departamentales, controlando actualmente 60 de una totalidad de 101.

Los triunfadores señalan que crearán un poder paralelo "a fin de defender a los franceses, contra la política de Sarkozy: aumentar el poder adquisitivo de los habitantes, construir viviendas sociales, guarderías infantiles, ocuparse de los ancianos" y la lista de nuevas promesas es larga.

El problema es que la Francia no solo vive más arriba de los medios económicos que posee, sino que además está cargada de una deuda externa gigantesca que se cifra en "billones" y miles de millones de euros; por otro lado, los alcaldes y consejeros municipales, sean de un lado o del otro, también han endeudado sus comunas, lo que les impedirá cumplir con las nuevas promesas, incluso algunas declaradas realmente en quiebra.

Nicolás Sarkozy prometió de ser el "Presidente que aumentará el Poder Adquisitivo", "el Presidente de los Derechos Humanos", "el que irá al crecimiento donde se encuentre", "el que transformará la Francia en el país del siglo XXI," aumentando de paso por lo menos en 25 por ciento de las pensiones de los jubilados (apenas llegó a un y tanto por ciento).

En cuanto el poder adquisitivo de los franceses, en lugar de subir, ha bajado y de qué manera. La inflación de algunos productos de primera necesidad ha subidlo entre 30 y 40 por ciento, sin olvidar la bencina o el petróleo para vehículos y calefacción. Los arriendos suben mes a mes y es prácticamente imposible conseguir un techo con un salario de obrero o de la clase media; los salarios están congelados hace más de siete años, los impuestos suben en materia de salud, habitaciones, televisión...

Sakorzy se justifica anunciando que el país no tiene reservas económicas: "No hay plata".

Francia es uno de los países que tiene mayor cantidad de impuestos por cabeza de habitante. Francia es el país que dilapida -sin un verdadero control- los ingreses que percibe el país. Una burocracia que la Derecha quiere reducir pero afectando no donde debiera ser, sino que el futuro de las nuevas generaciones; es decir, la educación y la formación profesional, la salud, la investigación científica y tecnológica, los servicios públicos necesarios para el país.

El objetivo del actual gobierno -ya nadie lo duda entre los franceses-, consiste en desmantelar lo que pertenece al Estado. Que cambie de manos: de empresas estatales al bolsillo financiero de los grandes patrones franco-europeos asociados a otras grandes fortunas internacionales. Así la lista de empresas estratégicas con enormes beneficios económicos fueron enajenadas en manos de grupos "amigos" del actual Presidente de la República Francesa y, por qué negarlo, también del Partido Socialista.

La "Casta Política francesa", de izquierda o derecha, formados por el mismo molde, el liberalismo, no sólo no sabe cómo sacar al país de la situación actual, tampoco cómo salvar las "joyas de la familia", realizar una política inteligente y de redistribución de la escasa riqueza nacional con lo poco que resta, recrear nuevas tecnologías y así crear riquezas, educar, formar.

"Desgraciadamente, seamos francos, la Francia no posee los hombres políticos -de izquierda o derecha-, a la altura del desafío", nos afirman.

La Revolución Francesa

"¡Esto terminará mal!", exclaman los ancianos que conocieron guerras, hambrunas, crisis y la mal llamada Revolución de Mayo.

La desilusión producida por gobiernos anteriores o el actual, desconcertados al constatar que no hay un "piloto que maneje el avión", que la clase política se ocupa de su "carrera política" más que los intereses de los ciudadanos, de meter "la mano" en los fondos públicos y detonarlos sea en su propio beneficio o de sus amigos, produce un divorcio casi definitivo entre el pueblo y sus representantes.

Día a día el descontento aumenta, sin saber a qué santo encomendarse a fin de sacarlos de la quiebra individual y colectiva, mientras observan que el Presidente Sarkozy se aumenta el salario en más de cien por ciento, se paga vacaciones de nuevo rico; los patrones franceses muestran con insolencia que jamás habían ganado el tonto billete, en cambio los salarios en Francia están entre los más bajos en Europa, no así la producción de los trabajadores, que ha aumentado doblemente. Menos paga, más trabajo. Y con el moño agachado.

Los trabajadores franceses no creen en los sindicatos (hoy se sospecha que sus dirigentes eran pagados por los patrones...); no existe unidad laboral, predomina el individualismo: cada uno se rasca con sus propias uñas. El que puede afectar su colega lo hace sin asco y hasta con placer, el estrés se transforma en una patología que toca a todos los sectores laborales, obreros, profesionales y empleados; los suicidios aumentan en las industrias. Nadie, nadie, es capaz de solucionar el problema tanto económico como social.

Por otro lado, los grandes grupos económicos y financieros controlan además los medios de comunicación, la prensa escrita, radios y televisión. En Francia no existe un periodismo -también- a la altura del desafío de la correcta y libre expresión periodística. De haber buenos periodistas, seguramente existen... pero no se ven.

El periodismo francés es más anecdótico que informativo, el de opinión es extremadamente limitado, los profesionales de la prensa o son de una mediocridad que da pena o bien, tienen miedo de decir lo que sucede en el país. Los lectores están cansados de ser manipulados, de ser engañados y escuchar desde la aurora hasta la medianoche: "¡Por el momento estamos mejor que cualquier otro país europeo, somos los mejores...!" Es como el chiste famoso ese, cuando un tipo que va cayendo desde el quince avo piso y dice la misma frase: "¡Hasta aquí, todo va bien...!"

Los ciudadanos no son imbéciles. Están conscientes de que la situación no puede continuar así. El actual gobierno puede tratar de hacer creer a la ciudadanía que logrará resolver los problemas de la Francia, más ya no nadie cree. Ni ellos mismos, los diputados, senadores y ministros de Sarkozy. Los del Partido Socialista dan gracias a Dios de no haber ganado las últimas elecciones presidenciales, porque tampoco tenían o tienen soluciones.

El pueblo francés, como es su costumbre cuando nadie se ocupa de sus problemas, que dejaron de escucharlo y reclamar, tal como dicen los "ancianos": "¡Esto se terminará mal!"

Y luego comienzan a acumular comida para esconderla en sus despensas por si... ¡Uno nunca sabe!

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