210
11 de enero de 2008
Jaime AldoneyJaime Aldoney, víctima de la crueldad de los marinos de la Base Aeronaval de El Belloto en 1973.

Fallo con mínimas condenas contra los asesinos de Jaime Aldoney dan cuenta de la extrema crueldad de los marinos

M. Tapia G.

Durante décadas, la Armada de Chile se desentendió de las acusaciones por violaciones contra los derechos humanos en durante la dictadura. Muchos de sus más altos oficiales negaron sistemáticamente que gente de sus filas haya participado en acciones de represión, torturas y crímenes a pesar de la enorme cantidad de testimonios que demostraban lo contrario.

Los sucesivos comandantes en jefe -incluido el actual senador UDI Jorge Arancibia, acérrimo pinochetista y melancólico de la dictadura- se resistieron siempre a reconocer que lugares como la Base Aeronaval de El Belloto, el denominado "Fuerte Riesco" de Colliguay (Quilpue), el Fuerte Silva Palma de Valparaíso o la Isla Quiriquina fueron centros de tortura administrados por ellos. Mucho menos aceptaban que en los días posteriores al golpe de 1973, convirtieron al buque escuela Esmeralda -la "dama blanca" de la marina- en un atroz lugar de detención y tormentos, por donde pasaron cientos de adversarios del golpìsmo.

Pero los porfiados hechos terminaron por imponerse.

La justicia ha terminado por investigar, establecer la efectividad de todas las violaciones contra los derechos humanos denunciadas y tanto tiempo negadas, en que participaron efectivos de la Armada.

En nota aparte, se informa sobre el caso del sacerdote Miguel Woodward, asesinado a bordo de la Esmeralda.

Por fin, una sentencia

Los casos más emblemáticos de crímenes perpetrados por agentes de la dictadura en la V Región ha tardado demasiado tiempo en ser investigados y arribar a sentencias contra los responsables.

Entre ellos, están los casos del padre Woodward y de la Masacre de Quillota, ocurrida en enero de 1974 con saldo de nueve dirigentes de izquierda asesinados. En ambos casos, los hechos están plenamente establecidos e identificados sus responsables. Pero por razones incomprensibles para el común de los mortales, la sentencia final se sigue postergando.

Sin embargo, en los últimos días se dio a conocer el fallo dictado por el ministro de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, Julio Miranda Lillo, sobre la detención, secuestro, asesinato y desaparición de Jaime Aldoney Vargas, hermano de quien fue intendente de Valparaíso durante la Administración Lagos, el ingeniero mecánico Gabriel Aldoney.

Jaime era militante socialista y en tal carácter, fue elegido regidor en Limache en 1971. El Gobierno del Presidente Allende lo nombró, además, interventor de la Planta Limache de la Compañía de Cervecerías Unidas, CCU.

Era constructor civil, ejercía como periodista en el desaparecido diario La Unión y a la vez estudiaba Periodismo en la entonces sede Valparaíso de la Universidad de Chile.

El 12 de septiembre de 1973, personal de la Armada lo detuvo en su oficina de la CCU y lo llevó a la Comisaría de Carabineros de Limache, donde fue severamente castigado. Después lo trasladaron a la entonces Base Aeronaval de El Belloto (Quilpue), donde fue sometido a atroces torturas que, sumadas a su asma bronquial crónica, le causaron la muerte. Su cuerpo, junto al del también regidor y socialista limachino Oscar Farías, igualmente asesinado en El Belloto, fue subido a una avioneta y lanzado al mar.

Todo esto se hizo evidente desde el mismo año 1973. Pero la Armada siempre lo negó. Un tío del entonces regidor y periodista, Guillermo Aldoney ocupaba un alto cargo en la misma Armada. A él, el entonces comandante de la Base Aeronaval, Ernesto Leonardo Hüber (llegó a ser contralmirante), le informó por esos días que Aldoney se había fugado del centro de torturas, a pesar que debió saber perfectamente que sus subalternos lo asesinaron, porque necesariamente tuvo que autorizar la salida del avión en que se llevaron los restos de Aldoney y Farías para hacerlos desaparecer en el Océano.

Condenas y absoluciones

En el fallo de 49 páginas, el ministro Miranda Lillo -que fue por largos años juez en Quillota- dictó suaves condenas para seis de los el marinos procesados, después de haber establecido fehacientemente no sólo su responsabilidad como autores y cómplices del crimen, sino que todos mintieron ante las instancias judiciales al negar categóricamente su participación en los hechos.

Contra los acusados capitanes de navío Patricio Maximiliano Horacio Valentín Villalobos Lobos, Pedro Pablo Arancibia Solar, Jaime Miguel Urdangarín Romero y Germán Patricio Valdivia Kéller, se dictó condena "como autores del delito de secuestro con grave daño en la persona de Jaime Aldoney Vargas, a las penas de cuatro años de presidio menor en su grado máximo, a las accesorias de inhabilitación absoluta perpetua para derechos políticos y la inhabilitación absoluta para cargos y oficios públicos durante el tiempo de la condena y al pago de las costas de la causa".

Prosiugue el fallo: "Que, se condena a Guillermo Ignacio Vidal Hurtado y Sergio Iván Mendoza Rojas (capitán de navío en retiro) como encubridores del delito de secuestro con grave daño en la persona de Jaime Aldoney Vargas a la pena de 320 días de presidio menor en su grado mínimo, al primero de ellos y de 75 días de presidio menor en su grado mínimo al segundo, a las accesorias de suspensión de cargo u oficio público durante el tiempo de la condena y a las costas de la causa. La pena de Mendoza se tendrán por cumplida con el tiempo que estuvo privado de libertad en la causa entre el 11 de junio al 25 de agosto del año 2003".

"Que, se absuelve a Ernesto Leonardo Hüber Von Appen (contralmirante en retiro) y a Manuel Alejandro Buch López (ex cabo de la Armada) de la acusación judicial de fojas 1.714 como autores del delito de secuestro calificado en la persona de Jaime Aldoney Vargas".

Por cierto, resulta del todo incomprensible las bajas penas para un crimen tan atroz, y que los dos últimos hayan sido absueltos a pesar de tantas evidencias que llevaron a la anterior instructora del caso, ministra Gabriela Corti, a someterlos a proceso en virtud de los abundantes antecedentes que fluían en su contra.

Evidencias de un asesinato cruel

La investigación judicial se inició recién el 20 de julio de 1990, según se lee a fojas 98, a raíz de una denuncia por presunta desgracia interpuesta en el Juzgado del Crimen de Limache por la familia de Jaime Aldoney.

En más de dos mil fojas, las indagaciones de la ministra Corti, primero, y luego del juez Miranda, establecieron que el regidor y periodista Jaime Aldoney Vargas "fue detenido el día 12 de septiembre de 1973, alrededor de las 16 horas, por personal de la Armada Nacional y conducido a la Comisaría de Carabineros de esta localidad (Limache) donde permaneció hasta altas horas de la noche junto con otros detenidos que se encontraban en dicho recinto".

"Posteriormente, y en compañía de quienes compartían su detención, fue trasladado a bordo de un camión hasta la Base Aeronaval con asiento en la comuna de El Belloto, lugar donde fue golpeado y torturado, afectándose con ello gravemente su estado de salud, según lo manifestarían testigos que estuvieron también detenidos en dicho recinto naval".

Declaraciones de Gabriel Aldoney, consignadas al comienzo de las indagaciones, señalan "que Jaime habría permanecido en dependencias de la Base hasta por lo menos el 13 de septiembre de 1973, fecha desde la cual se pierde su rastro desconociéndose su paradero. Por último, manifiesta que, a principios de octubre del mismo año, María Isabel Bazignan Miranda, cónyuge del ofendido, se entrevistó con el Comandante Hüber consultándole por la situación de Jaime, expresando dicho Oficial que su cónyuge había sido detenido por error y que fue dejado en libertad el 13 de septiembre de 1973, exhibiéndole al efecto un documento que consignaba su identificación y la circunstancia de haber sido liberado en dicha oportunidad. No obstante lo anterior y a pesar de múltiples gestiones realizadas sobre el punto, no se han obtenido mayores antecedentes que permitan establecer el paradero de la víctima".

Testimonios dan cuenta de la crueldad

Muchísimos fueron los testigos que declararon durante la investigación; la mayoría, personas que estuvieron también detenidas en la Base de la Armada en El Belloto.

Uno de ellos, Oscar Enrique Villanueva González, relató que el mismo 12 de septiembre fue también detenido por personal de Infantería de Marina junto a otros dirigentes sindicales de la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU). Agrega que el personal uniformado allanó la empresa, deteniendo a sus trabajadores para llevarlos a la Comisaría de Carabineros local.

"Cerca de las 21 o 22 horas del mismo, los sacan de la unidad policial y, luego de hacinarlos, los trasladan en camionetas, aparentemente particulares, hasta el cementerio comunal (de Limache) donde, luego de ser bajados, los interrogaron acerca de las ‘armas' poniéndolos a continuación en fila para hacerles simulacros de fusilamiento. Posteriormente, son conducidos a la Base Aeronaval de El Belloto, ya en dicho recinto los hacen descender para tenderlos, a algunos de ellos, en la losa de la misma, mientras que otro grupo fue llevado a otro lugar para ser sometidos a torturas".

Al amanecer del día siguiente -prosigue el testimonio- , "son llevados a unos cerros aledaños donde, luego de ser desnudados, son mojados y luego de ponerles unos sacos en sus cabezas fueron golpeados".

"De retorno en la Base -prosigue el relato judicial- ve de cerca a Jaime Aldoney a quien lo notó agónico por su inmovilidad y forma de mirar, quiso asistirlo para llevarlo a la enfermería pero no pudo hacerlo pues tenía su hombro dislocado siendo transportado por otros. Mas tarde consultó por su situación siendo informado por conscriptos que ‘se fue', queriendo decir que había muerto. Concluye expresando que, atendido el delicado estado de salud que presentaba Jaime Aldoney, con sus ojos vidriosos y sin pestañeo, pudo haber fallecido en la referida Base Aeronaval, ignorando donde habría sido sepultado".

Más detalles escalofriantes

Más adelante, el fallo consigna declaraciones de José Agustín Cabezas, también trabajador de la CCU, detenido por Carabineros el 19 de septiembre de 1973, quien permaneció recluido en diversos recintos. "No obstante no haber compartido detención con Jaime Aldoney, supo de ella por compañeros de trabajo enterándose además que éste había muerto en la Base Aeronaval de El Belloto, según versión entregada por marinos que habrían señalado ‘se nos fue el asmático' refiriéndose de esta forma a Jaime Aldoney".

Víctor Eduardo Cortés Gálvez era dirigente del MOPARE -organización de transportistas- y fue detenido el mismo 12 de septiembre de 1973 por Carabineros.

En horas de esa noche, junto con otros detenidos, fueron son sacados de la Comisaría de Limache "para ser conducidos, hacinados a bordo de camionetas, a la Base Aeronaval de El Belloto. En dicho lugar observa que entre los detenidos estaba Jaime Aldoney, de quien era amigo, vecino y con vínculo laboral pues hacía fletes a la CCU; añade que en la madrugada del 12 al 13 de septiembre de 1973 fueron torturados y objeto de simulacros de fusilamiento y, como consecuencia de los apremios físicos, unido al asma que afectaba a Jaime, su salud se resintió agravándose mientras estuvo en la losa agonizando, condición que se manifestaba por su poco movimiento, pedía agua la que era negada o se le tiraba a los costados, siendo objeto de burlas cuando señalaba ser pariente del entonces Comandante Aldoney".

Por su parte, Pedro Hugo Arellano Carvajal, detenido el 11 de septiembre después de recibir un impacto de bala en una de sus piernas, relata que "en circunstancias que conduciendo el automóvil de Jaime Aldoney iba en busca de ayuda pues estaban bombardeando la radio de su padre". Se trataba de Radio Victoria de Limache, actual Radio Latina; entonces, como ahora, de propiedad del periodista socialista Hugo Arellano Herrera.

"Encontrándose herido -sigue el relato de Arellano- fue auxiliado por una persona de apellido Reyes quien lo traslada al Hospital de Limache, siendo conducido luego a la Base Aeronaval de El Belloto, fue dejado en la losa de la misma donde se encontró con varios conocidos, que estaban detenidos, entre ellos Jaime Aldoney de quien era muy amigo".

Prosigue el resumen de la declaración de Pedro Arellano: "En dicho recinto militar los detenidos, alternadamente, eran llevados a un pozo de agua donde se les sumergía, luego eran sacados del mismo y golpeados con unos ‘tontos de goma'. Como consecuencia de dichos apremios, Jaime estaba muy mal, en un momento no presentaba reacción encontrándose casi moribundo, incluso -por estar el deponente cerca de las radios de control- escuchaba que llamaban dando cuenta que ‘se les había ido el prisionero', no cabiéndole duda que se referían a Jaime Aldoney pues se encontraba agónico. Acto seguido, presencia que suben a éste a un vehículo y pierde todo rastro de su persona, no viéndolo mas. Asegura, finalmente, que Jaime Aldoney dejó de existir en la Base Aeronaval atendida las precarias condiciones de salud en las que se encontraba, ignorando el destino de sus restos".

Un hermano del testigo anterior -también hijo del dueño de Radio Victoria-, Héctor Arellano Carvajal, declaró que el entonces teniente de la Armada Pedro Pablo Arancibia Solar "lo torturó directamente, principalmente en el Sanatorio de Olmué, apremios que consistieron en encerrarlo en ‘la chanchera', semidesnudo, sin probar alimento alguno, jugaba a la denominada ruleta rusa con él, consistente en colocar un arma de fuego apuntando a su sien o la frente y luego gatillarla, recordando por último y en medio de una sesión de torturas en el Sanatorio ya mencionado, que Arancibia le decía,-refiriéndose al Interventor de Parma Sr. Farías-, que ‘lo había arreglado', ‘lo mismo que a Aldoney'".

Por su parte, Waldo Mario Ortega Muñoz, también detenido con Aldoney, señala que en la Base "él era un especie de jefe de los detenidos, por ello nunca fue objeto de apremios ilegítimos, lo que no ocurrió con el resto de sus compañeros, quienes estaban tendidos en la cancha de aterrizaje del recinto, boca abajo, con las manos en la cabeza y eran torturados frecuentemente trotando sobre sus cuerpos".

"Igual situación es la que le habría ocurrido a Jaime Aldoney, pues estaba en muy malas condiciones físicas, padecía diabetes y asma, no habría soportado los suplicios a que fue sometido, entre sollozos e incoherencias pedía agua, los torturadores le abrían la boca y botaban el líquido a un costado de forma que no la recibiera. Por tal razón, en ciertos momentos lo observó agónico. No cree que haya sido llevado a la enfermería u Hospital alguno, presumiendo que pudo haber perdido la vida al interior de la misma Base"

Hay muchos otros testimonios; cada uno, añade más detalles escalofriantes del trato cruel e inhumano recibido por Jaime Aldoney y los demás detenidos por parte de los Marinos en la Base de El Belloto. Todos declararon desconocer el destino de los restos del entonces regidor socialista, estudiante de Periodismo e interventor de la CCU.

También un ex marino

Pero también hay confesiones de un ex marino, que entonces prestaba servicios en el Policlínico de la misma Base Aeronaval, quien declaró como "testigo con identidad reservada", quien entregó detalles consignados en el resumen del fallo de la siguiente manera:

"Expresa que entrando en servicio de guardia el día 12 o 13 de septiembre de 1973, ve llegar una camioneta conducida por el cabo Leopoldo Luccardi Leiva, acompañado por los tenientes Jaime Urdangarín y Pedro Arancibia Solar, de cara colorada, trasladando a dos detenidos de sexo masculino en la parte de atrás del vehículo, la cual ingreso a la Base en dirección a la Comandancia de Aviación Naval, regresando dicho vehículo al poco pero ya desocupada. Refiere además que, luego de reprocharle la demora en regresar a la Base ese día, Luccardi le expresa ‘estos del SIN (Servicio de Inteligencia Naval) me tuvieron toda la mañana en Limache deteniendo a unos ejecutivos de la CCU'. Añade que, luego de terminada su guardia, permaneció en el recinto de la Base para pernoctar en el Policlínico y en horas de la madrugada, después de las 24 horas en todo caso, llega el Teniente Urdangarín, acompañado cabos de la Armada, y le ordena que se levante y lo acompañe a unas oficinas que habían en la Comandancia de Aviación Naval, donde se me hizo jurar que nada diría de lo que viere luego".

"Al ingresar a una de las oficinas observó a dos varones, uno tendido en el suelo y otro sobre un escritorio, ambos totalmente mojados, dándole la impresión que habían sido limpiados por haber sido arrastrados a dicho lugar pues presentaban diversos rasmillones en sus cuerpos, no obstante estar vestidos. Luego el Teniente Urdangarín le ordena que los examine constatando que ambos no tenían signos vitales, frente a lo cual Urdangarín me dice ‘asegúrese', para lo cual utilizó un alfiler que encontró en dicha oficina y dio un pinchazo en los testículos de cada uno de los cuerpos, diciéndole a éste ‘ambos están muertos', frente a lo cual el Teniente Urdangarín, al poco rato, le pide que se retire del lugar".

"Es del caso cuando iba de regreso al Policlínico observó de lejos que la misma camioneta que había transportado a los dos varones detenidos se colocó a un costado de un avión que estaba en una pista secundaria, advirtiendo que suben a ella dos bultos y luego ve despegar dicho avión, el cual regresó a la Base después de una hora. Expresa por último que uno de los cuerpos que reviso podría ser el de Jaime Aldoney Vargas dadas las características físicas del mismo y la fotografía que se le exhibió al ser entrevistado policialmente".

Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso