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11 de enero de 2008
Chelo

Masacre en Quillota

Autoentrevista prescindible.
Por Chelo

Tanto tiempo sin conversar en la intimidad de tu solitario hogar... Debes tener cientos de temas pendientes que querrás comentar conmigo.

Pero me extraña percibir tu falta de entusiasmo. Y te han pasado cosas en este tiempo, ¡qué duda cabe!

¿No quieres "confesarte" en esta columna tan tuya?

- Quiero. Pero es que estas fechas me ponen triste.

¿Año Nuevo? ¿La pasada Navidad? ¿Qué?

- Más que eso. Es que hay fechas que a uno lo acongojan.

¿A pesar de tener trabajo nuevo?

- Eso me tiene más relajado. Tuve la suerte de que me contrataran para hacerme cargo de la Unidad de Comunicaciones del Hospital San Martín de Quillota. Y estoy más quieto, confiando en que el futuro inmediato será mejor.

Entonces ¿qué te abruma?

- Es el pasado, cosas terribles que uno no debe olvidar pero que igual te agobian.

Masacre vil

Ya sé: cosas que pasaron después del golpe de 1973...

- Cierto. Es que este 18 de enero se cumplen 34 años desde el episodio que yo denomino "Masacre de Quillota", cuando los militares asesinaron a nueve compañeros, varios de ellos eran mis amigos.

¿Cuando asesinaron al ex alcalde Pablo Gac?

- Justamente me precio de haber sido amigo del alcalde Gac; era un gran tipo. Sano de mente, cuerpo y espíritu, un tremendo deportista, honesto y trabajador; fiel y activo militante del Partido Socialista.

¿Cómo fue?

- En este mismo espacio hemos informado muchas veces sobre este caso, que es el más terrible y tenebroso que se haya registrado en Quillota, donde después hubo otras muertes, pero ninguna tan vil como esta.

¿Cómo empieza todo?

- Creo que todo empezó cuando Pinochet premió a uno de los integrantes de la fatídica "Caravana de la Muerte", esa cruel comitiva que recorrió Chile en un helicóptero Puma bajo el mando del general Arellano Stark.

¿Qué tiene que ver con Quillota?

- El segundo jefe de la Caravana era el entonces teniente coronel Sergio Arredondo González, quien cuando terminó su cometido de exterminio en el norte del país, fue designado por Pinochet como Director de la Escuela de Caballería de Quillota.

A varios los premiaron con destinaciones y asensos...

- En este caso, Arredondo vino a imponer su ley de exterminio en nuestro Quillota querido; hizo detener -aunque algunos estaban detenidos- a destacados militantes de izquierda, siguiendo el mismo estilo que en el norte y en el sur. A ocho los llevaron al Regimiento y de ahí, supuestamente a la Escuela de Caballería. En el trayecto, los hicieron bajar de los vehículos y los ametrallaron a sangre fría. Después quemaron un jeep y dijeron que la patrulla había sido víctima de un asalto por parte de extremistas.

Eso no lo creyó nadie...

- Hubo gente que sí creyó, porque estaba hipnotizada por los militares que habían "derrotado el marxismo". Pero bastaba pensar un poquitito para darse cuenta de la burda mentira.

¿Cómo así?

- Era imposible un asalto de "extremistas" ahí, porque el camino a la Escuela de Caballería, en San Isidro, estaba extraordinariamente resguardados, con puestos de vigías cada cincuenta metros. Además, era impensable que murieran todos los prisioneros y los militares salvaron todos ilesos... excepto el teniente que estaba al mando de la patrulla, Francisco Pérez, que apareció con una pequeña venda en una mano... ¡Para la risa...!

Civiles impunes

Pero tú no te reíste...

- ¡Claro que no! Si entre los detenidos iba mi amigo, el alcalde Gac; el abogado Rubén Cabezas, a quien conocía mucho, y otros dirigentes a quienes también conocía como Manuel Hurtado y Eduardo Manzano.

Pero dices que trasladaban a ocho y murieron nueve...

- Es que al dirigente campesino Levi Arraño ya lo tenían en la Escuela de Caballería.

¿Cómo lo hizo el coronel Arredondo para escoger a sus víctimas?

- Lo cierto es que se hizo "asesorar" por un grupo de civiles, empresarios y agricultores de derecha, a quienes invitó a comer para que le dieran nombres.

¿Conoces a alguno?

- Al menos a dos, pero no tengo la certeza absoluta. Uno de ellos tenía su parcela frente al lugar donde fue la matanza. Hay quienes aseguran que después de las ráfagas se fue a tomar un trago con los asesinos, entre medio de los cadáveres...

¿No han sido procesados esos civiles?

- En el proceso -algunas de cuyas piezas tengo en mi poder- aparecen testimonios de varios de ellos, pero no reconocen participación alguna. El mismo agricultor de quien te hablo incluso aporta antecedentes, pero no reconoce su apoyo para la masacre.

O sea, están pasando piolas...

- Están quedando en la impunidad... pero confío en que sus conciencias no pueden estar tranquilas.

Extrema crueldad

¿Hay detenidos por este caso?

- Hay unos doce ex uniformados en calidad de inculpados, partiendo por el propio Arredondo González, el coronel Ángel Torres, que era jefe de la Guarnición y comandante del Regimiento de Ingenieros; el entonces teniente Francisco Pérez, varios oficiales y suboficiales en retiro y hasta un ex sargento de Carabineros que ofició como chofer y soplón.

Me parece terrible la forma cómo los mataron...

- Hay detalles escalofriantes en el proceso, que dan cuenta de una crueldad extrema.

¿Por ejemplo?

- Los militares reconocen que los mataron pasado el Paso bajo Nivel del Camino a San Isidro y que después de asesinarlos, subieron los cadáveres a unos vehículos -probablemente al menos uno era de un civil, los demás eran jeeps- y los devolvieron al Regimiento. Ahí se dieron cuenta que uno estaba vivo...

¿Le dieron el tiro de gracia?

- Tuvieron la "delicadeza" de no hacerlo ahí. Lo subieron a un jeep y lo llevaron al lugar de la masacre. Ahí lo dieron de baja.

¿Qué hicieron con los cadáveres?

- Los llevaron a la morgue de Quillota a todos, menos a Gac y Cabezas. En la morgue, los metieron a unos ataúdes y después de sellarlos los entregaron a sus familiares.

¿Les hicieron autopsia?

- Sí; las hizo el doctor Jorge Abde, ya fallecido. Él estableció que los balearon por la espalda... pero recién años después esos informes llegaron al tribunal.

¿Qué hicieron con los cuerpos de Gac y Cabezas?

- Los llevaron a la Escuela de Caballería, donde los esperaba un helicóptero que había pedido el coronel Arredondo; los echaron arriba junto al cuerpo de Arraño, que lo habían matado en la Escuela, y los fueron a botar al mar, frente a Quintero.

¿Cómo justificaron su desaparición?

- Dijeron que ambos escaparon. Incluso meses después hicieron correr el rumor de que los habían visto en Europa... fue todo demasiado cruel...

Inexplicable tardanza

¿Qué pasa con ese proceso?

- Se cerró el sumario, hubo acusaciones, pasó la etapa probatoria y ahora solamente se espera la sentencia.

¿Por qué demora tanto?

- Nadie se lo explica. El juez Julio Miranda está ahora a cargo del proceso; tiene todos los antecedentes para fallar y no lo hace. Tengo la impresión que los abogados de las partes querellantes han estado muy pasivos.

Pero la sentencia debiera salir igual...

- La sentencia tendrá que venir. Capaz que ahora, al cumplirse 34 años de la cruel Masacre de Quillota, salga por fin.

¿Y los procesados?

- Están todos libres. Estuvieron detenidos por un plazo corto y después les fueron dando la libertad uno por uno.

O sea, a 34 años, no hay nadie preso...

- Nadie, excepto Arredondo, que debe estar detenido en alguna unidad militar como procesado en el caso Caravana de la Muerte, en el que el general Arellano Stark le echó toda la culpa de los crímenes cometidos en el norte.

De todas maneras, no entiendo que te afecte tanto recordar este episodio tan tenebroso...

- Me afecta no sólo porque murieron amigos míos. No puedo olvidar que pocos días después me pescaron a mí y me mantuvieron secuestrado en el Regimiento de Ingenieros, donde entenderás que no me trataron nada bien.

A ver, cuenta eso.

- No: es demasiado doloroso para mí. Tal vez otro día...

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