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19 de octubre de 2007
Chelo

La prepotencia de los patrones

Autoentrevista prescindible
Por Chelo

La vez anterior, cuando nos sentamos a conversar, te veías relajado; tal vez por la proximidad del “18”. Peor ahora te noto molesto. Adivinas mi pregunta, así es que no te la hago y espero respuesta.

- Es que me indigna la prepotencia de los patrones. Los empresarios chilenos quieren tener al país postrado a sus pies y a los trabajadores genuflexos, trabajando para ellos, resignados, sin chistar.

No te conocía esa bronca hacia los que dicen dar trabajo a los chilenos…

- ¡Ellos no “dan” trabajo! Tiene personal para que les produzca y les permitan seguir enriqueciéndose. Pero el país tiene todo el derecho –y nuestra sociedad, el deber- de exigir mayor equidad, reducir algo la tremenda desigualdad que hay entre patrón y empleado.

¿A qué viene todo esto?

- A que los grandes empresarios se juntan para ofender al Gobierno porque pretende mejorar la legislación laboral; es decir, afianzar los derechos de los trabajadores.

Ellos dijeron que el Gobierno es populista…

- Los grandes empresarios reunidos en la Sofofa acusaron al Gobierno de “desborde de autoridad presidencial” y de “populismo”.

¿Fue una declaración pública?

- Fue en una reunión de la Sofofa… pero filtraron el acta para que todo Chile se entere de lo que piensan.

¿De dónde nació esto?

- De la discusión que se está dando en torno a la equidad, uno de cuyos pilares fundamentales –para en algo reducir la enorme brecha existente entre ricos y pobres- es mejorar las condiciones laborales.

¿Y eso les molestó tanto? Es un tema que se supone se debe tratar en todos los países…

- A ellos les molesta más porque se acostumbraron a la legislación hecha para ellos por Pinochet y que los anteriores gobiernos de la Concertación apenas han maquillado un poquito.

La extorsión de los patrones

Entonces, hay un tema de fondo y es que hasta ahora nadie quiere tocar los intereses de la clase empresarial.

- Eso es así. Y estos sujetos saltan cuando están ganando más plata en toda la historia de Chile. Los bancos, las transnacionales, las cadenas de lo que ahora denominan “retail”, las grandes farmacias, las industrias, las generadoras, las empresas de comunicaciones… ¡Todas ganan dinero a manos llenas! Mientras el pueblo sigue sumido en un estado de postración enorme y los trabajadores seguimos ganando salarios de hambre.

¿Por qué?

- Primero, porque los trabajadores no hemos sido capaces de organizarnos. Los empresarios tienen estructuras gremiales en las que están todos; ninguno se queda afuera, y los trabajadores apenas el siete por ciento está sindicalizado y ni siquiera el diez por ciento negocia colectivamente.

¿Es culpa de los gobiernos no haber modificado la legislación?

- Tal vez les ha faltado audacia, pero el tema de fondo es que han sido víctima de una extorsión perversa y se inhiben de generar proyectos de ley con cambios de fondo.

¿Extorsión?

- Extorsión o chantaje, que consiste en vociferar a los cuatro vientos que si les tocan la milésima parte de sus groseras ganancias de hoy, van a echar gente y la cesantía se va a disparar.

Y los gobiernos de la Concertación le temen a eso, claro…

- Efectivamente, porque ya cuando se aprobó la Reforma Laboral de Lagos –que fue harto insuficiente-, soy testigo que muchas asociaciones gremiales de empresarios le ordenaron a sus afiliados “ajustar sus plantas”, que en buen chileno era echar gente a la calle y quedarse con el mínimo personal para seguir operando. Y así se hizo, y la cesantía se disparó. El Gobierno se preocupó, pero quienes pagaron el pato fueron los trabajadores.

Otra arremetida más

Pero desde entonces ha habido varias reformas laborales…

- Claro, y frente a cada una, los empresarios han redoblado sus amenazas. Se han hecho reformas que prácticamente no tocan sus intereses. Pero su voracidad es insaciable; quieren ganar más, y más, y más… Y estrujar, estrujar y estrujar a los trabajadores en beneficio propio.

Entremedio estuvo la ley de subcontratación.

- La ley de subcontratación buscaba al menos limitar la proliferación de empresas menores, de papel, que hacen los grandes empresarios para que parezca que no tienen tantos trabajadores como los que realmente ocupan. Una empresa como Falabella, por ejemplo, tiene hartas empresas chicas de su misma propiedad, pero con razón social distinta.

¿Para qué?

- Primero, no aparece la empresa principal pagando bajos salarios; les traspasan los recursos de mano de obra a las menores o contratistas y son éstos quienes aparecen pagando remuneraciones miserables, o con pura gente a porcentaje y salarios bese inferiores al mínimo, aplicando horarios excesivos y extenuantes.

¡Harto cruel me parece, poh!

- Harto cruel es, pero con empresitas contratistas también evitar la creación de sindicatos, porque tienen agentes que avisar el menor intento de organizarse y los echan a todos o al menos a los cabecillas. Con esa moral trabajan.

Esta vez ¿hay algún proyecto concreto que los hizo enojarse tanto?

- Es que el ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, ha planteado reiteradamente modificar la legislación para favorecer la sindicalización, ampliar la capacidad de los trabajadores de negociar y restringir en algo la irritante capacidad actual de los empresarios de ejercer prácticas antisindicales, impidiendo la formación de nuevos sindicatos o haciendo extinguirse a los existentes. Ellos califican esto como una nueva arremetida de la Concertación contra sus intereses y, por supuesto, advierten que si se aprueba algo así, va a crecer la cesantía hasta niveles catastróficos. Ahí se terminaría todo; habría que clausurar el país, incendiarlo, apagar la luz e irse.

Intereses en juego

Pero ellos tienen quién les defienda sus intereses en el Congreso…

- Es cierto. La derecha es muy leal y consecuente en eso. Aparte de discursos populistas como los de Longueira y, ahora, de Allamand, que son de la boca hacia fuera, el resto de la derecha está absolutamente alineada con los empresarios.

¿Mantienen lealtad por intereses?

- Los parlamentarios de derecha siempre han defendido al empresariado porque reciben apoyo de ese sector o porque forman parte de él.

Eso significa que iniciativas como las del ministro Andrade –que seguramente son también de la Presidenta Bachelet- nunca van a pasar…

- Pueden pasar, pero muy disminuidas, atenuadas hasta convertirse en sólo maquillaje, como ha pasado con otros proyectos.

Igual a igual

Entonces, ¿qué se hace?

- Pienso que los trabajadores no deben bajar la guardia; tienen que seguir exigiendo sus derechos.

¿Qué habría que hacer, según tú, para mejorar la situación de los trabajadores? ¿Aumentar el salario mínimo? ¿Imponer el “sueldo ético”?

- Pudiera ser algo de eso, pero ahora no se podría. Hicieron gran faramalla en el Congreso para reajustar este año el salario mínimo en una miseria. No hay que olvidar que la UDI incluso es partidaria que no exista salario mínimo y que los patrones paguen lo que quieran, dejándolo todo a la ley de oferta y demanda.

No veo salida…

- El tema es que no se trata sólo de salario, sino también de condiciones de trabajo, de ver cómo los trabajadores compartimos las ganancias excesivas o cómo impedimos que hagan quebrar las empresas por mala gestión.

Deduzco que todo pasa por fortalecer la capacidad de formar sindicatos.

- Por supuesto que ese es un gran camino.

Pero los empresarios lo rechazan.

- Cierto, pero es que están muy equivocados. Un sindicato no significa sólo que los trabajadores organizados lucharán juntos para obtener mejor trato laboral. También estarán organizados para defender a la empresa. ¡Ningún sindicato pondría en riesgo la viabilidad y continuidad de su fuente laboral! Un sindicato también vela por el trabajo responsable, que cada uno cumpla con su deber para que a la empresa le vaya bien y entonces poder exigir mejoras salariales y de condiciones laborales.

Pero eso se ve muy lejano; los empresarios son fundamentalistas en esto, fanáticos del antisindicalismo a ultranza.

- Entonces, de debiera legislar para ampliar la capacidad negociadora de los trabajadores, aún sin sindicato.

¿Cómo?

- Que cinco o más trabajadores se puedan juntar a negociar condiciones de trabajo aunque no tengan sindicato.

Los empresarios harían lo que quisieran con ellos…

- Es que hasta ahora no se ha aplicado en el trato laboral colectivo una premisa elemental en toda negociación: que las partes tienen que dialogar de igual a igual. No puede un trabajador negociar con su empleador con la amenaza latente de ser despedido.

Pero si la cosa es desigual; el empleador tiene la plata…

- No es desigual, porque en una empresa productiva hay dos elementos fundamentales: capital y trabajo. El capital no crece si no le adicionas trabajo y éste no tiene sentido sin capital. Los dos componentes son igualitarios, porque uno no puede ser ni crecer sin el otro.

¿Pasará algo con todo esto?

- Pasará, para beneficio de Chile. pero siempre y cuando la clase empresarial comprenda que forma parte de una gran sociedad que es el país, y no que son una casta distinta, de intocables y prepotentes a los que no se le puede tocar ni un milésimo de sus enormes fortunas.

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