Lavín, el primer bacheletista-aliancista; Longueira, el segundo. |
El caos político y moral es ya una característica irremontable en la derecha chilena.
Pero el ex candidato presidencial de la UDI, Joaquín Lavín, profundizó el desbarajuste hasta niveles insospechados cuando se declaró “bacheletista-aliancista” y llamó a su sector a colaborar con el actual Gobierno para que termine exitosamente y saque adelante todos sus proyectos.
Todo comenzó cuando Lavín fue convocado por la Presidenta Bachelet para integrar la llamada Comisión de Equidad, que presidida por el economista Patricio Meller agrupa a profesionales de todos el espectro político –incluyendo por cierto a gente de derecha- para estudiar iniciativas que ayuden a reducir la pobreza, la injusticia social y la escandalosa mala distribución de la riqueza.
Lavín aceptó encantado. Es más: se tomó su nueva función con tanto entusiasmo que no sólo ha presentado numerosas propuestas, con sólidos fundamentos, sino incluso viajó a la India para traer antecedentes sobre el exitoso “banco de los pobres” que opera desde Bombai.
De esta forma, ha estado colaborando con una iniciativa del Gobierno del que se le presume ferviente opositor. Y así, se convenció de que la Presidenta Bachelet es una mandataria bien inspirada, que trabaja duro por lograr lo mejor para el país.
Seguramente con la venia de su comité creativo y después de estudiarlo mucho, lanzó su idea. Seguramente en ella hay un minucioso cálculo de sus efectos políticos y de los resultados que pueda tener para su popularidad. Pero lanzó su idea respondiendo con mucha naturalidad en una entrevista televisiva: “Yo me declaro bacheletista-aliancista”, dijo muy suelto de cuerpo.
Y se desató el terremoto grado 10 en la ya destartalada Alianza por Chile. Cundió el desconcierto con voces que sin entender del todo los alcances de esa definición, primero la aceptaron irreflexivamente y luego la atacaron con alevosía y desesperación. Voces como la de los senadores UDI Evelyn Matthei y Jovino Novoa y del inefable diputado Iván Moreira se tornaron virulentas. En el fondo, expresaron que si se está en la derecha hay que hacer oposición al Gobierno, negarle “la sal y el agua”, atacarlo despiadadamente. No se permite grado alguno de flexibilidad.
Por cierto, desde Renovación Nacional (RN) también surgieron los ataques contra la mansedumbre lavinista, ya que sus principales personajes –como el presidente Carlos Larraín y el senador Sergio Romero- asumieron con pasión la tesis del “desalojo de la Concertación”, formulada por Andrés Allamand en un libro. Nótese que, según el diccionario, “desalojar” es “Sacar o hacer salir de un lugar a alguien o algo”. O sea, sacar a la Concertación del Gobierno recurriendo a cualquier medio, sin descartar la fuerza.
Lavín profundizó el caos en la derecha. Pero cuando todos pensaban que su calificación de bacheletista-aliancista era una peregrina y solitaria idea, apareció el ex presidenciable de la UDI, Pablo Longueira, denominándose como “el segundo” bacheletista-aliancista. Y el senador Longueira ha sido calificado como un “duro” de la UDI en la oposición al Gobierno.
Pero él despliega esfuerzos por erigirse como “hombre de Estado”. No hay que olvidar que lideró al menos dos salvavidas a la Concertación. Uno fue cuando impulsó una ley de urgencia para salvar a la Democracia Cristiana que había cometido un error administrativo al inscribir sus candidatos parlamentarios, pudiéndose quedar sin ningún postulante al Congreso. Y lo que muchos no le perdonan, es el acuerdo al que llegó con el entonces ministro del Interior, José Miguel Insulza, pasa sacar una ley que permitió superar en gran medida el escándalo de los sobresueldos que se descubrió durante el gobierno de Ricardo Lagos.
Ahora, Longueira nuevamente surge como personaje político más allá del bien y del mal manifestando su apoyo a la Mandataria, llamando a apoyar las iniciativas del Gobierno del que se suponía un fanático opositor, al declararse como segundo miembro de la cofradía de Lavín.
La desesperación de la derecha siguió en aumento cuando se sumaron a la “sociedad” bacheletista-aliancista los alcaldes de Recoleta, Gonzalo Cornejo y de estación Central, Gustavo Hasbún, ambos de la UDI.
Hasta ahora, ningún militante de RN se ha sumado a la cofradía bacheletista-aliancista. Al contrario: sus “duros”, encabezados por el resucitado senador Andrés Allamand, hablan de una “conspiración” de Lavín contra la candidatura presidencial del multimillonario empresario Sebastián Piñera manipulada desde la Concertación.
La tesis es que oscuros personajes del oficialismo convencieron a Lavín para que se preste como instrumento “unificador” para desbarrancar a Piñera por considerarlo que está demasiado bien situado en las encuestas.
Se trata, por cierto, de una tesis sin fundamento alguno, principalmente porque Lavín puede tener todos los defectos del mundo, pero en ningún caso se prestaría para operar como instrumento para desordenar y desunir aún más a la derecha.
La polémica declaración de Lavín sorprendió a Piñera en París. A su regreso, se precipitó a rechazar la tesis del bacheletismo-aliancista declarando que “nuestro objetivo no es cogobernar con la actual Concertación agotada, ni mucho menos contentarnos con seguir viendo cómo se marca el paso. Nuestro objetivo es ganar las próximas elecciones presidenciales”.
Días después, en Valparaíso –donde se las dio de baterista con una juvenil banda que se presentaba en el Congreso- el millonario Piñera volvió a la carga, sosteniendo que “no se debe confundir un espíritu constructivo con una actitud bacheletista”. Y profundizó: “Los códigos de la política antigua y nueva son hablar en forma clara y precisa. Nosotros no aspiramos a cogobernar con un cuarto Gobierno de la Concertación que está agotado (…) Lavín en esta oportunidad ha cometido un error que está generando confusión y la mejor prueba de ese error es que lo aplauden del lado de la Concertación, porque les es útil a sus propósitos”.
La exasperación del piñerismo se justifica plenamente pues nadie duda que después de declararse bacheletista-aliancista, Lavín volverá a aparecer en las encuestas con un promisorio futuro político.
Es que en su nueva faceta, el ex alcalde de Las Condes y Santiago aparece como un político conciliador, bien intencionado, colaboracionista, que rompe las fronteras gobierno- oposición por el bien de Chile. E indudablemente, eso le gusta a la gente, lo que se demostrará –sí o sí- en las encuestas políticas venideras.
Y si bien Piñera está posicionado en las encuestas como presidenciable, todos saben que su posición es extremadamente vulnerable porque tiene demasiados flancos débiles, como su extrema riqueza lograda mediante gigantescas especulaciones de dinero e inversiones; que es dueño de la principal compañía aérea chilena, casi monopólica; de un canal de televisión desde donde puede manipular información y que ha utilizado información privilegiada para enriquecerse aún más, no sólo como directivo de la compañía LAN sino también desde el Senado, cuando ejerció como parlamentario.
Entonces, es claro que si Lavín se levanta en las encuestas, será a costas de la popularidad del empresario- candidato.
Pero ¿tendrá Lavín en mente ser nuevamente candidato presidencial? Se ha sabido que la UDI le ha ofrecido una postulación al Senado, posiblemente en el cargo que dejará el almirante- senador UDI Jorge Arancibia en la Quinta Región Costa.
Sin embargo, hay otras teorías que dan mucho que pensar.
En los precisos momentos en que Lavín declaraba su decisión de “romper las fronteras” entre la Concertación y la Alianza derechista, en el Servicio Electoral se inscribía el movimiento Chile Primero como nuevo partido político.
En este último acto, coincidentemente, el ex diputado y millonario abogado ex PPD Jorge Schaulsohn declaraba que Chile Primero aglutinaría a gente tradicionalmente de izquierda y derecha. Y el senador también ex PPD Fernando Flores, líder máximo del naciente partido, aseguraba que su propósito era llevar un candidato presidencial. Se le preguntó si el postulante sería él, lo que negó categóricamente.
La conjetura es que Chile Primero quiere aglutinar gente que actualmente está en la Concertación y en la derecha; Lavín quiere romper las fonteras entre la Concertación y en la derecha. Chile Primero va a llevar un candidato presidencial que actualmente podría estar en la Concertación o en la derecha. ¿Será Lavín…?
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