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19 de octubre de 2007
Antonio LlidóAntonio Llidó, sacerdote detenido desaparecido.
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Antonio Llidó: "Un compromiso ejemplar con el pueblo chileno"

Por Jacobo Rivero
De: Diagonal

Mario Amorós, gran conocedor de la historia reciente de Chile, ha profundizado en la vida del cura valenciano Antonio Llidó, único sacerdote detenido desaparecido tras el golpe de Pinochet.

Antonio Llidó nació en Xabia, Valencia, y llegó en misión pastoral a Chile en 1969 siendo destinado a Quillota, donde se hizo cargo de la Capilla Medalla Milagrosa, en la población O’Higgins.

Desde allí desarrolló una intensa labor pastoral y social, que luego lo llevó a involucrarse en la actividad política. Fue cercano al Partido Socialista y al MIR. Fue detenido en Santiago en octubre de 19074, torturado, asesinado y hecho desaparecer por agentes de la dictadura.

Mario Amorós acaba de editar el libro “Antonio Llidó, un cura revolucionario”, producto de su arduo trabajo académico de investigación sobre la vida del sacerdote y la realidad chilena de esa época.

A continuación, la entrevista que el sitio electrónico español “Diagonal” le realizó al historiador y periodista Mario Amorós:

¿Cómo llegaste a la persona de Antonio Llidó?

- En 1998 conozco a la hermana de Antonio, que me muestra la correspondencia, llevaba entonces dos años estudiando sobre Chile con la idea de hacer la tesis doctoral, al descubrir las cartas me quede conmovido por su testimonio. Revelan el compromiso de un modesto cura valenciano con el proceso de construcción del socialismo que encabezó Allende, con un partido revolucionario como el MIR y su papel como fundador de un movimiento que fue muy importante en Chile como era Cristianos por el Socialismo.

“Con el tiempo pensé que sería interesante escribir esta historia para la memoria de Chile sobre un periodo que despertó el interés en todo el mundo, y desde una perspectiva a veces olvidada: desde abajo”.

Hay un recorrido que empieza en las parroquias de Alicante, luego en Ferrol y después en Chile...

- Es una evolución, su trabajo en Chile no se puede comprender sin su experiencia previa, primero su trabajo pedagógico cerca de Alcoy, allí toma contacto con estudiantes que pertenecen a organizaciones de izquierda, algunos al PCE; luego en Ferrol, donde marcha castigado a hacer la mili por el obispo de Valencia, se aproxima a los quintos, a los reclutas, y toma contacto con estudiantes gallegos y vascos, también de la resistencia antifascista. Luego ya en su viaje a Chile ayuda a unos guerrilleros ecuatorianos, que le hablan de la revolución cubana, pero en Chile es el choque con la pobreza de las poblaciones, la desigualdad, la injusticia y la miseria.

“Él, párroco en Quillota, cerca de Valparaíso, se va implicando socialmente hasta que pide el voto para Allende en las elecciones de 1970 y posteriormente, en el ‘71, cuando el MIR se organiza en la provincia de Valparaíso, cuando Llidó ya tenía una visión pesimista de la vía chilena al socialismo, pasa a ser uno de sus dirigentes. No hay duda de que su viaje a Chile le hace ir formando una conciencia de que las cosas tienen que cambiar, y que la alternativa tiene que producirse a través de una lucha revolucionaria. Desde el principio lo manifiesta: para cambiar Chile y Latinoamérica lo que hace falta es una revolución”.

¿Cuál es su influencia?

- Existe un gran recuerdo, tanto de sus amigos de Valencia como sus compañeros en Chile. Allí es importante su compromiso con las luchas del pueblo, con su apoyo a la reforma agraria, a los obreros de las industrias en Quillota, también a los pobladores y la gente pobre, forma una comunidad cristiana de base.

“Tras el golpe de Pinochet, el MIR levanta la consigna de ‘el MIR no se asila’, prohibiendo a sus militantes refugiarse en otros países, pero recomienda a sus militantes extranjeros que salgan. Antonio decide quedarse. En sus cartas a amigos y familiares, les dice que no pude dejar sólo al pueblo en un momento como ése.

“Un importante miembro del MIR en Valparaíso me contó que incluso la dirección propuso a Antonio salir a Europa para hacer trabajo político en torno a la solidaridad; Antonio, con lágrimas en los ojos, rechazó esa oferta pidiendo que nunca más le propusieran salir. Luego tuvo otras oportunidades y siempre se negó a marcharse.

“Los que más tarde le conocieron en los centros de tortura de la DINA hablan de un compromiso ejemplar: era el que animaba en momentos muy duros, llamaba a la resistencia y la esperanza. Es una persona cuyos compañeros han mantenido su memoria durante más de 30 años, espero que el libro sirva para dar a conocer su compromiso y su ejemplo humano”.

¿Cómo fue viviendo la familia el golpe y la falta de información?

- Con mucha angustia porque ellos, después del golpe de Estado, reciben algunas cartas cada vez mas espaciadas; saben que Antonio está clandestino y por la prensa internacional saben de la terrible represión. En octubre del ‘74 reciben una carta de un compañero de Antonio que les comunica que ha desaparecido. Entonces empiezan un año de gestiones hasta que en el ‘75 se dan cuenta de que ha sido asesinado, porque el obispo de Valparaíso, uno de los que mas apoyó a Pinochet y que en un principio les confirmó su detención dice que ya no sabe nada de él, ahí es cuando sospechan de su muerte.

“Pero, hasta el día de hoy, siguen luchando por saber su paradero. En el ‘92, en la ‘transición chilena’, inician una querella por su desaparición y ahora la cúpula de la DINA está procesada, aunque el proceso está estancado. Ya hay dos sentencias por la desaparición de dos militantes del MIR. Es probable que algún día los responsables de la detención, tortura y asesinato de Antonio tengan que presentarse ante la justicia y sean condenados”.

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