Pilar Sordo. |
Por Andre Jouffe
De: El Periodista
La autora del libro “Viva la diferencia”, convertida hoy en súper estrella continental de las conferencias, explica por qué las mujeres sufren de tanta soledad, se refiere al erotismo juvenil y reflexiona sobre la relación de pareja en Chile.
La situación más graciosa que recuerda ocurrió durante su viaje de estudios a Río de Janeiro, cuando cursaba tercero medio. En una tienda con sus compañeras piropearon a un varón, gritándole: ¡Mijito rico! Al salir, él les grita: “¡Nos vemos en Chile!” Era un alumno de los Sagrados Corazones de Manquehue. “¡Qué plancha!”, evoca esta sicóloga treintañera convertida en un fenómeno, que casi con espíritu bolivariano ha invadido todo el continente con su libro “Viva la diferencia”, iniciativa que la tiene con una agenda tan copada que si no fuera por “Santa Adriana”, como llama a quien administra sus actividades, no daría abasto.
Un día puede estar en Guatemala, al otro en Concepción, y luego en su chalet bucólico en El Belloto, a quince minutos de Viña del Mar.
Es baja, rellenita, explosiva, habla como metralleta en frente de batalla, es simpática pero rotunda y, mirándola detenidamente, uno podría confundirla con una cantante lírica.
Se viste regio y adecuadamente para su figura y en materia de chispa, el pimpón del diálogo no sabe de pausas.
Ahora está a punto de lanzar con Alejandro González Legrand, que cumplió 60 años el 28 de julio, un nuevo libro: “Con el Coco en el diván”. “Me da mucha risa el Coco por la forma cómo me enfrenta, se siente en desventaja. En general, funciono con el humor, siempre me están pasando cosas entre irónicas y de doble lectura. Yo me río mucho a lo largo del día”, dice.
Madre de dos hijos adolescentes, uno de 16 y una de trece, lleva separada 12 años.
Vemos en su blog todas las conferencias, giras y actividades que realiza y no podemos dejar de pensar a qué hora está con la familia…
“Ahora, por ejemplo, viajé con mi pareja a Guatemala donde combinamos pega y turismo. Atiendo todos los viernes en Santiago y el resto de la semana en Viña del Mar, a no mediar conferencias en regiones o fuera del país. Cuando estoy en la capital, vivo donde mis padres, y mi casa está en El Belloto, cerca de Quilpué. Los niños van a clases en Viña”.
- Con frecuencia los llevo a regiones a cambio de que obtengan buenas notas y si visualizo que les puede servir el tema. Es cierto que ahora hay una diversificación mayor con lo que hacía, pero siempre he estado en lo mismo, es divertido. No me estreso, pues lo he compaginado con descanso, además digito mucho lo que hago. Claro que a veces me agoto, pero haciendo una buena agenda, y ahí Santa Adriana hace una labor estupenda, tengo montones de espacios para los míos.
Pilar es temucana de nacimiento. Sus padres se mudaron a Viña cuando tenía 15 años y la de tallas que quizás debió soportar por el apellido, es algo imaginable.
“Viva la diferencia” fue su primer libro y un éxito total. El segundo, el co-escrito con Coco, está programado para mediados de agosto.
¿Cree que “Viva la diferencia” hubiera pegado en Europa?
- Tuve que validar la investigación con mujeres musulmanas en Alemania y Francia, y la verdad que en términos conceptuales no hubo diferencia entre lo que planteaba yo y lo que decían ellas. Lo que sí cambia es la forma de vivir las diferencias de género; son iguales de retentivas allá como acá, pero por ejemplo somos más intensas en retener. El pensamiento mágico está en las mujeres musulmanas igual como lo tengo yo, sólo que lo expresan diferente, o sea, traspasa el tema cultural.
La estitiquez –una de las tantas formas de retención aludidas en su libro- ¿no será consecuencia de la forma de comer de la mujer, no siempre sentada, picotea más que el hombre? Porque a menudo cocina…
- Es un tema de hábito, porque el baño es un lugar donde nosotras no estamos mucho tiempo y como no estamos mucho tiempo, no permitimos que del flujo digestivo salga todo lo que tiene que salir.
El nuevo libro se ha atrasado varios meses, ¿hay diferencias entre los autores?
- No, bajo ningún motivo. Si se ha atrasado es porque somos súper perfeccionistas. Teníamos el texto listo y corregimos y agregamos detallitos, por eso no salió antes.
¿Es “Con el Coco en el diván”, un poco como el de Marco Antonio de la Parra con el Cote Evans?
- Sí, pero no está concentrado en la vida sexual. En este libro es como si yo agarrara los textos del Coco Legrand y les tratara de dar un significado de porqué el Coco ve a Chile a su manera. Es un libro profundo, pero con humor y una buena escuela para padres.
“Mientras más hablamos más la cagamos”, es una frase suya ¿sigue vigente?
- Absolutamente. Las mujeres tendemos a hablar más de lo que hacemos y nos quita credibilidad y consistencia en nuestros mismos actos, ni siquiera ante los otros. Digo que estoy a dieta el lunes y el miércoles estoy comiendo chocolates.
¿Por qué cuando un hombre se mete con una lola es criticado y cuando una mujer mayor se mete con un varón joven no es tan mal visto?
- Socialmente, no es tan así. De acuerdo a datos que tengo de las investigaciones, hay en las mujeres un doble discurso hacia quien sale con un hombre más joven. Le dicen a su amiga: “Ay, que entretenido que debe ser, tan durito”, conforme, pero en el discurso interno va otra corriente: “pucha, que se está desubicando esta galla”. En esa pareja, el drama de la mujer mayor va por otro lado que los términos sociales. Está fundamentalmente la inseguridad que experimenta la mujer mayor con respecto a que el hombre se va a ir con una más joven, al de la vejez que se va notando más con el paso de los años. De manera que ella, sin darse cuenta, va retrayéndose cada vez más. Ojo, el tema del envejecimiento de la mujer en Chile es digno de investigación.
¿Por qué el chileno tiende a querer ser otro? Se ponen guiones a los apellidos, le agregan “de” o lo juntan como los Viera-Gallo (que reconocen que reunir los dos apellidos fue una avivada de su abuelo)
- En este país particularmente, esto pasa por un tema interno. Somos una nación pobre interiormente, somos pobres valórica y espiritualmente. Somos poco consistentes.
“Una sociedad híbrida que no tiene identidad propia y que de alguna manera, le cuesta definirse con cosas concretas, como el quiénes somos, tiende a desarrollar una afición al copiar mucho, y generalmente copiamos lo malo, lo cual provoca que nos vayamos contaminando, porque sobre todo en las generaciones jóvenes, nos falta pasión para poder definirnos y decir ‘esto somos y en esto no transamos’ o ‘estos son los sueños que vamos a perseguir’. En estos momentos, somos una sociedad que no sueña cosas y que simplemente vive y entiende la calidad de vida, en términos de consumir. Esto va generando la necesidad de mirar para el lado: el auto del lado, la casa del lado, el matrimonio de al lado, por tanto lo ajeno adquiere más valor, porque mi mundo es malo. Todo el conjunto, enciende temáticas como la farándula, porque en una mesa es mucho más fácil hablar de otros que hablar de nosotros”.
Leemos que las mujeres se apropian de todo y lo reflejan al decir “mi casa”, “mi baño” y no usan el “nuestro”.
- Es el tema de sentirnos indispensables, que si no estamos ahí, las cosas no configuran realidad; si yo no estoy, nadie va a hacer nada; si no alego en el tema de pareja, tampoco avanzaríamos en la relación. Esto hace que la mujer se posesione más de las cosas a través del lenguaje: “mi casa”, “mis hijos”, “mi baño”. Son formas lingüísticas para expresar que soy indispensable en este espacio. Necesitamos sentirnos como tales.
¿Qué ha pasado con el poder regulador del hombre en la vida sexual de la pareja y del mito de la exclusividad del orgasmo vaginal?
- El hombre regula la vida sexual, pero sí hay un cambio en la reivindicación del placer en la mujer. Ellas tienen cada vez más conciencia, en todos los niveles socioeconómicos, de su posibilidad de tener orgasmos de clítoris y no necesariamente vaginales. Lo que sí se mantiene por igual, es la dificultad para hablar del tema. Se vive pero no se habla en las parejas, especialmente en los niveles socioeconómicos más bajos. De todos modos, es un tema que complica abordarlo. Hay una forma que indica que debemos preparar la conversación, lo ensayamos en nuestras cabezas y eso habla de que el tema cuesta en todas las edades y condiciones sociales. Además, hay exceso de información, pero mala, falta orientación. Esto pasa más por un proceso afectivo que gimnástico. Los adolescentes están asesinando el erotismo por la forma en que visualizan la sexualidad. Se pierde el misterio de la sensualidad en una sociedad súper erotizada. Antes, un hombre se alucinaba con el talón de una mujer. Tanto glúteo y pechuga libre ha ido liquidando la sensación de búsqueda, de conquista. Es todo tan evidente, que pierde la gracia.
Pilar Sordo opina que “a raíz de tanto hombre que se ha ido retrayendo y otros que se han atrevido a salir del closet, ha confluido en que la oferta femenina no puede estar más barata”.
¿Hasta qué extremos es capaz de llegar la mujer, de mentirse a sí misma, de inventarse situaciones, con tal de acceder a un hombre?
- Hay un informe del Ministerio de Salud que informa: “un 40 por ciento de las mujeres expresan estar oprimidas en su entorno”. Esto habla de una sociedad bien enferma, pero habría que analizar los factores que llevan a esta opresión. A menudo somos nosotras las culpables de crear ese entorno.
También han aflorado en forma más abierta las relaciones entre mujeres…
- La homosexualidad femenina no creo que caiga en una categoría de homosexualidad real. El porcentaje de mujeres que va a terminar siendo lesbiana después de la experimentación, es bajo, pero las consecuencias sociológicas que tiene este juego lésbico se relaciona con las pautas culturales que las madres les hemos transmitido a nuestras hijas. Si las mujeres pasamos diciéndoles que los hombres son todos unos desgraciados, que siempre la va a terminar cagando, que tenga cuidado con el embarazo, lo más probable es que si tiene la posibilidad de experimentar el erotismo con otra mujer, lo haga. Como me decía una niñita en Punta Arenas: “Pili, yo tengo las mismas sensaciones y no quedaré embarazada y nadie me va a cagar”. Y cuando le pregunté de donde sacaba toda la información, ella me dijo: “Mi mamá me ha dicho toda la vida que tengo que cuidarme, que cierre las patas y entonces, es tal el miedo, que me tiro para este lado donde tengo cero posibilidades de quedar embarazada, ni tomo pastillas ni necesito preservativo”.
“Entonces, hay un tema de cómo las madres de mi generación o la de mi mamá, ha transmitido la visión de ser pareja media trágica, media sometida, que no lleva a nada o muy rebelde, que a la larga tampoco funciona o muy independiente o autosuficiente que a la larga tampoco complementa nada. Yo creo que Freud ayudó a visualizar el tema sexual en los dos sexos, pero más en las mujeres porque eran la mayoría de sus pacientes. A partir de Freud, el tema de la sexualidad y de la energía sexual se comienza a discutir, no diría en el plano de lo biológico sino en el emocional y se derivan las otras corrientes. Este es un país subdesarrollado sexualmente, no porque sepamos menos, sino porque aplicamos mal lo que sabemos”.
Pilar considera que la sexualidad va cambiando con los años, y que cada vez se juega más con el origen de la excitación femenina.
“La mujer parte excitándose con los afectos, con lo que escucha y después responde con el cuerpo. Influyen factores como los olores, las texturas, las formas, cómo te aprietan o te abrazan; esas son claves en la excitación femenina. De hecho, el abrazo es tan poderoso porque todo lo que tiene que ver con protección para las mujeres se traduce en erotismo después”.
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