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Autoentrevista prescindible
Por Chelo
Hace mucho, mucho tiempo no te encontraba tocando la guitarra y entonando las viejas canciones de siempre.
¿Molesto?
- No, no. De algún modo, tocar la guitarra es como conversar conmigo mismo.
¿Qué te dio por desenfundar tu guitarra? ¿La cercanía de Fiestas Patrias?
- No. Me preparo para guitarrear en la fiesta “Los que pasamos agosto”, que es en la noche del viernes 31, en Valparaíso.
Pero esa es una fiesta de momios…
- Cierto. La comenzaron hace veinte años próceres de la derecha porteña como Beltrán Urenda, periodistas como Pepe Mayorga y Lucho Muñoz Ahumada. Pero ahora se ha ido socializando.
Y ¿qué tienes que ver tú ahí?
- Es que tradicionalmente la fiesta la organizaba el Círculo de la Prensa, que está formado por gente que trabaja o trabajó en medios de comunicación, no necesariamente periodistas. Y esta vez, el Círculo se juntó con el Colegio de Periodistas. Y yo soy vicepresidente regional del Colegio.
Eso no tiene nada que ver con que vayas a tocar la guitarra a la celebración. Además, no te imagino amenizando una fiesta de momios.
- Bueno, creo que esta vez el público será menos momio. Y yo voy a guitarrear para ofrecer un poco de alegría a los más viejos que yo.
¿También te preocupa “pasar agosto”?
- Sabes que no me inquieta mucho morirme o no; me preocupa mucho más quedar inútil o enfermar de algo que arruine a mi familia u obligue a alguien a cuidarme, porque le cagaría la vida.
¿Entonces?
-Sucede que ahora mismo hay varios viejos amigos míos que están muy enfermos. Y no olvido que fui desahuciado tres veces, dos de las cuales llegué a estar en coma. Y que una vez estuve varias horas clínicamente muerto, cuando un cirujano resolvió operarme “por si acaso”. Y aquí estoy.
Vivito y coleando…
- Vivito, coleando, tocando la guitarra y preparándome para pasarlo lo mejor posible en las Fiestas Patrias que se nos vienen encima.
¿Tienen algún significado real para ti estos festejos?
- Mucho. Me siento muy chileno, soy orgulloso de ello. Me gusta cantar cuecas, valses, tonadas, polcas. Y bailar cueca también.
Pero eso se puede hacer todo el año…
- Claro, pero en esta fecha el ambiente te motiva, es contagioso. Además, en mi familia hay una tradición muy arraigada.
¿Cómo así?
- Mi madre quedó sola con siete chiquillos cuando yo era un nene y mi padre nos abandonó. Pero ella nunca abandonó sus tradiciones dieciocheras, como otros festejos: la Navidad, el Año Nuevo, el 21 de Mayo…
¿Qué hacían en Fiestas Patrias?
- Mi madre ¡nunca! dejó de llevarnos a las ramadas. Con siete chiquillos a la rastra, metiéndonos bajo las mesas o en la pista de baile… cada 18 de septiembre fuimos a una ramada y ella bailó un pie de cueca, y tomamos chicha o cleri (por si no lo sabes: vino con fruta).
¿Eso no más?
- ¡No pues! Nuestra casa siempre fue embanderada el 21 de mayo y el 18 de septiembre. Teníamos una bandera enorme, la más descomunal de todo el barrio y siempre en buenas condiciones, con sus colores brillantes, enarbolada al tope de una gran asta.
¿La fiesta era sólo el 18?
- El 19 había que salir de paseo. Íbamos a Limache, al campo, donde una ex empleada de la casa. O a Rautén o Boco; a encumbrar volantines al Cerro Mayaca o hacer algún picnic por Pueblo Indio…
Días inolvidables, aquellos…
- Inolvidables, pero que de algún modo se han ido proyectando en mi familia.
¿Te motiva mucho la chilenidad?
- ¡Es que soy muy chileno! Y siempre me he rodeado de gente con el mismo sentimiento.
¿Por ejemplo?
- Cuando muchacho tuve una polola de quien nunca estuve enamorado, pero su familia era terriblemente “chilenera”. Su papá, el “Tata Samy”, inventaba cuecas y yo se las tocaba en guitarra: “Arrechúnchamelo/ arremángamelo/ queréme como te quiero…/ Me quisiste, te quise/ caramba yo también te amo/ Arrechúnchamelo…”
¿Alguien más?
- Mi amigo José Patricio Arancibia, que trabajaba en la Municipalidad de La Cruz. Su suegro –creo que también se llamaba Samuel, pero le decíamos “Cornelio”- también inventaba cuecas y yo se las tocaba; claro que eran harto “soeces”.
¿Cómo…?
- Así: “Date vuel…/ date vuelta vieja ‘e mierda/ que si una puerta se cierra/ cuarenta se abren/ chuche’ tu madre…”
¿Mantuviste las tradiciones de tu madre?
- Trato de tener siempre mi casa embanderada. Aunque vivo solo, pongo una bandera en el frontis de mi casa; este enorme pabellón que me regaló un querido amigo el día que ofrecí el recital “40 años de canto”. Antes, también embanderaba la casa donde vivía con mis hijos y mi ex mujer.
¿Salías con ellos?
- ¡Cada Dieciocho! A las ramadas esa noche y también paseos al campo en el día. Solamente estuve limitado los años en que trabajé como animador en la ramada “La Papa”, en San Pedro, o cuando estuve tocando con un conjunto de huasos en una ramada de Villa Alemana.
Eso significa que siempre has tenido plata para pasarlo bien en estas fiestas.
- No siempre. Más bien, casi nunca. Pero la hago barata. Por ejemplo, nunca voy a la ramada oficial en Quillota, que es en el centro turístico “El Edén”, pero frecuentada mayoritariamente por cuicos. Busco ramadas más modestas, como la de la población México. Incluso, a veces tenemos “ramadas” familiares.
¿Cómo?
- En la casa de mi ex mujer y mi hija, en Quillota, adornamos el patio; van los hijos, invitan amigos y hacemos un asado o empanadas, tomamos vino, tocamos la guitarra, bailamos cuecas, todo eso.
¿O sea que los hijos también son re chilenos?
- ¡Por supuesto! Mi ex mujer y mi hija bailan en un grupo folclórico; seguimos cantando con mi “ex” un repertorio con muchas cuecas. Todos bailan cueca. Uno de mis hijos toca varios instrumentos folclóricos y ellos siguen yendo a las ramadas todas las Fiestas Patrias. Somos una familia realmente chilena.
¿Y guachaca?
- Bueno, mi hija Daniela es la Reina Guachaca de Quillota; somos amigos de Dióscoro Rojas, el Gran Guaripola de los guachacas chilenos, todos somos “humildes, cariñosos y republicanos”; es decir, guachacas.
¿”Republicanos” también?
- ¡Por cierto! Somos demócratas; nos duele la dictadura, la despreciamos. Y votamos en cada elección. Cada uno de los hijos se inscribió en el registro Electoral apenas tuvieron la edad. Y todos votan en Quillota en cada elección. A pesar que tres de los cuatro ya no viven aquí, vienen, votan y se juntan.
¿Otra tradición?
- Claro. No han querido trasladar su Inscripción para tener motivo de juntarse en cada elección en Quillota, nuestra ciudad. Y cada vez nos juntamos después de votar, comemos, tomamos, tocamos la guitarra y cantamos. Otra tradición, es cierto. Y muy profunda.
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