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Primera Plana / Concepción
Nota: Esta entrevista fue publicada antes de la proclamación oficial de Patricio Tombolini como candidato a la presidencia nacional del Partido Radical.
Quien fuera subsecretario de Transportes y casi presidente del Partido Radical Socialdemócrata (PRSD) adelanta detalles de lo que contendrá la publicación “La mafia de Rancagua” en una entrevista con el diario El Sur de Concepción, sin olvidar de mencionar que ya tiene casi lista una fundación para ayudar a quienes pasen por situaciones parecidas a la suya, pero que en su caso culminó con una declaración de inocencia dictada por la Corte Suprema.
Todo esto, mientras continúa recorriendo el país y realizando reuniones, con un promedio de 300 asistentes en cada oportunidad, para proclamar su inocencia y sentir la solidaridad.
¿Cómo es que a un contador auditor le pasan estas cosas?
- Muy simple: un delincuente miente, un periodista lo publica y un juez le cree. Se acabó la historia.
Y ¿cómo entonces tanto interés en asistir a cenas de desagravio?
- Los radicales hemos recuperado la alegría y el honor. La Corte Suprema ha ratificado lo que siempre dije: que no he cometido delito. Y eso es para los radicales que sufrieron como yo un motivo de júbilo. Era su presidente; no cualquier persona. Hoy nos estamos encontrando y haciéndonos cariño.
¿De qué vale hacer cariño a estas alturas?
- El dolor y sufrimiento de estos años no se aquietan. Cuando se condena a un inocente, hay que hacer un acto desagravio para decir: perdón, nos equivocamos, pero estamos contigo.
No se vio esa reacción de cuerpo que usted dice cuando estuvo encarcelado...
- ¿Sabe quienes me acompañaron? Las bases del partido y ellas son las que hoy me están celebrando. Determinados dirigentes no hicieron nada; más bien guardaron silencio frente a una situación extremadamente delicada.
¿Y con ellos mismos ahora se junta?
- No siento rencor ni odio. Los radicales no hicieron el daño; sí un juez incompetente que no quiso o no supo hacer justicia y un delincuente que habíamos metido preso cuando yo estaba en el Ministerio de Transportes. Vendía certificados de revisión técnica.
A estas alturas ¿tiene claro qué es lo que pasó?
- No quiero presumir, pero aquí había un juez ávido de protagonismo y de pasar a la historia, como dijo en una reunión de literatos, por terminar con la corrupción en Chile. Le creyó al empresario de Rancagua, Carlos Filippi. ¿Y qué dijo éste? Que el diputado Rebolledo y el empresario Gabriel Álamos le habían pedido dinero a nombre mío para otorgarle una planta de revisión técnica. Ese acto habría ocurrido en enero de 2001, cuando era Subsecretario de Transportes, pero nunca he mandado a pedirle dinero.
Y eso le significó ¿cuánto tiempo privado de libertad?
- El juez Carlos Aránguiz me tuvo preso 43 días; mucho más que a un asesino o violador.
Preso, ¿en qué pensaba?
- Desde el día que me dejó preso, decidí pelear por la verdad. Lo mismo que en Capuchinos seguí decidido durante cuatro años, siete meses y tres días hasta que salió el fallo de la Corte Suprema.
En otras palabras ¿está dedicado a limpiar su nombre? -
- Mi nombre queda limpio con el fallo categórico de la Corte Suprema. Lo que hay después, como en el acto de desagravio del Senado, el primero en la historia del país, donde todas las bancadas opinaron, es el reconocimiento de un acto injusto que condenó a un inocente, destruyó el honor y dignidad de una persona. Es parte de la pregunta que tiene que hacerse la sociedad por haber castigado a un inocente.
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