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03 de agosto de 2007
Andrés ZaldívarAndrés Zaldívar, vicepresidente de la DC en 1976.

La historia que la Democracia Cristiana prefiere olvidar (II)

La DC, después del golpe militar

Por Manuel Salazar Salvo
De: La Firme
Fuente: ”Punto Final”

(Separamos este artículo en dos partes para facilitar su lectura y fructífero análisis; ésta es la segunda parte y final)

Después del golpe

La última directiva elegida durante el gobierno de la Unidad Popular -encabezada por Patricio Aylwin e integrada, además, por Osvaldo Olguín, Felipe Amunátegui, Carlos Salas y Eduardo Cerda-, emitió una declaración en las horas siguientes al golpe del 11 de septiembre de 1973; fue calificada como un “pecado de ingenuidad” por Aylwin, quince años después, en sus memorias.

El 7 de noviembre de 1973, en reunión ampliada en la sede de la DC, se debatió el futuro del partido. Concurrieron Juan Argandoña, Edgardo Boeninger, Octavio Burotto, José de Gregorio, Renán Fuentealba, Pedro Goic, Ricardo Hormazábal, Fernando Irarrázaval, Narciso Irureta, Bernardo Leighton, Alvaro Marfán, Benjamín Maluenda, Gutenberg Martínez, José Monares, Sergio Molina, Rafael Moreno, Claudio Orrego, Benjamín Prado, Radomiro Tomic, Ricardo Valenzuela y Andrés Zaldívar.

Unos, encabezados por Aylwin, confiaban en el pronto retorno de la democracia. Fuentealba creía que la dictadura sería “la más dura de todo el continente” y Leighton pronosticaba que “ni en diez años saldremos de esto”. Hubo recriminaciones y discrepancias pero se acordó un estatuto de emergencia mediante el cual la autoridad se concentró en la directiva, el consejo se transformó en comisión política y en vez de reunir a la Junta Nacional, se optó por la consulta a los presidentes provinciales.

La directiva acordó que los militantes que fuesen llamados por los militares a colaborar con la dictadura, no debían negarse. Pero varios abogados, entre ellos Andrés Aylwin, Jaime Castillo, José Galeano, Alejandro González y Enrique Krauss, se dedicaron a prestar asesoría jurídica a los perseguidos por la dictadura.

A fines de enero de 1974, Ricardo Valenzuela, Andrés Zaldívar y Rafael Moreno fueron designados por Patricio Aylwin para reemplazar en la directiva a Salas, Amunátegui y Cerda. A esa altura de la dictadura militar, no eran más de cien los democratacristianos que de manera clandestina o semi clandestina trataban de mantener vivo al partido.

Pronto la represión cayó sobre sus dirigentes más activos: Renán Fuentealba, Bernardo Leighton, Belisario Velasco, Jaime Castillo y Claudio Huepe fueron detenidos, relegados o exiliados. En las provincias, en las universidades, en la administración pública y otros ámbitos, los militantes y simpatizantes del PDC empezaron a sufrir persecución. Otros, como Juan de Dios Carmona, William Thayer y Jorge Cauas se comprometían cada vez más con la dictadura.

A comienzos de octubre de 1974, neofascistas italianos al servicio de la Dina intentaron asesinar a Leighton y su esposa, Anita Fresno, en Roma. El “hermano” Bernardo estaba buscando acuerdos con los partidos de la Unidad Popular para un frente amplio de oposición. El atentado estremeció al PDC. Muchos adquirieron, entonces, conciencia que no cabían ambigüedades respecto a la dictadura.

En abril de 1975, desde Nueva York, Bernardo Leighton, Renán Fuentealba, Claudio Huepe, Ricardo Hormazábal, Radomiro Tomic y Gabriel Valdés criticaron a Aylwin por insistir en la tesis del “camino propio”. Le recordaron que el antimarxismo iba en retroceso en el mundo y le pidieron caminar hacia un encuentro con los partidos de Izquierda.

A fines de octubre de 1976, Aylwin decidió renunciar, pero facultado por el estatuto de emergencia nombró a la nueva directiva: presidente, Andrés Zaldívar; primer vicepresidente, Tomás Reyes; segundo vicepresidente, Rafael Moreno; tercer vicepresidente, Máximo Pacheco; secretario general, José de Gregorio. Agregó dos cargos: Gutenberg Martínez, como presidente de la JDC y José Monares, director sindical.

Designó, además, una comisión “encargada de organizar y llevar a efecto el Plenario Nacional para elegir nuevo presidente y pronunciarse sobre la posición política del partido”, integrada por Osvaldo Olguín, Emilio Filippi, Juan Hamilton, Jorge Donoso y José de Gregorio. Surgieron entonces dos tendencias. Andrés Zaldívar planteó la tesis de que “la construcción del nuevo proyecto social es un proceso de transición gradual”. Tomás Reyes Vicuña propuso: “Nuestra fuerza política y social al servicio de la recuperación democrática y en defensa de la justicia”. Ambas propuestas representaban las posiciones que convivían desde hacía casi una década en el PDC. En marzo de 1977, el Plenario se pronunció a favor de la tesis de Andrés Zaldívar.

Siete meses después, en octubre, el PDC emitió el documento Una patria para todos: “Sobre el pasado, la historia establecerá las responsabilidades. Hoy tenemos que hacer un máximo esfuerzo de solidaridad. Estamos unidos en el sufrimiento, en el fracaso y también en la esperanza…”.

A mediados de octubre de 1980, la dictadura prohibió el retorno a Chile de Andrés Zaldívar. Al frente del partido asumió Tomás Reyes en calidad de subrogante y Raúl Troncoso ocupó la primera vicepresidencia. A fines de 1981, en el llamado Documento de consenso, el PDC afirmó que “la movilización social es el elemento esencial para crear un proceso de democratización acelerado”. Se planteó la necesidad de cambiar la directiva, perfilándose como candidatos Claudio Orrego y Tomás Reyes, ninguno de los cuales consiguió el consenso.

Después de Frei Montalva

Tras la muerte de Frei Montalva el 22 de enero de 1981, surgió un acuerdo para que Gabriel Valdés asumiera la conducción del PDC, pese a las reticencias de Gutenberg Martínez y Claudio Orrego.

En mayo quedó constituida la nueva directiva: presidente, Gabriel Valdés; primer vicepresidente, Patricio Aylwin; segundo vicepresidente, Narciso Irureta; vicepresidentes Sergio Molina, Raúl Troncoso, Edgardo Boeninger, Juan Hamilton y Tomás Reyes; secretario general, José de Gregorio. A ellos se sumaron los jefes de los departamentos sindical, femenino y juvenil. Dos meses más tarde, entraron en vigencia los nuevos estatutos.

Las diferentes “sensibilidades” en la dirección, se apreciaron también en otros frentes. En el juvenil, surgieron dos líderes, Miguel Salazar y Andrés Palma; en el sindical, un grupo con Eduardo Ríos, Ernesto Voguel, Eugenio León, Enrique Mellado, José Criado y Milenko Mihovilovic; y otro con Manuel Bustos, Rodolfo Seguel, José Ruiz Di Giorgio y Ricardo Hormazábal.

En octubre, Gabriel Valdés inscribió su lista para repostular a la presidencia del partido. La integraron Renán Fuentealba, Carmen Frei, José Ruiz Di Giorgio, Raúl Troncoso y Alejandro Foxley. Las otras dos listas las encabezaban Juan Hamilton y Adolfo Zaldívar.

El 1° de junio de 1985 se constituyó en Punta de Tralca, por primera vez desde 1973, la Junta Nacional. Dos días después, Valdés obtuvo 110 votos, 83 Juan Hamilton y 25 Adolfo Zaldívar. La nueva directiva, encabezada por Valdés, la integraron Jaime Castillo, Claudio Huepe, José Ruiz Di Giorgio, Juan Hamilton y Gutenberg Martínez como vicepresidentes, y Eugenio Ortega, secretario. Desde ese momento, los partidarios de Aylwin iniciaron una soterrada campaña para evitar que Valdés se transformase en líder del PDC. Una de las decisiones fue remover a Patricia Verdugo de su cargo de redactora política de la revista Hoy, donde se aglutinaba el aylwinismo más duro.

Al iniciarse 1987, estaba relativamente claro el cronograma de la transición y la disputa por la mesa del PDC alcanzó renovado interés. Se presentaron tres listas, lideradas por Patricio Aylwin, Ricardo Hormazábal y Arturo Frei Bolívar.

El 4 de junio, cerca de 30 mil democratacristianos eligieron sus autoridades comunales y provinciales. Luego las juntas provinciales eligieron sus delegados a la Junta Nacional. Tras dos días de debates, Patricio Aylwin fue elegido con 132 votos (55%). La mesa quedó integrada por Andrés Zaldívar en la primera vicepresidencia; Narciso Irureta, en la segunda; Edgardo Boeninger, en la tercera; y, Gutenberg Martínez, como secretario general.

Retorno triunfal

El 24 de octubre de 1988 se reunió la Junta Nacional de la DC para fijar fecha a la elección del candidato presidencial del partido. Andrés y Adolfo Zaldívar, Eliana Caraball y Ramón Briones presentaron un voto político con apoyo de 34 de los 46 presidentes provinciales para levantar a Patricio Aylwin como candidato. Los comandos de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Gabriel Valdés, que también postulaban, se opusieron. Claudio Huepe, apoderado de Valdés, enrostró a Aylwin su discurso en la Junta de 1987, cuando había señalado que no asumía la conducción de la DC por aspiraciones presidenciales. Gutenberg Martínez insistió en proclamar a Aylwin y diversos oponentes amenazaron incluso con renunciar al partido. Finalmente los negociadores (los hermanos Zaldívar, Boeninger, Irureta, Martínez, Caraball y Bosselín, por el aylwinismo; Jaime Castillo, Ricardo Hormazábal, Claudio Huepe y Andrés Palma, por los valdesistas y, Genaro Arriagada y Eduardo Cerda, por el freismo) concordaron en que el 27 de noviembre una nueva Junta Nacional nominaría al candidato presidencial.

El 27 de noviembre de 1988, antes de la elección de la Junta, valdesistas y freístas denunciaron irregularidades en cerca de cinco mil inscripciones de militantes y responsabilizaron a la División de Organización y Control que dirigía Gutenberg Martínez. Dos militantes aylwinistas -Juan Osses y Eugenio Yánez- fueron sorprendidos en las oficinas donde se guardaba el padrón electoral, episodio conocido como el “Carmengate”.

Tras los comicios internos, Frei pidió que se anularan, pero Aylwin calificó “impertinentes sus reflexiones acusadoras”.

El 12 de diciembre Aylwin se preguntó “¿Por qué voy a renunciar si he ganado las elecciones?”. Luego manifestó a Zaldívar que estaba dispuesto a bajar su candidatura si lograba el consenso. Zaldívar inició las negociaciones ayudado por los aylwinistas Patricio Rojas, Enrique Krauss y Sergio Pizarro. Representando a Valdés, intervinieron Claudio Huepe y Carlos Eduardo Mena. Por Frei lo hicieron Genaro Arriagada, Carlos Figueroa y Edmundo Pérez Yoma. Cuando parecía que Zaldívar había logrado el consenso, faltando sólo el compromiso escrito de los freístas, Juan Hamilton levantó nuevamente la candidatura de Aylwin expresando que la posibilidad de consenso alrededor de Zaldívar, “había sido sólo para bajar la presión”. Más tarde Aylwin manifestó personalmente a Zaldívar que agradecía sus gestiones, pero que él reasumía su candidatura.

El 5 de febrero de 1989, en la Casa de Ejercicios Sagrado Corazón, de Talagante, la Junta Nacional de la DC eligió al candidato presidencial del partido. Se enfrentaron Andrés Zaldívar, Eduardo Frei, Sergio Molina, Gabriel Valdés y Patricio Aylwin. Los aylwinistas tenían mayoría en la Junta, pero los valdesistas y freístas percibían que juntos podían ganar. Zaldívar de nuevo surgió como candidato de consenso y se pidió que el presidenciable fuese elegido al menos con 60% de los votos. La proposición se sometió a votación pero se impuso la tesis de mayoría simple, impulsada por los aylwinistas.

En la madrugada, Valdés y Frei solicitaron a Zaldívar que fuera candidato, pero éste se negó luego de conversar brevemente con Juan Hamilton. Entonces, Valdés subió al estrado y reconoció a Aylwin como candidato del partido.

Hasta hoy se ignora qué le dijo Hamilton a Zaldívar para conseguir que declinara. Terribles sospechas al parecer impulsaron a Valdés a subir al estrado para proclamar a Aylwin.

Los “guatones” estaban de vuelta.

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