Ex alcalde Pablo Gac, una de las víctimas de la masacre de 1974 en Quillota. |
Sacerdote Miguel Woodward, asesinado en 1973 en Valparaíso. |
Casos Miguel Woodward y Masacre de 1974
M.T.G.
El ministro en visita Julio Miranda Lillo dictaría, por fin, durante el presente mes de agosto, las condenas contra al menos siete responsables de la masacre perpetrada en Quillota el 18 de enero de 1974, cuando efectivos del Ejército ultimaron en una falsa emboscada a nueve prisioneros políticos que trasladaban desde el Regimiento de Ingenieros a la Escuela de Caballería, en el episodio mal conocido como “asalto a la patrulla” por la burda versión entregada por la autoridad de la época para justificar el crimen masivo.
Las organizaciones de derechos humanos de la provincia de Quillota han realizado varias vigilias, exposiciones y actividades en espera de la resolución del magistrado, la que ha tardado mucho más de lo que se pudiera esperar debido a que los familiares de las víctimas no han contado con abogados en Valparaíso que apuren la tramitación directamente en la Corte de Apelaciones.
La tardanza resulta inexplicable porque la etapa probatoria se dio por finalizada hace varios meses, después que el ministro Lillo –quien en décadas pasadas ejerció como titular del Segundo Juzgado de Letras en Quillota- interrogó a al menos 12 inculpados en el Tribunal de Garantía de esta ciudad.
Durante la etapa procesal, prestaron declaraciones –entre otros- el general en retiro Francisco Pérez, que en 1974 era capitán y dirigió la masacre en terreno y el coronel (r) Sergio Arredondo, que ordenó los crímenes en su calidad de director de la Escuela de caballería, cargo al que accedió premiado por Pinochet después de haber dirigido las operaciones de la “caravana de la muerte”, que dejó un centenar de víctimas en el sur y norte del país.
Entre los familiares de los caídos existe certeza y confianza de que este mes, el Ministro en Visita dictará las trascendentales decisiones que todos esperan con ansiedad para que por fin se haga justicia.
Entretanto, todos los procesados como responsables directos de la alevosa masacre, gozan de libertad y no extrañaría a muchos que más de alguno desaparezca antes de ser notificado de su sentencia.
También para agosto se espera que la ministra de la misma Corte porteña, Eliana Quijada, dicte durante este mes importantes resoluciones e incluso decrete el procesamiento de los principales responsables de la muerte del sacerdote chileno británico Miguel Woodward, quien murió después de ser brutalmente torturado a bordo del buque escuela Esmeralda, en septiembre de 1973.
La información fue entregada por la diputada Laura Soto, abogada que representa a la familia Woodward, después de entrevistarse con la jueza Quijada, expresando que la magistrada “ya tiene claro lo que sucedió; no se puede seguir negando que el sacerdote ingresó a la Esmeralda y que allí fue torturado y producto de ello falleció”. Conocer la verdad en este caso ''será doloroso para la Armada, pero bueno para el país'', añadió la parlamentaria.
El padre Woodward estuvo estrechamente vinculado a la zona, desarrollando amplia labor social y cultivando estrechas amistades en Quillota y ofreciendo cursos de nivelación de Enseñanza Básica y media a trabajadores de La Calera.
Agosto será un mes clave para la investigación, añadió la abogada Soto, anunciando que “quizás la primera quincena de agosto la jueza haga un auto de procesamiento. Yo siento, en mi convicción, que puede afectar a ex altos oficiales de la Armada”.
La diputada puntualizó que antes de que el Comandante en Jefe de la Armada, almirante Rodolfo Codina, entregará la bitácora del buque escuela, “no había absolutamente nada, no había testigos”, pero gracias a esa información “está acreditado que el sacerdote ingresó a la Esmeralda y hay testigos de que allí fue torturado y posteriormente se le envió al Hospital Naval”.
No obstante, la jueza no ha dar con los restos del sacerdote, aunque testimonios sostienen que habría sido enterrado en el Cementerio de Playa Ancha.
“El problema, dice la magistrada, es que ha pasado mucha maquinaria moviendo la tierra y no se encontró absolutamente nada. No obstante lo cual, a ella le queda todavía la esperanza que, en algún momento con otros antecedentes que tenga, pueda encontrar los restos”, aclara la diputada Laura Soto.
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