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07 de noviembre de 2006
Walter KrohneWalter Krohne, periodista.

Capitalismo y guerra antiterrorista anulan la libertad de expresión

Walter Krohne
walterk@vtr.net

No es fácil explicar el brutal choque que se produce día tras día entre libertad de expresión, neoliberalismo y guerra antiterrorista.  Si bien la primera se entiende como el derecho democrático de todo ciudadano para opinar, su relación con los otros  conceptos es ni más ni menos que una mixtura de agua y aceite. En este caso, el modelo económico o las acciones antiterroristas opacan la libertad de expresión hasta el punto de anularla, ya sea por las normas del mercado o por censura.

Esta libertad ciudadana fundamental está hoy en jaque. A pesar de la globalización, y de las nuevas tecnologías,  que aportan  una impresionante velocidad y calidad en la transmisión de las noticias, el pluralismo informativo y la libertad de informar y ser informado, son componentes de este derecho que desde hace tiempo muestran  claros síntomas de querer desaparecer.

Las últimas mediciones sobre la vigencia de la libertad de expresión  en el mundo son desastrosas para los países desarrollados que han seguido a pie juntillas las reglas del neoliberalismo, la fase más avanzada alcanzada por el capitalismo. Sin embargo, ocurre lo contrario en aquellas naciones donde la nueva economía, entremezclada con la teoría keynesiana, se aplica en forma mixta o de un modo mucho más flexible.

El tema ha originado una calurosa discusión en Alemania y en otros países europeos como también preocupa en Estados Unidos, en vísperas de las elecciones de un nuevo  Congreso el próximo 7 de noviembre (435 representantes y 33 senadores). Todas estas naciones han perdido la posición ejemplar que tenían en el mundo en cuanto a libertad de expresión, transparencia y democracia, tres otros conceptos también fuertemente ligados entre si, porque el deterioro de uno debilita a los otros dos.

El nivel de libertad de expresión cayó cinco puntos en Alemania en el 2005 quedando en el lugar 23 y nueve en Estados Unidos, que se situó en el puesto 53. El ranking de la organización “Reporteros sin Fronteras” (RSF) no liberó tampoco a Francia, que quedó en el puesto 35, Gran Bretaña en el 27, España en el 42 y Chile en el 49, país este último que antes de la dictadura militar (1973-90) y de la implantación del neoliberalismo era también un caso ejemplar. Japón, por último, cayó 14 puntos y quedó en el puesto 51. En contraste, la situación mejora en países del Este europeo que no han sido tan ortodoxos en la aplicación del modelo global económico o no han sido tan fuertemente tocados por las medidas antiterroristas como son la República Checa (5º lugar), Eslovaquia (8º), Hungría (10º) o Eslovenia (13º). Los primeros puestos siguen siendo ocupados por Finlandia, Irlanda, Islandia y Holanda.

Bolivia está ubicada 32 puestos más adelante que Chile y seis más  que Alemania, que era considerado un paladín mundial de la libertad de expresión, del pluralismo y de los derechos humanos hasta antes de la caída del Muro de Berlín (1989). Así, Bolivia aparece como uno de los campeones latinoamericanos en la defensa de la libertad de expresión en contraste con Cuba, donde se registra la mayor represión regional contra este derecho. Al final de la lista, Cuba  es acompañado por Corea del Norte, Turkmenistán, Eritrea, Birmania, China, Arabia Saudita e Irán.

Algunos analistas dicen que los efectos del desgaste de la libertad de expresión son más devastadores como consecuencia de la guerra globalizada antiterrorista que con la aplicación del “capitalismo salvaje”. En Alemania, por ejemplo, se culpa de este daño al espionaje practicado contra periodistas por el principal servicio de inteligencia, el BND, y otras violaciones, como allanamientos en redacciones de periódicos, destacándose el caso que afectó a la revista política “Cicero”.  El informe RSF, registra 1.006 censuras de medios de comunicación en todo el mundo en  2005.

Lo peor de todo esto es  que también se ha dificultado el acceso a las fuentes de información disminuyendo, a su vez, el nivel de reacción de la autoridad política ante informaciones consideradas por periodistas como falsas o a la negativa a dar respuesta a temas específicos como es el papel alemán en la guerra antiterrorista o el que jugó el espionaje germano en Bagdad,  junto a  soldados estadounidenses.

“Frente al terrorismo se calla o se miente”, acotó la revista alemana “Der Spiegel”.

Esta mala política de ocultar la verdad se observa con mucha preocupación  en todo el mundo capitalista de la post modernidad, porque la manipulación de información resulta ser  hoy menos perversa para el ser humano que el ocultamiento de ella. En otras palabras, es mejor poder leer entre líneas y formarse algún tipo de opinión, aunque sea escasa, que permanecer en tinieblas. Esto último es lo que le ha ocurrido en parte al televidente de EE UU durante la guerra de George W. Bush en Irak.

La  concentración de medios es hoy uno de los mayores obstáculos de la libertad de expresión y el déficit de pluralismo en el mundo, porque la información está siendo controlada por sólo nueve trasnacionales (ocho estadounidenses y una alemana) que manejan los satélites, las telecomunicaciones, la televisión, la radio,  el internet, el acceso a la información, la industria cultural y el entretenimiento en todo el planeta. Controlan los  contenidos  informativos  de  los entes televisivos CNN, ABC, CBS, NBC y los mayores periódicos  occidentales. Son canales ideológicos de derecha que difunden por todo el mundo un “lenguaje” ultra conservador, dándole la espalda al pluralismo informativo. Varios de sus medios apoyaron las guerras en Afganistán e Irak y harían lo mismo si se tratara ahora de  Irán, Siria o Corea del Norte.

En este escenario de imágenes, información, opinión y experiencia comunicacional, es donde se elabora el pensamiento colectivo. Fox News, con un 1,6 millones de televidentes, el doble que CNN, subraya los tópicos “patrióticos” de los soldados estadounidenses en las guerras, los que precisamente son esperados diariamente con entusiasmo por muchos televidentes de la potencia del norte. En el nuevo mundo globalizado y neoliberal, los medios, en primer lugar, son negocios y, por lo tanto, se ven obligados a captar audiencias, extender su difusión, ser competitivos y mantenerse tan o más creíbles que sus competidores. La temática analítica no interesa para nada, el sensacionalismo es lo que más impacta y da dinero.

En todo este dilema, como siempre, la peor parte se la llevan los periodistas.   El informe anual 2005 de RSF registra 63 profesionales muertos en servicio activo -24 de ellos en Irak-,  807 detenidos y 1.308 agredidos o amenazados. Sólo en este año, entre enero y octubre, han muerto 48 periodistas en Irak.

En Moscú acaba de ser brutalmente asesinada la periodista rusa Anna Politkovskaya, quien era una fuerte crítica de la política del presidente Vladimir Putin,  a quien responsabilizó  del retroceso de la democracia rusa. Los autores materiales e intelectuales de este crimen continuarán seguramente en la impunidad  hasta el próximo atentado contra la libertad de expresión. Pero esto no sólo ocurre en Rusia, sino en todo el mundo. Por el momento culpamos al neoliberalismo y a la guerra contra los terroristas… ¿Qué males anularán esta libertad fundamental en el futuro?

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