Por Mo-Wi (a) “El Chino”
Extraña Democracia ésta que dirige el mundo de hoy. Por un lado se nos permite escoger a nuestros gobernantes, por el otro se nos condena al silencio, con una mordaza solapada que nos impide expresarnos, opinar, decir cuántos pares son tres moscas.
El Poder que controla tanto económica como políticamente a los países supuestamente democráticos, nos entrega a diario una visión orweliana, en la cual existe un sólo ojo que mira, un control invisible que nos domina y nos transforma en títeres manipulados detrás del escenario, en imbéciles dispuestos a comulgar con ruedas de carreta, en tontitos alienados por una supuesta idiotez televisiva, destinada a transformarnos únicamente en consumidores y convencernos que estamos viviendo en un país de “Bilz y Pap”, como decíamos entonces.
Votamos por quienes nos apuñalarán por la espalda a la primera ocasión, en un vergonzoso contubernio entre los mandamases del billete y sus servidores de turno, con los cuales se reúnen entre cuatro muros y sin micrófonos para decidir qué tenemos que pensar, a qué debemos obedecer, para quiénes tenemos que trabajar y agachar el moño.
Los llevan al matadero mientras cantamos alegremente en los reality-show a la moda.
Nos hacen creer que todo es fácil, que nada cuesta, que basta ser escogido por la cúspide mediática para transformarnos en estrellas fugaces, en ganadores afortunados de un premio que ni siquiera representa el uno por ciento a lo que previamente han ganado gracias a los sempiternos llamados telefónicos.
Vivimos en el país donde no se conocen las vacas flacas. Donde cada tontito tiene su cuarto de hora de gloria en la pantalla chica.
Los periodistas chilenos ponen el grito en el cielo por la total ausencia de pluralismo informativo, a falta de tener un medio impreso o radiofónico para estamparlo: “¡Mordaza! ¡Mordaza!”
Lo que ellos no entenderán jamás, es que su profesión dejó de existir hace ya largo tiempo. No comprenden que actualmente la concentración de los medios informativos en manos de un puñado de oligarcas y de medios financieros, está destinado a ocultar, mentir, deformar, manipular a ese rebaño de corderos que sonriendo irónicamente llaman “ciudadanos”. Tanto los que tienen la sartén por el mango como sus empleadillos que están conscientes que para ser elegidos en puestos de representación nacional o local, necesitan de su apoyo o beneplácito.
Extraño mundo éste en el cual las víctimas aportan el látigo para ser azotados. Masoquistas electivos, pagados para que malversen el impuesto de los chilenos a las cajas de estos grandes patrones de prensa, que controlan la cabeza y el rabo de la geografía nacional.
El único espacio de libertad que nos otorgan (¿por cuánto tiempo?) es la “Web”, a sabiendas que su difusión es limitada por el mismo exceso de fuentes informativas, de opiniones, de medios y que no todos los hogares poseen un computador.
Recientemente, el excelente periodista (de los que aún subsisten sin perder su independencia) Ernesto Carmona, publicó un artículo en el cual denuncia la concentración de los medios informativos en un par de empresarios, con el apoyo financiero del Estado. Es decir, del gobierno de la Concertación.
Entrega la lista de los diarios y radios que van despidiendo a los periodistas, guardando únicamente a un puñado (¿afortunados?) de profesionales que tienen como obligación de escribir lo que el patrón respectivo ordena y para toda su cadena de diarios, revistas y radios.
A mi modo de ver, esta lista de medios controlados no me asombra en absoluto. Lo que sucede en Chile se repite en todo el mundo. El Gran Capital hace rato que aprendió la lección: la “prensa “ debe estar controlada solamente por quienes dirigen la planeta: El pueblo, esa masa informe y estúpida, debe aprender a leer y escuchar solo para acatar, ser dirigido hacia donde produzca más, sin pito que tocar.
No crean que por el hecho de ocupar altas responsabilidades públicas, los políticos sean diferentes. Como decía un compadre: “cagan por el mismo hoyo.” La única diferencia con el resto de los mortales consiste, simplemente, que aprendieron la lección: para estar arriba, para mantenerse en las esferas de poder, deben ser la mala cuña del mismo palo que impida que la mesa cojee. Es decir, cumplir el role de capataz en beneficio de los clanes oligarcas que nos explotan e insultan con su prepotencia.
Entonces, abierta o entre gallos y medianoche, otorgan los medios económicos imprescindibles para que estos empresarios de la prensa mantengan su poderío mediático.
Lo divertido del asunto es que a través de sus diarios u otros medios supuestamente informativos, se permiten de hacerles repetidos llamados de atención: “¡No se olviden: ustedes son nuestros, nos pertenecen, ustedes no son nada!
Y realmente no son nada. Tenga el cargo que tengan.
Si se portan bien, si son sumisos, les harán un cariñito en la cabeza de vez en cuando:”¡Siga así mijita, mijito, que lo está haciendo muy bien!”
No sueñen, no tengan esperanzas de que la situación cambie. En el universo político no existen fulanos o estimadas con cojones o agallas. Se sienten bien en su flatulencia de “honorables”. Nadie los criticará si mantienen un statu-quo favorable a los medios financieros nacional o internacional.
¡No se les vaya a ocurrir luchar por defender los intereses y la soberanía nacional, recuperando las riquezas básicas, protegiendo el medio ambiente, la Naturaleza!
¡Ustedes están allí, muy bien pagados, para que obedezcan las órdenes que se les imparte! En caso contrario, volverán al anonimato del cual no debieran haber salido.
El pobre Chelo Tapia y tantos otros que combaten a media tripa para sobrevivir, sacar su diario independiente, informar como se debe, jamás -¡Qué no lo sueñen!-, recibirán un anuncio estatal que les permita financiar su libertad y la de sus lectores. Aún menos para mantener o sacar un diario impreso.
(Tienen más que suficiente con su derecho a pataleo...)
Los que confiaban que el nuevo Gobierno abriría una nueva época libertaria para Chile, pueden chuparse el dedo. Es la misma casta que siempre ha desgobernado al país, entregando lo justo y necesario para que la máquina económica siga funcionando. El Pueblo, ese al que sus dirigentes dicen representar y defender, en realidad es despreciado. Se les da lo mínimo cuando la situación es insostenible y existe un real riesgo de levantamiento social.
Sería dramático creer que no hay esperanza alguna. Quien sabe si entre estos nuevos críos que entran en política aparece uno con una visión diferente, convencido de que hay ir contra los molinos de viento, quijotescamente incluso, contra todo lo que impide realmente un progreso social y parejo para sus compatriotas.
No me hago muchas ilusiones: el poder corrompe.
Observo con desprecio a estos malandrines que permiten a los dos grandes grupos de prensa en Chile a mantenerse con el billete de los chilenos. Son ni más ni menos que unos lacayos sin librea, pero que corren para comprarse un sombrero (o un modesto gorro) para saludar a sus patrones, abrirles la puerta, agachar la cabeza en signo de sumisión. No hablemos de humillación, porque hace tiempo que perdieron cualquier orgullo.
Por eso le digo al Chelo y a mis otros amigos periodistas libres –realmente libres- que no se hagan ilusiones. La batalla está perdida por el momento. En el Campo de Honor del Periodismo, yacen auténticos combatientes que dignificaron o dignifican su magnífica profesión. No cuenten con la mana estatal, con avisos patronales. Ustedes son un espejo en el cual molesta reflejarse. Es triste descubrirse esclavo, escriba, pobre tipo sin orgullo ni decencia, empleadillo de los que tienen la sartén por el mango.
No son más. No serán nunca otra cosa.
Mismo si portan pomposos títulos.
Informar es un derecho. Informarse es una obligación si queremos mantenernos libres.
La Prensa debe ser escrita por el propio pueblo, por el que la lee, por el que necesita clamar su verdad, sus problemas, su realidad cotidiana. Aunque sea en una hoja de cuaderno escolar si se hace circular de mano en mano. Pegar en los muros de Chile un diario mural, financiado por los trabajadores, la gente humilde que ansía expresarse, escribir en los muros de Chile nuestras esperanzas, anhelos, combates y no solamente “¡Pico para el Pelao!”
Pintar no para burgueses con billete. La pintura también puede ser un arma estética e informativa. Fotocopiar –valga la redundancia-, fotografías denunciadoras y pegarlas en cada poste, ventana, puerta, muro.
Tenemos que ganarle a la oligarquía la comunicación, la información. Demostrarle al Gobierno de turno que exigimos un auténtica libertad informativa, que por mucho que ellos entreguen la oreja, nosotros no estamos dispuestos a entregarla, que somos libres y no unos servidores ni esclavos.
¡Y que su puto de billete se lo pueden meter donde más les quepa, si es que les sobra luego de haber financiado a sus patrones!
Comprendo que no es fácil conquistar la auténtica independencia. Es un accionar de toda una vida, desbaratándose de absurdas fatuidades, descubrir la simplicidad y la auténtica Belleza de la existencia, mismo si apenas tenemos para parar la olla. Ir a lo profundo de sí mismo con honestidad y sin tirarse peos más arriba de la cola: ser simples, humanos. Nada más que humanos, pero libres.
Nunca seremos peces gordos con una “dieta” parlamentaria o ministerial. Más, al menos, cuando nuestros críos nos miran saben que están frente a un hombre que no agacha el moño, que cumple con su deber de traer lo necesario a la mesa pero con dignidad, que combate por su futuro exigiendo que al fin alguien sepa lo que es “soberanía” sea nacional o individual y no un vendedor de Patria, un miserable vendedor de nuestras riquezas, un lacayo. En definitiva, un pobre tipo.
Hay periodistas que combaten con esta dignidad. Me inclino y los saludo con el mayor respeto. No son muchos, pero al menos, honoran una profesión en la cual jamás aceptarán de ser “escribas”.
Para ellos, mi respeto más profundo: ¡Gracias Chelo, Ernesto, Manuel! A todos ustedes, amigos que honoran vuestra profesión, sin un peso en los bolsillos.
Más, con coraje y auténtica libertad.
El resto, algún día descubrirá que es mejor andar erguido y no con el lomo doblado, desvirtuando un Oficio que les quedará siempre demasiado grande.
Un auténtico periodista “nace” y no se “hace”. O se es libre en lo que escribe o se es escriba cuando se lo dictan. Basta escoger.
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