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16 de octubre de 2006
Musulmanas en mercado de LondresEl uso del velo cubriendo sus rostros por las musulmanas en Inglaterra, crispa a los británicos.

Agresión a musulmana agrava polémica del velo en Inglaterra

Por Begoña Arce, desde Londres
De: El Periódico de Catalunya

La agresión sufrida por una joven musulmana cubierta con un velo en las calles de la ciudad inglesa de Liverpool reavivó las críticas contra el ex ministro de Exteriores Jack Straw. Un importante miembro de la comunidad islámica, Mohamed Akbar Alí, echó la culpa del ataque a los comentarios realizados por Straw, quien pidió que las mujeres se retiraran el velo de la cara.

La agresión, llevada a cabo por un individuo de raza blanca, estuvo acompañada de insultos racistas, según confirmaron fuentes policiales. Para Akbar Alí, antiguo presidente del Instituto Islámico de Liverpool, el incidente no es una simple coincidencia. “Le echo la culpa directamente y sin ninguna duda a Jack Straw”, afirmó. “Es un responsable del Gobierno y está en un distrito electoral con un gran número de musulmanes. Debería haberlo pensado mejor antes de hacer una declaración así”, añadió.

El inspector Saied Mostaghel, de la policía de Merseyside, calificó de “despreciable” el suceso.

La coalición antiguerra

Unas 70 personas, 20 de ellas mujeres cubiertas con un velo, pertenecientes a la coalición Detened la Guerra, se manifestaron contra Straw en Blackburn, la localidad del noroeste de Inglaterra de la que el actual líder de la Cámara de los Comunes es diputado. “No estamos de acuerdo con lo que dijo. Está fuera de lugar y es absurdo afirmar que el rostro cubierto impide la comunicación”, señaló Nahella Ashraf, portavoz del movimiento que ha protestado repetidamente contra la intervención británica en la guerra de Irak.

Salim Mulla, del Consejo de Mezquitas de Lancashire, ha pedido una reunión urgente con el dirigente laborista, para discutir sus controvertidas palabras.

En una entrevista concedida al Lancashire Telegraph, Straw se sorprendió por la amplitud de la polémica. “No esperaba ocupar las portadas de los diarios nacionales. La reacción a mis comentarios muestra que he tocado un asunto importante para la gente”, afirmó. También aclaró que no está en contra de que las musulmanas lleven el pañuelo en la cabeza, conocido como hijab. “No quiero que se quiten el hijab, me parece bien que lo lleven”.

Quizás Straw pretendía abrir un debate mesurado, sobre un tema sensible pero de momento, solo ha logrado que entre una buena parte de los musulmanes crezca la sensación de acoso. “En los últimos meses, el discurso ha cambiado y se ha abierto la veda para demonizar al islam”, afirmó Ahmed J. Versi, director de la publicación Muslim News.

En el Reino Unido las cosas no han vuelto a ser lo que eran desde los atentados de julio del 2005. Cuando los británicos descubrieron la identidad de los terroristas suicidas (todos británicos, tres de origen paquistaní y uno jamaicano), comprendieron que no tenían ni idea de lo que ocurría en ciertas comunidades, aisladas y cerradas en sus propios guetos sociales y religiosos.

Pugna sobre el velo crispa a británicos

El modelo multicultural del Reino Unido necesita una urgente revisión. Las fricciones y los incidentes son moneda diaria en las relaciones entre la comunidad musulmana y el resto de la sociedad británica. Los seguidores de Alá encajan cada vez con más dificultades en un país donde, a pesar de sus instintos puritanos, siempre ha primado la tolerancia y la libertad de expresión. Una vieja polémica, el uso del velo que cubre el rostro de las mujeres del islam, volvió ayer a recrudecer las tensiones. El protagonista de la controversia es el ex ministro de Exteriores Jack Straw, actual líder de la Cámara de los Comunes.

En un artículo en el The Lancashire Evening Telegraph, Straw afirmaba que el velo “dificulta” el establecimiento de relaciones positivas entre las dos comunidades. Poder ver los gestos de la cara de alguien con quien se está hablando permite saber “lo que quiere decir realmente la otra persona, sin que uno se limite a escuchar lo que dice”, escribía el dirigente laborista y diputado, desde hace casi 30 años, por el distrito de Blackburn, en el noroeste de Inglaterra, donde el 30% de los residentes son musulmanes.

Barrera entre personas

Straw contaba que cuando una mujer acudía a su oficina cubierta con el velo, le pedía, ante la presencia obligada de otra persona de sexo femenino, que se descubriera el rostro, petición que, hasta el momento, siempre había sido aceptada. El artículo desató una polémica que lejos de disiparse, ayer se transformó en debate nacional. Straw fue aún más lejos al declarar que las relaciones entre las comunidades “son más difíciles si la gente lleva un velo”, porque es “obviamente un signo visible de separación y diferencia”.

El primer ministro, Tony Blair, se distanció inmediatamente de los propósitos de su colaborador. Un portavoz de Downing Street, indicó que Straw estaba expresando sus “puntos de vista personales”, que no se correspondían con “la política del Gobierno”. La reacción de diversos grupos islámicos osciló desde la compresión de los menos, a la ira y los reproches de la inmensa mayoría.

El Consejo Musulmán de Gran Bretaña consideró los comentarios, “comprensibles” y la baronesa Uddin, musulmana, laborista y miembro de la Cámara de los Lores, defendió el derecho de Straw a hablar, pidiendo “un debate mesurado”. Sin embargo el Consejo de Mezquitas de Lancashire denunció la “falta de sensibilidad y de juicio”, del diputado y Masud Shadjareh, presidente de la Comisión Islámica de Derechos Humanos, acusó al político de “discriminar” a los musulmanes “a causa de la religión”.

Oposición a una mezquita

La disputa es un síntoma de la crispación y los continuos roces entre los seguidores del islam y el resto de la sociedad británica. Esta misma semana, en la muy turística ciudad de Windsor, donde Isabel II tiene su castillo, ha habido enfrentamientos protagonizados por jóvenes opuestos a la construcción de una mezquita.

También se ha sabido, que un policía, de religión musulmana, fue exonerado de proteger la Embajada de Israel en Londres, “por razones morales”. El Jefe de Scotland Yard, Ian Blair, ha abierto una investigación de lo que ha calificado como “un peligroso precedente”.

En el terreno más anecdótico, pero no menos elocuente, esta semana también se ha sabido que un taxista musulmán ha sido condenado a pagar una multa de 1.800 euros, por negarse a admitir en su taxi a un ciego, porque iba acompañado de su perro lazarillo. La tradición musulmana considera que los perros son animales impuros, algo muy difícil de comprender en un país que profesa adoración por los animales.

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