Fredrik Reinfeldt, nuevo Primer Ministro de Suecia. |
De: El Periódico de España
Desde Estocolmo
Después de 12 años de Gobierno socialdemócrata, la mitad de los votantes suecos decidieron un cambio de rumbo y dieron un bandazo a la derecha en las elecciones generales celebradas ayer. La Alianza, coalición de formaciones conservadoras liderada por Fredrik Reinfeldt, obtuvo, con casi todos los votos escrutados, el 48% de los sufragios, frente al 46,2% del bloque de izquierdas encabezado por el primer ministro, Göran Persson.
Reinfeldt se proclamó vencedor cuando los primeros resultados confirmaron una victoria que los sondeos ya habían apuntado. "Hemos concurrido a las elecciones como los nuevos moderados, hemos ganado como los nuevos moderados y vamos a gobernar Suecia, con nuestros aliados, como los nuevos moderados", declaró el candidato conservador ante sus militantes.
Casi de forma simultánea al anuncio de Reinfeld, el primer ministro Persson reconoció públicamente la derrota. "Hemos perdido las elecciones, pero no somos un partido derrotado", afirmó. El dirigente anunció anoche que hoy mismo presentará la dimisión de su Gobierno y que convocará un congreso extraordinario en marzo, en el que abandonará el liderazgo del Partido Socialdemócrata. "Vamos a luchar por volver --aseguró Persson--, pero en esa vuelta ya no estaré yo".
Unos 6,8 millones de electores estaban llamados a las urnas para elegir los 349 diputados del Parlamento, según un modo de escrutinio proporcional plurinominal a una vuelta. El sistema sueco establece que el partido más votado, aunque no obtenga mayoría absoluta, está obligado a formar gobierno.
Las elecciones de ayer suponen un terremoto político en Suecia, donde los socialdemócratas, que han gobernado durante 65 de los últimos 74 años, habían forjado un sistema socioeconómico basado en la combinación de la economía de mercado con una amplia protección social y altos impuestos.
En cualquier caso, los resultados de estas elecciones confirman la tendencia al cambio que se había percibido en la sociedad sueca. Persson, que lleva 10 años en el poder, ha llegado a las elecciones avalado por el fuerte crecimiento económico que vive el país desde hace seis años: una tasa de crecimiento del 5,6%, superávit en las cuentas públicas, un índice de paro situado en el 5,7% y que sigue bajando, y un incremento de las exportaciones.
Sin embargo, para muchos suecos, ese buen balance económico ha pesado mucho menos que las quejas ante la alta tasa de inmigración, las trabas a la iniciativa privada, los elevados impuestos y los problemas en la educación.
En resumen, en sus mensajes, el derechista Reinfeldt había destacado que el actual sistema de bienestar ha adormecido a la acomodada sociedad sueca. No obstante, el candidato de la derecha había insistido en que no era su intención desmantelar el estado del bienestar sueco, sino acabar con fraudes como los de los falsos desempleados o los falsos enfermos. De hecho, al tiempo que anunció una bajada de impuestos para las personas con salarios más bajos, había prometido un recorte en los subsidios a los parados de larga duración.
Las opiniones de los votantes dejaron claros los temores del país. Jesper Karlsson, un sueco de 32 años, aseguraba que votó por la derecha porque desea "que sea más fácil poner en marcha una empresa". Mientras, Aisa Sverin, una joven que trabaja en el mundo de la moda, se mantenía fiel a los socialdemócratas por "sus valores de la solidaridad".
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