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08 de agosto de 2006
Marco Enríquez-Ominami
Sacerdote Miguel WoodwardSacerdote Miguel Woodward, asesinado en Valparaíso en septiembre de 1973.

Marco Enríquez Ominami: el más polémico de los diputados

Por Germán Gamonal
De: Revista Ercilla Nº 3.294

El diputado Marco Enríquez Ominami-Gumucio es activísimo y muestra gran dinamismo. Tiene un hablar estilo metralleta y da sus respuestas casi unidas a las preguntas. Trabaja intensamente cuando está en la Cámara de Diputados. Pueden ser las 10 de la noche y está en su oficina del 7° piso, donde hay sólo dos diputados socialistas, pues el piso corresponde a la bancada demócrata cristiana.

¿Quién eres tú?

– Un inconformista. Voy a responder rápido para no hacerle perder más tiempo. Un inconformista y un crítico. Estudié filosofía y tengo una deformación, y algo que me traiciona, y le autorizo a reírse de buena gana. En una de las áreas en donde me desarrollé es la filosofía política, la filosofía del derecho; y ahí hay un texto muy importante, que es de Hegel, donde defiende el que la contradicción es lo único que hace avanzar al mundo. Y yo creo que la contradicción crea el derecho a contradecirse uno mismo respecto de lo que ha dicho, y creo en contradecir al otro. Creo que la contradicción es un motor de pensamiento propio. Un contradictorio, entonces, para decir quien soy, un contradictor.

Primeros años

¿Dónde te has formado, dónde estudiaste, dónde naciste, dónde has vivido?

– Yo nací en Chile en junio del 73, pocos meses antes del golpe. Mi madre cayó presa, no por su militancia, sino porque era la mujer de Miguel Enríquez, que era secretario general del MIR. Y estando presa, un militar se apiada de ella –no recuerdo su nombre–; fue un hombre bastante valiente. Y puesto que están buscando a Miguel Enríquez y no a mi madre, alguien le dice: “Mire, si usted no da el nombre le vamos a quitar a su hijo”. Ante eso, este otro militar le ofrece asilarse en la Embajada de Venezuela, donde estaba mi abuelo Rafael Agustín Gumucio, antiguo parlamentario de esta misma Cámara. Y terminamos ahí y partimos a París. Fueron catorce años, se lo hago en sinopsis, catorce años de exilio en París, y fuimos de los últimos exiliados.

Es decir, que saliste de Chile siendo un bebé.

– Entré a la Embajada de dos o tres meses; dos meses para el salvoconducto, y en cinco meses estaba fuera con pasaporte de Naciones Unidas por más de catorce años de refugiado, ya que me quitaron la nacionalidad, algo muy absurdo.

¿Y viviste dónde todo ese tiempo?

– Viví en París, en tres barrios, en el Catorce; después viví con mi abuelo, que era uno de los mejores barrios de París, al lado del Sena, pero eso de era de lunes a viernes, porque los viernes, sábados y domingos me iba a donde mi madre en el Catorce, que era menos “paltón” por decirlo así. Y la noche del miércoles alojábamos en la casa de mi papá, por lo que viví en tres casas; tenía tres camas.

¿Hasta qué edad estuviste en Paris?

– Hasta los catorce años

¿Y después?

– Después no he parado de volver. Estudié cine allá...

¿Pero después de los catorce?

– Vuelvo a Chile a terminar la educación media en la Alianza Francesa, de la cual me echan, y entro al Saint George’s. Siempre quise que me echaran de ese colegio. No estuve nunca de acuerdo con la aproximación que tenía la Alianza Francesa con la educación de Francia. Me parecía que la educación francesa era todo menos napoleónica.

¿Pero estudias aquí y sigues yendo a París?

– Sí, sistemáticamente. Por azares de la vida, Manuel Rivas Vicuña, que es mi bisabuelo por el lado de mi madre, fue embajador en muchísimas partes del mundo, y sus hijas, las Rivas, que son mis tías abuelas, se casaron con franceses. Entonces, coincidencias de la vida, tengo primos franceses, un ahijado francés, tíos franceses, y como si eso fuera poco, los Enríquez. Marco Enríquez, que es mi tío, hermano de Miguel, que es historiador, se fue antes del golpe a estudiar a París. Ahora como parlamentario viajo mucho menos, y desde junio del año pasado que no voy. Creo que es la primera vez en mi vida que pasan más de diez meses sin ir. Siempre iba cada cuatro meses, cada tres meses.

¿Qué estudiaste?

– Licenciatura en Filosofía en la Universidad de Chile y luego un curso para directores extranjeros en París. El curso para directores de cine lo hice después, que es de perfeccionamiento. Esos son mis dos grados universitarios.

Actividades

¿Pero cuál es tu actividad principal, aparte de ser parlamentario?

– Es muy difícil de contestar, porque fui presidente de dos fundaciones y de un consorcio de empresas. Soy empresario; fui empresario de una mediana empresa, una productora. Soy director de TV, he sido panelista de programas, he escrito libros, documentales. Es muy difícil de definir.

¿Libros de qué?

– Un libro de diálogo con mi padre, que se llama “Animales políticos”, y un sinnúmero de artículos en distintos libros, ensayos, revistas.

Ese es el libro que critica mucho a don Ricardo Lagos.

– Claro, entre otras cosas, sí.

¿Y no pasó a la historia por haber pavimentado la Alameda, no?

– Bueno, usted está al tanto. Esa es mi crítica, y creo que lamentablemente el tiempo me está dando la razón. Lo lamento, pero lo que siempre he dicho es que los buenos resultados económicos no son la única meta que debe tener un presidente. El tema de los valores, el tema del tipo de sociedad que queremos, no solamente el tema del “cómo se distribuye”, sino el cuándo se distribuye, y Ricardo Lagos es un hombre que abordó con muchísimo rigor y honestidad el “cómo se distribuye”, pero se despreocupó del cuándo.

Ahora, ¿te sientes más cineasta, más político, más filósofo, un hombre más amante de París? ¿Qué eres tú?

– Todos. A ver, yo primero soy un enamorado de mi madre, soy hijo único, gran admirador de mi madre. Viví un exilio muy raro, porque debo confesar que me tocó un exilio muy feliz. Yo no tengo una historia terrible que contar, tengo una historia más bien bonita, porque fui exiliado con todos los Gumucio, todos juntos en una ciudad, en París, con almuerzos dominicales. Era una historia familiar dura por el exilio, la muerte de mi papá, pero también fui adoptado por Carlos. Mi historia es más bien completa, no de vacíos. Tengo un padre que conocí cuando tenía un año. Entonces, yo diría que soy un hombre agradecido, súper agradecido de lo que me ha pasado. Soy maximalista; no minimalista.

¿Cómo llegaste a la política?

– Yo no creo que haya llegado a la política. Siempre he entendido el arte como un ejercicio político de combatividad, de creatividad, de innovación, de crítica. El lenguaje es muy político. Como decía la cultura aimara, todo es dual; lo que sube, baja; a lo que tiene fuerza algo se le opone. Creo que hay una dualidad en la vida, y tiene que ver con la dramaturgia. Hay antagonistas.

¿Cómo llegas a diputado?

– Llego a diputado porque me agoté de ser inimputable. Durante muchos años hice películas, documentales, opiné, hociconié estupideces; me equivoqué, le achunté, todo lo que usted quiera, pero fui capaz de nunca ser imputable en mis errores. Me parecía que había que cambiar las reglas del juego, que era demasiado fácil mi participación respecto al debate –opinaba y opinaba–; por eso que es importante esa soberanía, y hoy soy un hombre que tiene soberanía en el cuerpo, puesto que soy un hombre mandatado por la gente, una tremenda experiencia que espero sirva de algo a otros.

¿Te sientes bien siendo diputado?

– No, muy incómodo.

¿Por qué?

– Porque, acto seguido que dije eso, también quiero decir que la Constitución de la República adoptó un axioma francés sobre la soberanía que es altamente criticable. Estableció, al igual que Jean Jacques Rousseau, que la soberanía es irrenunciable en Chile. Un parlamentario no puede renunciar.

Esa es la parte que no te gusta.

– No, ésa es la parte bonita. Lo que no me gusta es que, acto seguido, lo que ocurre es que como somos irrenunciables también somos despreciados por la ciudadanía. La misma gente que vota por sus parlamentarios dice, bueno, como no pueden renunciar, aunque no lo tengan muy claro, son míos; dependen de mí, y por tanto cada vez que me pregunten por ellos, tengo la peor opinión. Quiero saber dónde va a estar su lista de asistencia. Le aseguro que ningún chileno sospecha que estábamos todos los diputados en comisión trabajando a estas horas.

No, porque ustedes no lo han dicho.

– Yo me he encargado. Me he hecho cargo del Canal de la Cámara y espero de muchísimos más instrumentos comunicacionales para ayudar al mejor conocimiento de la Cámara de Diputados. Me impresiona lo mal comunicado que está el trabajo legislativo acá. Y de todas maneras hay algo que no tiene solución. La Cámara de Diputados es más plebeya que el Ejecutivo, que es más monárquico, más nítido. Yo les pregunto a amigos míos: “Oye, ubicas a Bitar”. “Ahh, ministro de Educación”, altiro se produce el enlace. Lagos, ministro de Obras Públicas. Y fíjese bien, que los presidentes de la República, los que tenemos hoy día, no han sido parlamentarios, salvo Aylwin, porque Frei Ruiz-Tagle es una excepción, que pertenecía a una matriz más política. Pero de todas maneras hubo diecisiete años de divorcio del período parlamentario. Y después tenemos a Michelle Bachelet, ministra, Ricardo Lagos, ministro, y por lo tanto, hay un castigo enorme al ejercicio soberano. Eso a mi me parece muy injusto.

La Presidenta

¿Cómo te llevas con la Presidenta?

– Tengo dos tipos de relaciones. Una que es familiar, que yo honro y respeto, la estrecha relación que tiene mi madre con ella, y mi abuela por el lado de Carlos, con la mamá de la presidenta. Yo no tengo esa relación, no soy parte de su círculo íntimo ni pretendo serlo, ni soy un hombre de sus filas. No soy hombre del bacheletismo. Soy militante de un partido que es miembro de su coalición, punto. Y mi compromiso son de los máximos. Tal como ella nos exige lo máximo y nos obliga a aprobar leyes recurriendo a la suma urgencia en no se cuántas horas, yo también le voy a exigir lo máximo en lo que he hecho y voy a ser extremadamente crítico y severo.

¿Y cómo ves al Gobierno de Michelle Bachelet?

– Muchísimo mejor de lo que podría estar haciéndolo la derecha hoy día. Cuando veo a la derecha en el Congreso, cuando la veo desplegada en su discurso, creo que este Gobierno lo está haciendo mejor. Pero también le puedo decir que sí soy un crítico, porque creo que las cosas se pueden hacer, a mi juicio, con más celeridad y mayor ambición.

¿Crees que Michelle va lento?

– Creo que se puede ir más rápido y que, a su vez, lo más difícil se hace al principio y no al final.

Pero hay un proyecto que es muy importante, la Reforma Previsional.

– La Reforma Previsional está en comisión evaluativa. Bueno, en eso tengo una diferencia bien de fondo. Lo complejo se hace al principio de los gobiernos, y Ricardo Lagos intentó una estrategia parecida y le fue mal. En sus primeros tres años Lagos habló de Internet y el Auge apareció en el segundo trienio. Y está mejor evaluado ese segundo trienio. Creo que el deber de presidente es ser un combatiente, alguien que entiende que aquí el tiempo es oro y que tiene que ser altiro: la urgencia hay que plantearla hoy día y no tratar de hacer una economía política extraña que consiste en que cuando yo sea más fuerte presento los proyectos, en una especie de pragmatismo falso.

¿Qué te han parecido los episodios últimos en la política? ¿Tienen importancia que se censure a la mesa, que se presente un proyecto de eutanasia?

– A ver, primero yo estoy completamente a favor de ese proyecto. No lo firmé, pero estoy a favor. Me parece inaceptable lo que han propuesto algunos, y digo algunos porque soy muy amigo de Soledad Alvear. No un gran amigo, pero tengo una relación de confianza y de respeto mutuo, y enemigo de lo que han hecho algunos diputados DC. Quiero recordar que soy nieto de Rafael Agustín Gumucio, fui educado por él, viví con él diez años. El estuvo en la junta de Peñaflor y le tocó una doble misión, que fue irse de la DC. Conozco el espíritu democratacristiano muy bien, y quiero decirle a esos DC, a esa parte de la DC que se sienta muy cómoda para irse de la Concertación, porque si nos van a proponer una relación de fuerza y distorsión permanente para legislar, yo les digo sinceramente “no se compliquen, las puertas están abiertas”. Nadie va a retener a esa parte de la DC.

Y en la política, ¿qué temas te atraen, económicos, constitucionales, los temas de la salud, alguna cosa especial?

– Una aproximación filosófica a todos los temas. Hay libertades negativas y positivas, derechos negativos y positivos. A diferencia de muchos concertacionistas, yo sí creo en los problemas; creo que lo único que importa en la vida es buscar problemas, es dónde están los problemas, y yo los ando buscando. Entonces, ¿Qué me gusta a mí en general? Lo que tenga problemas. En donde haya conflicto, me parece que voy a tener que estar.

¿Qué te atrae tanto de París?

– Que las calles eran la extensión del living. Que sales a caminar y es como que estuvieras en tu casa. El departamento de mi abuelo, que todavía tenemos, lo tiene mi madre, es treinta metros cuadrados, en el centro de París.

¿Te gusta la política internacional?

– Mucho.

¿Qué piensas de la situación de Chile con Bolivia?

– Me parece que ahí hay una oportunidad. Soy un hombre que cree que lo inaceptable es que la diplomacia chilena sea cínica. Es una diplomacia que es lame botas, que es cobarde. Capaz de cosas increíbles, como articular discursos totalmente basados en mentiras, como fue el caso de la defensa de Pinochet, y al día siguiente se contradice y tenemos a Fujimori preso aquí, y al Gobierno no lo he visto.

En nuestras relaciones con Bolivia, ¿te gustaría que se buscara una solución, como algunos piensan, “mar para Bolivia”? ¿Crees en esa posibilidad, a través de un corredor?

– Fui educado en los años ochenta, en Francia, cuando la Comunidad Europea estaba en su auge. Yo no creo en las fronteras. Viví en un continente en que no se pide carné para pasar de una frontera a otra, en que hay una sola moneda, en que se llegó a unificar un continente con idiomas muy distintos. Y Latinoamérica, donde hablamos todos el mismo idioma, somos más enemigos de los peruanos de lo que son los franceses con los italianos, los franceses de los españoles, los franceses de los ingleses, los ingleses de los alemanes, los holandeses de los belgas, de los flamencos, de los suizos...

¿Pero entonces tú reiteras que es una solución para Bolivia entregarles mar?

– A mí me parece que es fundamental darle acceso al mar. Fundamental, primeramente porque es una oportunidad económica para Chile, y segunda, porque creo que un vecindario en pie de guerra con Chile es perder una cantidad de oportunidades para que sean menos pobres. Así de simple; creo que es un dato básico, una economía cerrada en términos fronterizos se cierra oportunidades.

¿Qué piensas de Aylwin?

– Un ser complejo.

¿Y de Frei Ruiz-Tagle?

– Un ser no complejo, lo opuesto.

¿Estás conforme con lo que es hoy la Concertación?

– Sí, como espacio de libertad, como espacio de tolerancia y como espacio multicultural.

¿Y hoy, no?

– No, cuando una parte de la DC logra hoy día infundirle terror a Fulvio Rossi... Hoy vi al diputado Rossi, flaco, temblando. Yo no lo quise decir, pero daba la impresión que el diputado se hubiese violado a alguien. Lo transformaron en criminal. Su único pecado es haber presentado una moción parlamentaria en la cual cree. El no impuso la eutanasia. Propuso algo para que tú dijeras te gusta o no te gusta. La oposición dijo “yo quiero la no eutanasia”.

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