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08 de agosto de 2006

La canción del caminante

Por Mo-Wi (a) “El Chino”

Me observó a través de la reja mientras regaba el jardín y me pidió un poco de agua: “¡Así, con la manguera nomás caballero!”, me dijo. Bebió con ansias mientras el agua le corría por la barba y se introducía por el cuello de su camisa. Lo observé durante la operación y noté que caminaba descalzo, que sus pies eran enormes,  cubiertos por el polvo, el barro, y las trazas de un hombre que ha caminado cientos, miles de kilómetros. Noté, además, su acento que no correspondía al de los galos:

- ¿Dé donde viene, amigo?- le pregunté.

- Para serle franco, señor, no lo sé...Ya no sé de dónde vengo ni para donde voy; simplemente camino: no voy a ninguna parte o quizás sí, es bien probable que llegue a algún sitio, pero no sé cual será ni cuando. Solamente camino por caminar.

- ¿Hace mucho tiempo que lo hace?

- Tampoco lo sé. Seguramente toda mi vida...

Le ofrecí entrar al jardín y descansar un rato antes de partir sin rumbo fijo. Posiblemente le gustaría beber otra cosa que agua, comer un guiso, compartir la mesa de otro errabundo que finalmente logró echar raíces en otro país, soñando que el copihue recién plantado diera algún día flores magníficas, que la planta de ají verde conservará esta primavera sus frutos, la menta para el “Mojito” alcanzara un perfume sin igual, que el repique de mis tomates me los prometiera jugosos y sabrosos, la viña que plantó La Huasa nos ofreciera por primera vez una uva rosada y moscatel, que mi nueva araucaria alcanzara mi estatura antes de partir en buscas del cosmos.

Entró y se limpió los pies, como si portara zapatos. Le ofrecí lavarse y me miró con incredulidad y agradecimiento al mismo tiempo. Toalla limpia y todo lo necesario al alcance de la mano para sentirse una vez más un ser humano como cualquier otro antes de pasar a la mesa.

La Huasa, sin decirme nada, sacó un par de mis camisas, ropa interior, pantalón y casaca, dejándolas sobre una silla en el baño.

Lo escuché cantar con su voz de tenor:

“...Si vas para Chile/ te ruego viajero/ le digas a mi amada/ que de amor me muero...”

Sentí un nudo en la garganta. Hacía tanto tiempo que no escuchaba esa canción de la nostalgia, que tanto daño me producía al escucharla en tertulias con otros chilenos. La Huasa se detuvo y dejó de poner la mesa para escuchar al Caminante y la vi estrujar una servilleta recién planchada.

Nos quedamos absortos escuchando y mirándonos con asombro.

Mismo en Ys, aquí donde mi universo pareciera limitarse a mis sueños y recuerdos, aquí donde viajo diariamente en la búsqueda de lo que un día fue nuestro, aquí donde mis plantas chilenas se empecinan a reclamar su auténtico suelo nativo, aquí donde el canto de los pájaros poseen melodías en un idioma que también me es extraño, aquí en mi refugio de paz

donde preservo la Belleza que hice mía, aquí donde observo pasar los últimos días mientras ansío mantener una juventud que se me escapa con el alma, aquí, en Ys, una vez más Chile golpea a mi puerta:

“...Mi pueblito se llama Las Condes/ y está junto...”

El Caminante conservó su barba de semanas. No obstante era otro hombre, que respiraba una salud de fierro, sin una pizca de grasa, sus músculos mostraban que su vida no consistió únicamente en caminar, sino que también trabajar para ganarse el pan de cada día.

Ofreció limpiar el jardín y hacer cualquier tipo de reparación.  En realidad no lo necesitaba, pero le dije que bueno, ya, pregúntale a La Huasa que pega puede darte.

Se quedó tres días.

Cada vez que traté de saber algo de su vida, respetuosamente me decía que ésta no merecía mayor importancia, que ya ni recordaba su nombre, que total no tenía sentido saberlo cuando solo se camina.

- ¿En qué piensas cuando caminas?

- ¿Es necesario pensar cuando se camina? Respondió con otra pregunta.

- Al menos sientes la necesidad de comentar contigo mismo lo que ves, las ciudades, países, campos, gente diferente, que sé yo...

Guardó silencio un largo momento y luego dijo:

- Es extraño: siempre llevo una canción en la mente mientras camino. Es como si estuviese caminando entre la que fue mi casa y mi trabajo, reconociendo cada calle, rincón, edificio, café, restaurante, adoquín, vereda, esquina, muro descolorido o pintado, ventana abierta o cerrada, vecino o vecina, árbol o flor, niño o abuela...

- Pero no necesitabas salir de Chile para caminar tanto...

- Es posible que esté buscando mi camino de regreso a la casa y no lo encuentro...

- Todo depende de dónde vienes: si del Norte, del Sur, del Este o del Oeste...

- Siempre sigo la ruta del sol, de la aurora al crepúsculo.

- Ahora estás al borde de la mar, aquí se terminan los caminos...

- Entonces caminaré sobre el agua...-, afirmó sonriendo.

El Caminante hizo maravillas en el jardín. Me enseñó dónde ubicar mis plantas, de qué manera regarlas y cuándo hacerlo, en qué época podar los árboles, cómo preparar un abono natural… a tener esperanza de que algún día mi copihue estalle en colores y un jilguero se detenga a beber su néctar, mi nueva araucaria se transforme en una niña hermosa y que reciba los choroyes que viajarán desde Chiloé para decirme los “Buenos días”, el ají estará de un verde transparente y crujirá entre mis dientes mientras lo parto de un mordisco, mi Huasa se sentará a la sombra del nogal y desde allí me verá doblar mi espalda, jardineando, envejeciendo.

El Caminante se fue sin ruido. A los pies de la escalera estaba la ropa que La Huasa le había regalado y en una hoja de cuaderno había escrito:

“...Si van para Chile, les ruego amigos, le digan a la que fue mi  tierra amada, que de amor aún me muero...”

Salí al jardín en esa aurora que nos anunciaba lluvia, corrí hacia la reja y desde allí miré la calle de Ys donde ya no había nadie, solo una lejana música que venía del pasado recorría mi País. Entonces, las primeras gotas comenzaron a caer, frías como esa mañana, lágrimas que se confundían con las mías; el día sería largo.

Tendría el tiempo suficiente para cantar mi nostalgia, detenido en el tiempo y el espacio, aquí, en mi último domicilio en la Tierra:

“Si vas para Chile...”

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