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Autoentrevista prescindible
Por Chelo
¿Qué se te metió en la cabeza que estás leyendo “Cómo hacer un testamento”?
- Nada especial; solamente hacerme una idea sobre cómo se redactan las instrucciones sobre lo que uno deja cuando se muere.
¿Tienes programado morirte luego?
- No todavía, pero me parece un buen ejercicio –después de tantas veces al borde de la muerte- hacer un chequeo sobre lo que tengo, lo que dejo y lo que no dejo.
¿Te refieres a lo material?
- Ese es todo un lío. Si muero, mi familia va a tener el tremendo problema de qué hacer con tanto cachureo. Estos libros y revistas viejas, tantos papeles, ropa, radios, cassettes, discos y cachivaches. Pero esa no es mi preocupación, porque al final basta con que abran de par en par las puertas de esta casa para que entre todo quien desee llevarse cualquier cosa. Y listo.
¿Entonces?
- Son las otras cosas las que quisiera que alguien aprovechara.
Los escritos...
- Los escritos son una buena parte de lo que soy y lo que he sido. Mis relatos, apuntes, poemas, artículos de opinión. Creo que eso podría servirle a alguien. Capaz que no le sirva a nadie... pero me daría mucha pena que quede todo en algún basurero...
Pero lo tienes todo en el computador...
- Casi todo. No he tenido tiempo en los últimos años de ingresar tantas cosas que hice antes de soñar siquiera con que alguna vez podría operar un computador.
¿Poesía?
- Poesía de niño, adolescente y joven. Pero también hay muchas canciones, divagaciones y apuntes históricos.
¿Fuiste historiador acaso?
- Alguna vez estudié muy a fondo la historia de Quillota, mi ciudad, para crear mi obra histórica, poética y musical, la cantata “Quillota, los siglos de esta tierra en nuestra garganta”. Eso fue entre 1970 y 1972.
¿Eso quedó solamente en el papel?
- No, la presenté con mi conjunto de canto, el “Grupo Tehuelche”, más de una vez en el teatro Portales en noviembre de 1972; la poesía fue relatada por el actor Toño Suzarte, muy querido y recordado amigo actualmente en Valparaíso.
...Pero a estas alturas habrá quedado en el olvido...
- Por supuesto. Las autoridades no se interesan por estas cosas. ¡Ni siquiera se fijan! Hace dos años ofrecí un concierto en el Teatro Municipal con varias de las artistas que estaban conmigo en esa época y recreamos parte de esta obra... pero no fue ninguna de las autoridades que invitamos. Solamente los dos concejales de la Comisión de Cultura. El Alcalde asomó su nariz por tres minutos para que lo vieran, nada más. Entonces, no sólo no tienen idea sino que tampoco les interesa la creación nuestra. Prefieren a los creadores afuerinos.
Estarás frustrado, supongo...
Claro que sí. Pero también reflexiono que sería mucho esperar que se me considerara como artista.
¿Por qué?
- Por lo mismo que laboralmente tampoco tengo éxito: porque no soy rastrero ni adulador con las autoridades o personas influyentes. Si no me pescan, no, no más.
¿Tienes muchos escritos?
- Muchísimos. Es que todas las semanas le doy algo. Imagínate lo que se junta en 30 años o más. ¡Estamos hablando de más de 1.500 semanas...!
Y ese trabajo ¿lo conoce alguien?
- Casi nadie. Con muy pocas excepciones.
¿Has mostrado tus poesías?
- Ese es un tema muy especial. Escribo harta poesía, pero sólo he desplazado dos trabajos. Uno es “Escalera rota en el circo de la vida”, un extenso poema de siete cantos que dediqué a mi hija Daniela. Hice una sola edición y se la regalé. Sé que la guarda con especial ternura.
¿Y el otro?
- El otro es una obrita harto contundente y candente; amorosa, dulce y erótica. Se llama “Papeles de una voz ingrata”; la escribí inspirado por una mujer a quien quise con locura. Pero no la alcancé a editar, porque le mostré la prueba y se la apropió. Como no pude hacer las correcciones que había marcado ahí, sencillamente la dejé en el archivo del computador. Nadie más la ha leído.
¿Y la Musa?
- La Musa se manifestó tremendamente impactada, muy emocionada. Su reacción fue un inmenso halago para mí.
Pero ¿qué fue de ella?
- De ella, nada. Tarde comprendí que a las mujeres no hay que confesarles amor porque les hace mal. Se sobrevaloran y te miran en menos. Finalmente se van y a eso seguramente contribuyó mi obra poética desenfrenadamente ardiente. Eso fue.
Pero ¿no has hecho público nada más?
- No. Pero es curioso y me da mucha risa. Muchas personas me han dicho que soy un muy buen poeta. ¡He recibido hasta distinciones “por siembra de poesía”! No sé de dónde sacan...
O sea, ¿elogian tu poesía y no la conocen?
Eso... Dan por hecho que tengo que escribir poesía y como quieren agradarme, me alaban. No comprenden que alguien escriba y no publique. ¡Vaya a entender uno...!
Tus canciones sí que las difundes...
- Antes del golpe, cuando era una verdadera fábrica de canciones, textos, teatro, pinturas... ¡todo! Por los años 71 y 72 participábamos –con mi recordado “Grupo Tehuelche” – en un programa de Canal 4 UCV TV y ahí mostramos parte importante de mis creaciones, incluyendo algunas instrumentales.
¿Nada más?
- Bueno, por esa época participaba en la peña de la Universidad de Chile de Valparaíso y cada semana mostraba al menos un tema propio. También en la peña folclórica que dirigí en Quillota, solo o con mi grupo cantábamos mis canciones.
¿Y después?
- Después, prácticamente nada. Entre 1985 y 1995 mantuve cafés concerts en Quillota y se daba el ambiente para mostrar esas cosas. Después, nada más. Excepto...
Excepto ¿qué?
Excepto el concierto de hace dos años en el Teatro Portales, donde presenté temas míos y poemas de Nicanor Parra y Pablo Neruda a los que puse música, todo con la orquestación de mi hijo Guillermo y el acompañamiento de mi hijo Marcelo.
¿No tienes más publicaciones?
- Claro, pero tuve una tremenda decepción cuando publiqué “La Última Puerta, apuntes sobre el tema del suicidio” y “Relatos”. Fue una edición artesanal y muy limitada, pero la regalé a amigos muy cercanos, compañeros y compañeras de trabajo, a mi empleador de entonces y familiares. Poco tiempo después comprobé que sólo mis familiares lo leyeron y lo tienen presente. Los amigos y amigas ¡ninguno! ¡Ni uno sólo me comentó nada...!
Nadie... ¿nadie?
- Bueno, una ex amante me llamó para decirme: “Chelo, ¿qué chuchas te hicieron que escribiste esta porquería?” Lo de “porquería” era por la forma de abordar el tema del suicidio.
Y ¿era porquería?
- Literariamente, no. Pero si alguien –como ella– esperaba leer un tratado sicosociológico sobre el tema o una ponencia condenatoria contra los suicidas, se equivocó.
¿Aparecías apoyando el suicidio?
- Apoyando no: comprendiendo. La historia que cuento es la de un hombre que cae en lo más profundo del abismo vital. Y mis tesis son básicamente dos: primero, que el suicidio nunca es espontáneo, sino se produce después de una larga evolución, de mucha reflexión.
¿Segundo?
Segundo: que el suicida se quita la vida en la más absoluta convicción de que la vida le es tan adversa, que cualquier cosa que sea la muerte va a ser mejor que lo que está viviendo.
¿Te quitarías la vida?
- No lo creo. He sufrido harto, ¡pero lo paso recontra bien! La única razón por la cual me quitaría la vida sería si quedara inútil o me diagnosticaran una enfermedad incurable. Entonces preferiría irme al otro lado en vez de martirizar a los demás, esclavizando a alguien para que me cuide.
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