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08 de agosto de 2006

Pinochet traficante: nada nuevo

Señor Director:

No sé por qué han provocado tanta extrañeza las declaraciones del jefe de torturadores y asesinos, general Manuel Contreras, cuando declara que el dictador Pinochet hizo su fortuna con el tráfico ilegal de narcóticos y armas.

Lo novedoso es que ahora lo dice quien fuera el brazo derecho de Pinochet.

Pero les recuerdo que ya a fines de los ’90, fue publicado el libro “La delgada línea blanca”, donde dos periodistas, uno chileno y uno argentino, revelaron la corrupta relación de sus respectivos gobernantes con la venta de drogas y armas: Pinochet en Chile y Menem en Argentina. La parte relacionada con este último país fue realizada por el periodista trasandino Juan Gasparini, que todavía enfrenta juicios en su contra. Pero en Chile los personeros de la dictadura, partiendo por el propio Pinochet, nunca dijeron ni pío para desmentir alguna palabra de ese libro.

Dos datos para quienes no lo hayan leído: en 2000, recibió el Premio Rodolfo Walsh en la "Semana Negra" de Gijón (España) a la mejor obra de literatura de no ficción. Y segundo, en Internet hay abundante material sobre el contenido del libro, porque el texto nunca fue puesto en la Red.

Un abrazo,

Mauricio Romero V.
Periodista

Directo al infierno

Estimado Miguel:

Ojalá que publiques esta opinión, porque quiero compartir con todos mis deseos de que el cura Jorge Galaz se vaya derechito al infierno sin intercesión de su iglesia, cuyos jefes ya habían intentado protegerlo y silenciar los repugnantes delitos que cometió.

Como director del Cottolengo de Rancagua, este asqueroso cura ultrajó sexualmente durante largo tiempo a dos menores, un niño y una niña, ambos deficientes mentales.

Cualquier sanción es pequeña frente a la magnitud de estos delitos atroces. Este y otros degenerados nunca pagarán a sus víctimas ni a la sociedad el daño causado. Al menos espero que lo encierren en la cárcel sin ningún beneficio, hasta que llegue a pedir a gritos que lo maten... pero el peor castigo tendría que ser seguir viviendo.

Pero que quede claro en este caso como en otros en los que sacerdotes aparecen imputados por delitos sexuales. Cada vez que esto ha sucedido, la jefatura eclesiástica se apresura a defender a los depravados. No olvidemos que un obispo del sur, a quien conocíamos como defensor de los derechos humanos, llegó a esconder y mandar a Bolivia a un cura pedófilo para evitarle su castigo.

Ojalá que estos casos motiven a la ciudadanía a denunciar todos los casos de que tengan conocimiento, sin importar que los agresores sean curas, profesores o familiares de sus inocentes víctimas.

Felicitaciones por tu medio, que siga siempre adelante.

Desde Atlanta, Estados Unidos,

Mario Torres Fonk
Folclorista chileno (ex de Quilpué)
folktorres@latinmail.com

Por qué no quiero votar como
chileno residente en el extranjero

Diversas organizaciones de chilenos en el extranjero y compatriotas en muchas partes del mundo están promoviendo con entusiasmo la aprobación de una ley que nos dé derecho a voto, si no en todas las elecciones que se realizan en nuestra patria, por lo menos en las más importantes a nivel nacional.

Yo no quiero ese derecho a voto.

Yo no quiero ese derecho a voto mientras no se remplace el sistema de elecciones binominal heredado de la dictadura por uno proporcional, que permita una auténtica representación de todas las corrientes políticas.

Yo no quiero ese derecho a voto porque no quiero avalar con mi voto, un sistema electoral que es injusto y antidemocrático.

Yo no quiero ese derecho a voto porque no quiero encontrarme en la disyuntiva de tener que votar por "el mal menor", como ha tenido que hacer hasta hoy la mayoría de los compatriotas que viven en el país.

Yo no quiero ese derecho a voto porque no quiero legitimizar con mi voto a una clase política que en su conjunto ha engañado abiertamente al país con promesas electorales incumplidas por 16 años.

Yo no quiero ese derecho a voto porque no quiero que con él se me imponga el dilema de tener que ejercerlo responsablemente en la ausencia de candidatos que puedan representarme.

Yo no quiero ese derecho a voto porque no quiero ser cómplice de la faramalla de democracia que existe en nuestra patria.

Yo no quiero ese derecho a voto porque no quiero ser partre de la farándula política chilena.

¡Gracias!

Serafín Rodríguez
serafinrodriguez@adelphia.net

Por qué hay que votar en las elecciones

Si uno quiere que algo cambie hay que darle poder de negociación a la izquierda, la verdadera oposición en Chile.

Para ello hay que poder votar, ya que si la izquierda (Juntos Podemos, Comunistas o como se llame), obtiene más de un 12% en las presidenciales -por ejemplo- significa que puede obligar al candidato que decida apoyar a cumplir lo que dice ya que en la segunda vuelta -con esa votación- asegura la elección del que apoye, y los puede obligar a firmar un acuerdo, a negociar desde una posición de fuerza con el "partido único" que gobierna en Chile (me refiero a la alianza táctica entre RN-UDI y Concertación).

Es decir, tirar esa posibilidad a la basura y dejarles el campo a los que siguen mangoneando y administrando la herencia de la dictadura sin querer cambiarla porque los beneficia (tanto a la Concertación como a los exaplaudidores de Pinochet hoy botados a

"demócratas") es un error, si uno quiere que algo cambie en Chile.

Los cambios nunca han sido aceptados por los antecesores de los que hoy gobiernan, siempre fueron producto de una acumulación de fuerza electoral, social, política y económica de las clases populares, los pobres, los que son más en Chile y si nosotros desde el extranjero podemos ayudar aunque sea con una raya en un papel, debemos hacerlo.

Saludos,

Álvaro Rojas
a.rojas@t-online.de

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