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11 de julio de 2006
Chelo

Ese insaciable apetito de poder

Autoentrevista prescindible
Por Chelo

Llevaste el televisor a tu cuarto de trabajo. Te encuentro viendo los noticieros al tiempo que examinando el diario La Nación –en papel– y escudriñando archivos en tu computador. De fondo, el resumen informativo horario de Radio Bio Bio.

¿Por qué tanta avidez noticiosa?

- No es avidez de noticias, sino de comprender esto que pasa con la clase política.

¡No trates de comprender eso! ¡Te volverás loco!

- Si sólo intento comprender una parte mínima en el comportamiento de los políticos; apenas un pequeño detalle.

¿Cuál?

- De dónde les nace ese indisimulado apetito de poder.

Pero eso todos lo sabemos...

- Lo que conocemos es su insaciabilidad, no el origen de las apetencias.

Un ejemplo

¿Qué te dio por tratar de entender lo inentendible?

- Es que Frei Ruiz Tagle me sorprendió; no lo hubiera sospechado.

¿Qué?

- Que tuvo una carrera meteórica desde que decidió entrar a la política. En un dos por tres fue elegido presidente de la Democracia Cristiana, acto seguido, senador y luego Presidente de la República.

Nada extraño, porque tenía esas dos cualidades de incalculable valor político: el nombre y el apellido.

- Por cierto, pero es que después de seis años como Presidente se quedó como Senador Vitalicio.

¿Y eso te sorprende? ¡Si la dictadura dejó esa opción y la derecha no la quería derogar! La derecha tenía sus senadores designados y era justo que la Concertación ocupara el espacio de su Ex Presidente.

- Sí, lo comprendo y está bien. Pero es que ahora Frei quiso seguir adelante y fue de senador por la Décima Región... y sin competidor dentro de la Concertación.

Bueno, parte de los vicios del sistema binominal...

- Es que ahora viene el fenómeno que quisiera que alguien me explique: ya había sido presidente de su Partido, después Senador, a continuación ¡Presidente de la República! ¡El cargo más alto de nuestra Nación! Vuelve al Senado como Vitalicio y después nuevamente a la Cámara Alta como elegido...

Todo eso ya lo detallaste.

- Es que para cualquier persona bastaría con eso. ¡Pero desde diciembre y hasta marzo, vimos a Frei librar una batalla campal, en todos los frentes, para ser presidente del Senado...!

No había reparado en eso.

- Me gustaría saber de dónde nace tan insaciable ambición de poder... ¡Si ya ejerció el más alto cargo de la Nación! ¡Por qué esa desesperación por ocupar ahora la Presidencia del Senado? ¿Lo entiendes?

Él dijo que para que al recibir la Banda, Michelle Bachelet estuviera acompañada por dos ex Presidentes de la Concertación: Lagos que se iba y él, que le iba a terciar la Banda...

- Es que eso no lo puedo creer. Es algo más allá que el mero simbolismo. Si no, habría que haberle buscado alguna intervención a Patricio Aylwin en la ceremonia de traslado.

Más y más...

Pero no tenemos para qué volvernos locos tratando de entender un fenómeno específico, que involucra apenas a una persona.

- Es que hay más, mucho más. ¿No viste las disputas públicas y evidentes por ocupar cargos antes de las elecciones del año pasado?

¿Como cuáles?

- Te voy a mencionar el caso de Adolfo Zaldívar. Quería ser el precandidato presidencial de la DC a pesar que todas las encuestas daban a Soledad Alvear como favorita.

Eso es legítimo en una democracia ¿o no?

- Sí, pero mientras el PS-PPD-PRSD ya apoyaban oficialmente la precandidatura de Bachelet, Zaldívar postergaba la decisión de la democracia Cristiana que él presidía sólo porque quería ser él el precandidato.

¿Qué importancia tiene eso?

- Que la DC se demoró en elegir oficialmente su precandidato y permitió que Bachelet ganara tiempo y terreno.

Pero después se normalizó...

- No: después que perdió en la interna, el mañoso de Zaldívar siguió demorando la proclamación oficial de Alvear en su Partido para posicionarse mejor y negociar la repartija de cargos. Y Soledad siguió perdiendo terreno ante una Bachelet a toda marcha.

¿Qué tiene que ver esto con el tema del poder? ¡Si sólo fueron movidas políticas!

- Tiene mucho que ver, porque Adolfo Zaldívar pretendió primero asegurarse que Alvear se sometiera a él como candidata y posiblemente Presidenta. Fue uno de los factores que detonaron la renuncia de la actual Senadora.

Y ahí se terminaron las aspiraciones del Colorín Zaldívar.

- ¡Para nada! Cuando se desplomó la precandidatura de la DC, el Colorín siguió tardando las cosas. Ahora demoró la designación de los representantes democristianos en el Comando de Bachelet.

¿Para qué?

- Para poner pura gente de su bando, excluyendo a quienes apoyaron la precandidatura de Soledad. Y eso fue lo que hizo.

Pero no pudo colocar a su gente en el Gabinete de Bachelet.

- Es que la Presidenta no le aguantó. Además, iba a dejar la presidencia de la DC y todo indicaba que su “delfín” Jaime Mulet iba a perder las elecciones internas, como sucedió.

¿Las perdió todas, entonces, Zaldívar?

- No, porque igual mantiene sus cuotas de poder. Pero no tiene todo el poder que pretendía. Eso es cierto.

Una situación extrema

Es que debe ser rico ejercer el poder.

- Así debe ser, pero lo que no entiendo es que algunos se vuelvan locos por tener mucho poder, ojalá sin límites.

De todas maneras, son casos aislados...

- No tanto. Fíjate que casi todos los presidentes de partido son senadores. Senadores que no van a hacer bien su pega legislativa porque tienen que dedicarle tiempo a dirigir su partido.

¿Sin excepciones?

- Hay sólo dos excepciones: Sergio Bitar en el PPD, que dice que no va a ocupar cargo alguno; es decir, que no va a tener otro pituto. Y Carlos Larraín, que sólo es concejal y ahora preside Renovación Nacional. ¡Ah! Y, bueno, el Partido Comunista: Jorge Teillier obviamente no es parlamentario.

¿Y los demás?

- Observa los presidentes: en la UDI, el senador Hernán Larraín; en el Partido Socialista, el senador Camilo Escalona; Partido Radical, el senador José Antonio Gómez y en la Democracia Cristiana, la senadora Soledad Alvear.

Es que no había reparado en eso...

- Eso que significa que estos a ciudadanos no les basta el poder que les da ser senadores –que ya es harto- sino además quieren ejercer mando sobre sus partidos, los militantes, ministros, jefes de servicios y parlamentarios.

Períodos parlamentarios

Al menos ellos dicen que se sacrifican por la patria...

- No dudo que muchos se sacrifican, pero no siempre le hacen un favor a la patria.

¿A qué te refieres?

- Frei y Lagos gobernaron seis años y no alcanzaron a hacer lo que proyectaban. Ahora rebajaron el período presidencial a apenas cuatro años. Bachelet ya ha advertido que en ese período no se puede lograr grandes cambios.

¿Qué tiene que ver el tema del poder con eso?

- Que los señores parlamentarios prefirieron cortarle las alas a los Presidentes pero no perder ni un par de meses metidos en el Poder Legislativo.

¿Cómo así?

- Mira: el gran argumento para modificar el período presidencial fue hacer coincidir las elecciones de Primer Mandatario con las parlamentarias.

Entiendo.

- Entonces, estaba la posibilidad de dejar los seis años del Presidente y subir el período parlamentario a seis años los diputados y doce los senadores.

¡Extremadamente exagerado! ¡Insoportable, inmanejable e impresentable...!

- Eso es, pero la otra posibilidad era rebajar los períodos parlamentarios a tres años los diputados y seis los senadores (ahora son cuatro y ocho años).

Eso era mucho más razonable...

- Pero los parlamentarios no lo aceptaron ¡por ningún motivo! ¡Ni siquiera lo analizaron!

¿No había una salida intermedia?

- Había otra: dejar el período presidencial en cinco años. Y ahí los senadores podían ejercer diez o cinco años y los diputados, cinco o dos años y medio.

O sea, períodos muy largos o muy cortos, según ellos.

- Por supuesto que les salió más fácil acortar el período presidencial, aunque pierda el país. Pero ellos no perder ni un sólo día de estar en el Congreso.

¿Es un asunto de plata?

- Tengo la convicción que no, que la mayoría de los parlamentarios puede ganar mucho más ejerciendo sus profesiones en el sector privado. Es un asunto exclusivamente de poder. Es la insaciabilidad de poder.

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