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30 de mayo de 2006
Periodista Juan BertolóPeriodista Juan Bertoló, muerto en el calabozo de una Comisaría.
Portada Proa RegionalAsí tituló su muerte el diario en el que trabajaba Bertoló.

Yo reporteé la muerte del periodista Juan Bertoló

Por Miguel Tapia G.

Juan Manuel Bertoló Rivas murió en un calabozo de la Comisaría de Carabineros de San Antonio el 10 de febrero de 1990. Su nombre aparece incluido en el Memorial de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos del Cementerio General de Santiago.

Llegué a reemplazarlo como reportero del diario Proa Regional de San Antonio y corresponsal de Radio Cooperativa en la misma ciudad, el 1 de marzo de 1990. Por cierto, el ambiente era tenso cuando faltaba apenas una semana para que Patricio Aylwin asumiera como primer Presidente de la época post dictadura. Me correspondió cubrir la última ceremonia pública oficial presidida por Augusto Pinochet: la inauguración de la Ruta de la Fruta, el 4 de marzo.

Las primeras relaciones y amistades que cultivé en San Antonio me advirtieron desde el comienzo que debía tener mucho cuidado, porque habían asesinado a mi antecesor. Por meses, la ciudadanía local estuvo conmocionada por el denominado “Caso Bertoló”, que obviamente constituyó mi primera investigación periodística en esa ciudad.

El periodista Bertoló era amigo del empresario gastronómico de El Quisco Milán Ceric. Días antes, Ceric –de militancia radical- había sido notificado que el primer gobierno de la Concertación lo había designado Gobernador Provincial de San Antonio. A pocos días de asumir el cargo, el flamante Gobernador invitó a sus amigos al restaurante que tenía en El Quisco y los agasajó con abundante comida y trago.

Los datos que reuní durante meses me indicaron que después de beber harto vino y whisky, Bertoló resolvió irse a San Antonio. Tomó un colectivo que lo dejó en la plaza del acceso a la ciudad, donde pretendía abordar otro vehículo para llegar a su casa, enclavada en el cerro del sector. Se sentó en un escaño, tal vez porque se sentía mal.

Los carabineros lo encontraron ahí, roncando, y se lo llevaron detenido. En la Comisaría, lo tiraron en el calabozo y no se ocuparon más de él.

Esa mañana, al ir a sacarlo del encierro, los carabineros lo encontraron muerto. El asunto complicó a los policías desde el comienzo, y actuaron mal. Se desesperaron porque indudablemente los culparían de la muerte.

Y cómo no, si por esos días Bertoló investigaba los extraños robos perpetrados en las oficinas locales de Esval por parte de una banda en la que participaba un carabinero.

Además, todo el mundo afirmaba que había ejercido fuerte oposición al régimen de Pinochet, porque era militante socialista. Incluso, autoridades de ese partido asistieron al funeral, con discursos y todo.

Negligencia criminal

¿Qué sucedió, en realidad?

Después de varios meses, llegué a la convicción que no se trató de un homicidio, sino negligencia culposa criminal de los policías.

Cuando lo encontraron en la plaza, Bertoló estaba bebido, no ebrio como se dijo. Y no dormía, aunque sí roncaba. Había sufrido un infarto cardíaco, y por eso la dificultad y ruido respiratorio. Pero los carabineros lo dieron por borracho, y lo llevaron para encerrarlo en el cuarto oscuro y maloliente reservado para delincuentes y borrachos. Allí, el paro cardiorespiratorio hizo crisis, agravado porque había sido sacudido violentamente por sus aprehensores. Por eso murió.

El periodista –agudo investigador- estaba separado de su familia y compartía su vida en San Antonio con una conviviente. Fue ella quien recurrió a diversas instancias de Derechos Humanos para denunciar el crimen. Pero en Santiago, su cónyuge e hijos dijeron otra cosa, porque sabían que tenía antecedentes de afección cardiaca. Por eso, no es casual que una hija suya haya reclamado airadamente porque su nombre aparece en el Memorial de víctimas de la dictadura.

Y los socialistas de San Antonio –por su parte- saben muy claramente que nunca fue militante de esa colectividad. Aseguran que más bien era nacionalista, aunque se declaraba apolítico. Pero igual hubo discursos políticos en el cementerio...

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