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09 de mayo de 2006
Miguel Tapia G., Periodista

Estudiantes en la calle

Miguel Tapia González
Periodista

Nuevamente el movimiento estudiantil está cobrando fuerza en los niveles secundarios, después de largos años de desorganización y desmovilización. Durante años, grupos de estudiantes salían a las calles impulsados por organizaciones políticas que se aprovechaban de ellos para sus propósitos.

Ahora no.

En los últimos días, los estudiantes han salido a protestar por el alza desmesurada en el valor de la Prueba de Selección Universitaria, PSU. El reajuste aplicado al monto que tendrán que pagar los que egresan este año de la Enseñanza Media, supera largamente el IPC y cualquier otro parámetro que se quiera considerar. Por cierto, está demasiado lejos del precario incremento en los niveles de salarios que percibimos los chilenos.

Creo que el Gobierno está metiendo la pata a fondo motivando a los estudiantes a protestar, porque cualquiera entiende que esta vez tienen toda la razón.

¿No se podía haber sacado recursos fiscales si se detectó un déficit en la administración y aplicación de la PSU? Parece que las autoridades de Educación no han sido informadas de que nunca antes en toda nuestra Historia las arcas fiscales habían estado más repletas de dólares que ahora. ¡Si vamos a guardar dinero en el exterior…!

¡Y no hay plata para financiar la Prueba que todos los estudiantes desean rendir y esperan aprobar! La PSU no es un privilegio –no debiera serlo– sólo de los estudiantes de familias acomodadas. Es una injusticia demasiado grande subir el valor que se cobra por rendirla. ¡Si debiera ser absolutamente gratis, porque es un derecho, no una mercadería…!

El Gobierno habría tenido una tremenda manifestación de agradecimiento popular si hubiese anunciado que desde ahora en adelante la PSU va a ser gratuita. Pero no: se optó por subirla, para hacerla inalcanzable a los más pobres.

Este tipo de cosas irrita a los jóvenes y a sus familias. Los mueve a organizarse, coordinarse y protestar para echar afuera toda su ciega indignación. Ya los escuchamos gritar improperios contra la Presidenta Bachelet. ¿Cómo les exigimos respeto si la sociedad los está provocando?

Espero que esta oportunidad que el Gobierno ha dado a los estudiantes para organizarse y manifestarse públicamente, sea aprovechada en forma positiva. Los gremios y las organizaciones crecen en la adversidad. Debieran surgir liderazgos positivos entre la muchachada para encauzar estas inquietudes y la con siguiente rebeldía.

Lamento muchísimo que el Gobierno no esté al lado de los jóvenes más pobres, porque la imagen que proyecta es que está absolutamente contra ellos.

Ha habido protestas que unos pocos delincuentes aprovechan para perpetrar todo tipo de fechorías amparados en los movimientos estudiantiles. Deseo fervientemente que no nos confundamos. Los estudiantes protestan sobriamente porque tienen razones. Los antisociales perpetran delitos haciéndose pasar por estudiantes, cuando en verdad son lumpen.

Ojalá sepamos diferenciar y no nos equivoquemos.

Lo siento mucho… ¡mucho!

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