Por: Luis Bilbao
De: Revista América XXI, abril de 2006
La Casa Blanca prepara una agresión militar a gran escala. No es sólo contra Irán; también Sudamérica está en la mira.
El Pentágono tiene líneas de inequívoca proyección bélica hacia el Sur del Río Bravo, mientras el Departamento de Estado opera sin tapujos tras propósitos tales como lograr la secesión de países clave, demoler instancias como la CAN y el MERCOSUR, exacerbar conflictos reales y ficticios entre los países del área.
Son medidas complementarias apuntadas a contrarrestar el movimiento convergente plasmado en la última reunión Cumbre de las Américas y simultáneamente, a crear conflictos que eventualmente deriven en enfrentamientos armados.
Estrategia desesperada pero inteligente. Con total descaro, USA promueve la separación del Estado de Zulia en Venezuela y el departamento de Santa Cruz en Bolivia. Aunque el conflicto por la construcción de plantas de celulosa en Uruguay tiene entidad real, ha sido magnificado, tergiversado y puesto fuera de control. Al absurdo de una confrontación entre Argentina y Uruguay, además de la torpeza a uno y otro lado del Plata contribuyó pública y clandestinamente la diplomacia estadounidense, mediante la CIA, sus agentes en embajadas y gobiernos, sus inefables columnistas en los medios de difusión masivos.
Lo mismo vale –con la intervención de Bancos y multinacionales sumadas a ese ejército en las sombras- para ahondar en la CAN y el MERCOSUR conflictos económicos fincados en la irremediable competencia capitalista por apropiarse de mercados y ganancias.
a arremetida con los TLCs es una llave maestra de esa estrategia. No hay modo de eludir u ocultar la realidad: Washington promueve la fragmentación en América Latina y el Caribe ;pretende que el bloque de fuerzas que lo derrotó en Mar del Plata se vuelva contra sí mismo, se desangre y además justifique la intervención militar de los portadores de la paz y de la democracia.
La guerra es su último recurso para recuperar la iniciativa política en la región; para detener el volcánico cambio en las relaciones de fuerza en su perjuicio.
Tanto en la amenaza a Irán como en la escalada suramericana hay razones económicas de fondo que alimentan el mecanismo agresor.
La reiterada suba de tasas de la Reserva Federal estadounidense traduce la presión del inconmensurable déficit gemelo, advierte sobre una recesión en el corazón de la economía mundial y anuncia malos tiempos para el capital en todas las latitudes.
La rebelión juvenil en Francia no es fruto de la impericia de un funcionario: es expresión de la lucha de clases congelada durante mucho tiempo y reavivada ahora por impulso de la crisis: en su doble combate contra la caída de la tasa de ganancia y la disputa por los mercados del mundo. La Unión Europea tiene como desventaja la rémora de conquistas sociales vigentes pese a la arrolladora ofensiva de las dos últimas décadas: un obrero francés trabaja como promedio 1.431 horas anuales, contra 1.822 de uno estadounidense.
En el otro hemisferio las cosas son peores: Corea del Sur exprime a sus trabajadores durante 2.390 horas anuales. En Francia trabaja sólo uno de cada seis habitantes entre 60 y 64 años; en USA, uno de cada dos. Allí esta la razón de la Ley de Villepin: "el capital francés necesita disciplinar a su clase obrera para extraerle más plusvalía absoluta y relativa; y comienza por los jóvenes, en el supuesto de que ofrecen menor resistencia”.
El error de cálculo acaso indique que la clase obrera europea comienza a salir de de su prolongado letargo. La irrupción en el escenario de un millón de inmigrantes indocumentados en California –respaldados por franjas significativas de la burguesía estadounidense que necesita de esa mano de obra rehén y barata- es igualmente un signo elocuente de los novedosos efectos políticos detonados por la fuerza subterránea de la crisis económica.
Es allí donde radica la agresividad del capital en todo el mundo, los riesgos de ataque nuclear a Irán y el chantaje a Suramérica.
Meses atrás el secretario de Defensa Domald Rumsfeld viajó a Paraguay y Perú para ajustar el mecanismo político y militar en la región. Ahora es el jefe del Comando Sur del ejército imperial quien toma la palabra: "vemos influencia de Venezuela en varias eleccione, como las de Perú y Nicaragua...estamos preocupados... Seguimos sin estar convencidos de que la amplitud y profundidad de la acumulación (de armas) se origine en preocupaciones venezolanas por la defensa nacional", dijo el general Bantz Craddock,con la prensa mundial como altavoz.
Son amenazas desembozadas de intervención armada contra el proceso en curso en Suramérica.
Quien soslaye la necesidad de abroquelar fuerzas contra la demencia de los centros imperiales, sea gobernante, dirigente de izquierdas o protagonista social, no estará incurriendo en error u omisión. Será llanamente su cómplice.
Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso