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25 de abril de 2006
Miguel Tapia G., Periodista

Industria del horror

Miguel Tapia G., Periodista

Es que uno espera otra cosa muy distinta de un servicio del Estado bajo administración de un Mandatario que se precia de ser de izquierda, como Ricardo Lagos. Y, ahora, con una Jefa de Estado con formación socialista desde su más temprana adolescencia.

Por cierto, también esperábamos la mayor sensibilidad de las reparticiones fiscales durante el tormentoso período de la reconstitución democrática; es decir, de los gobiernos de Aylwin y Frei Ruiz Tagle.

Pero no. Desde los albores de la transición, el Servicio Médico Legal (SML) ha funcionado como una verdadera industria del horror, donde sucede lo más inesperado logrando estrujar de dolor a mucha gente, prolongando el sufrimiento hasta más allá del límite de la vida.

El dolor viene de atrás

Fue en 1993 cuando el SML comenzó a entregar con certeza las primeras identidades de los restos de detenidos asesinados por los agentes de la dictadura y hechos desaparecer.

Los mataron y en vez de entregar los cadáveres a las familias para que cumplan el ancestral rito de honrar a sus muertos, los fueron a enterrar subrepticiamente en el Patio 29 del Cementerio General. En algunos casos, metieron dos y tres cadáveres en un mismo hoyo. Mofándose, Pinochet justificó esta práctica diciendo que era para ahorrar agujeros...

Las familias de los primeros identificados respiraron con serenidad por primera vez desde que en 1973, 74 ó 75 habían detenido y ejecutado a sus seres queridos. Al menos tenían sus restos óseos –muchos de los cuales los entregaron en pequeñas cajitas de cartón, porque eran apenas unos cuantos trozos de huesos- y pudieron sepultarlos, y desde entonces les llevaban flores e iban a visitarlos, a orar y reflexionar junto a los sepulcros.

El dolor seguía siendo inmenso, inconmensurable. Pero al menos ahora tenían el consuelo de poder honrar a sus caídos, sabiendo dónde estaban sus restos.

Los criminales, libres

Por cierto, se trataba sólo de un consuelo parcial, porque a pesar que aparentemente habían aparecido los restos, aún no lograban establecer la verdad y lograr que se aplique justicia frente a los brutales crímenes de sus deudos.

Pero nunca dejaron de luchar. Han exigido justicia; han investigado por su cuenta y persistido en su demanda, acudiendo a toda instancia que les facilite el establecimiento de la verdad.

Ha sido difícil, pero han avanzado. La inmensa mayoría de los criminales está libre; muchos están procesados. Pero la justicia se toma todo el tiempo del mundo, incluso décadas, para aclarar y sancionar bestialidades como las ejecutadas durante la sangrienta represión pinochetista en nuestro Chile querido.

Duele la impunidad. Pero los familiares no pierden su fe en que la justicia llegará algún día. Muchas viudas, madres, hermanos y compañeros de los caídos murieron esperando aquella esquiva justicia. Pero al menos supieron dónde descansaban –por fin- sus restos.

El horror, una vez más

...Pero el horror no tiene límites y después de una década o más, en los últimos días se comunicó oficialmente a los familiares de que los restos que les entregaron no corresponden a sus seres queridos.

El Director del Servicio Médico Legal –que no es especialista tanatólogo como pudiera suponerse, sino pediatra– convocó a los familiares de casi un centenar de asesinados por la dictadura, y les dijo: “Perdón, nos equivocamos”. Así de brutalmente sencillo.

“¡Nos equivocamos!” ¡Qué tremendo sentido tienen esas dos palabras para tantas familias chilenas! ¡Qué manera de prolongar el dolor, acrecentar el horror y provocar la más dolorosa incertidumbre en familias que ya han sufrido tanto... tanto!

La equivocación de los científicos del SML no es algo menor. Es extremadamente grave porque comprometió no sólo la fe pública, sino los más grandes y profundos sentimientos de muchos chilenos y chilenas.

¿Cómo será la sensación aquella de “durante diez años he rezado y depositado flores ante los restos de no sé quién, creyendo que era mi esposo...”? ¿Cómo se sentirán las centenares de personas que en su oportunidad participaron en ritos fúnebres y responsos de una persona y ahora resulta que no era y no se sabe de quién se trataban los restos sepultados?

El Director del SML entregó cifras (uno no tiene por qué creerle). Dijo que de todos los restos identificados, los de 48 personas definitivamente no correspondían a las identidades que se dieron y sobre otros 37 persiste una duda muy grande.

Y conminó a los familiares a permitir la exhumación de los restos para volver a llevarlos al SML y hacerles todos los análisis de nuevo, a ver si dan de una vez por todas con la identidad absolutamente certera. Pero ¿quién asegura que después de un nuevo trabajo, en unos años más no pueda haber terribles sorpresas de nuevo...?

Los familiares afectados ya no creen en el SML.

En realidad, desde hacía tiempo venían denunciando las innumerables irregularidades y rarezas que ocurrían en el Servicio Médico Legal, donde incluso sus propios profesionales habían denunciado cosas extrañas.

Pero la gran novedad de hoy es que aunque antes siempre se negó que hubiese problemas, ahora el propio Director del Servicio haya reconocido las incalificables torpezas y haya enfrentado a quienes, ahora, son sus víctimas.

Más allá del horror

Los familiares de las víctimas de la dictadura ahora exigirán que sea algún organismo científico internacional el que se encargue de los nuevos análisis para determinar en forma exacta y definitiva las identidades de los restos hallados a comienzos de la transición en el Patio 29 del Cementerio General.

Y es que ya no pueden confiar en el SML, que cometió un error tan grave aún contando con todos los equipos y recursos tecnológicos para haber hecho un buen trabajo.

Se suponía que el SML está capacitado para realizar los más avanzados exámenes de ADN con resultados certeros. A comienzos de los ’90 se compraron equipos muy avanzados y los profesionales del Servicio recibieron capacitación adecuada. Pero fallaron. Es cierto que no cuentan con ADL nuclear, moderno recurso al que los familiares exigen recurrir ahora. Pero los niveles de certeza que debieron alcanzar distan mucho de los realmente alcanzados, que son prácticamente nulos.

¿Qué sucedió? ¿Sólo torpeza, ineficiencia o ignorancia? ¿Descoordinación, falta de profesionalismo?

Lo que sea, es muy grave.

Y en los últimos días, nos ha llegado una nueva demostración de que algo muy grave sucede en el SML: “alguien” fotografió y filtró imágenes de los espantosos pedazos del cuerpo descuartizado del joven Hans Pozo, asesinado hace algunas semanas en Santiago. Las morbosas imágenes fueron difundidas ampliamente por correo electrónico e incluso publicadas en algunos sitios de Internet.

Los primeros análisis de expertos no dudan en asegurar que se trata de fotografías captadas en el interior del SML; no son las fotos oficiales captadas por el propio Servicio y las policías para apoyar sus investigaciones. No, porque esas son fotos profesionales y de alta resolución. Las que se han difundido son de mala calidad –aunque auténticas– y baja resolución, lo que hace sospechar que fueron tomadas con esos teléfonos celulares que también tienen cámara fotográfica. ¿Quién las pudo tomar? Un funcionario o profesional del SML, en las dependencias del Servicio. ¿Quién más...?

La raíz de todo

Dicen que la raíz de todo esto está en la obstinación de mantener al SML como una parcela política más al momento del reparto de empleos fiscales “de confianza” de la autoridad ejecutiva.

En la repartija política, el SML le tocaría al Partido Radical. Pero entre los profesionales militantes del radicalismo no hay ningún especialista en tanatología, que es “la parte de la biología que estudia la muerte, sus causas y sus fenómenos”, según el diccionario. Entonces, para mantener el Servicio en manos del PRSD pusieron como Director a un pediatra, que es especialista en enfermedades de los niños.

Debido a tal incongruencia, los profesionales especializados del SML desconocerían la autoridad del Director y no acatarían sus órdenes. Es decir, existe un caos profundo y una gravísima crisis de autoridad en el Médico Legal.

Pero la autoridad superior parece no darse cuenta. A pesar de los horrores.

El SML depende del Ministerio de Justicia. Y cuando los periodistas le preguntaron al ministro de esa cartera, Isidro Solis, si cambiarían al Director del SML –que viene del gobierno de Lagos– por los gravísimos errores que se descubrieron, el Secretario de Estado aportó su cuota de perplejidad: “No es necesario, porque él dio la cara y pidió perdón a los familiares...”

¡”Pidió perdón...!” Como si eso bastara.

Bueno, tal vez sea mejor tratar de entender. Comprender que Solis no podía decir otra cosa. Total, él es radical y su tienda es la “dueña” de la jefatura del SML. Y su partido, el SML, no tiene más o mejores profesionales que este pediatra cuya especialidad no tiene nada que ver con “la parte de la biología que estudia la muerte, sus causas y sus fenómenos”

¡Qué horror...!

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