Oscar Godoy, cientista político liberal. |
Por Mirko Macari
De: La Nación Domingo
En su hermoso departamento frente al Parque Forestal, este profesor de la Universidad Católica e investigador del influyente Centro de Estudios Públicos (CEP) habla en un tono parsimonioso y elegante, con citas de clásicos como Platón y Tomás Moro, de lo que es su pasión y objeto de estudio: las ideas políticas. Eso matiza un poco la crudeza para emitir juicios sobre la derecha, un sector con el que se identifica abiertamente, como buen liberal que es. Y para aterrizarlo en la coyuntura partimos preguntando por la cuña con la que el vocero de Gobierno levantó polvareda esta semana.
¿La derecha da o no da el ancho?
– Creo que en este período post elecciones presidenciales y comienzo de la Presidencia de Bachelet no está dando el ancho, en absoluto. Crear una nueva coalición política que no sea meramente electoral, que tenga un proyecto de país y capacidad para generar grandes mayorías y llegar a la Presidencia, por ejemplo, es un proyecto puramente nominal por el momento. Los pasos realistas no se han dado.
¿Cuáles son esos pasos?
– Esos pasos se inician en los partidos políticos no creando una superestructura anterior a los partidos. Los dos partidos tienen que pasar por el trámite de democratizarse, especialmente la UDI.
¿Usted está en la línea de De la Maza?
– Creo que De la Maza está en la línea mía, porque eso lo dije hace unos años. Iba a enviarle una carta a De la Maza para felicitarlo, pero me dijeron “no, por favor, no lo hagas”.
Era como el abrazo del oso.
– Claro, el abrazo del oso, así que no lo hice. Renovación Nacional (RN) es un partido mucho más pluralista, más liberal, pero tiene que tener estructuras más trasparentes, más participativas, y también decirle hasta luego a personas que estuvieron comprometidas con el régimen militar.
¿No le parece que la frase de Lagos Weber de que la derecha no daba el ancho fue una pequeña venganza por todas las veces que en la campaña dijeron lo mismo de Bachelet?
– No, yo creo que le dio en el clavo. No sé si lo dice por las mismas razones mías, pero estoy de acuerdo.
¿Qué le parecieron los argumentos que dio la derecha para rechazar el ascenso de Carlos Cerda a la Corte Suprema?
– Muy malos, porque ellos se agarraron de un formalismo para ocultar la verdad. Y la verdad es que le ponen un veto a Cerda por su energía, persistencia y ánimo justiciero con relación a los crímenes cometidos por el régimen militar.
En ese sentido, ¿es similar al veto que sufrió usted para acceder al directorio de TVN?
– Puede ser, pero Carlos Cerda ha hecho cosas mucho más importantes de las que he hecho yo. Lo único que yo he hecho es pedirle a la derecha tempranamente que abandonara el pinochetismo, que votaran No, y después que hicieran transparencia sobre las violaciones de los derechos humanos. Y estoy reivindicado, porque el discurso de la derecha hoy acepta todo aquello. Están adorando lo que ayer quemaron.
¿Qué opina del argumento de Longueira de que no van aprobar a Cerda para la Suprema, así como la Concertación nunca aprobaría a la jueza Chevesic?
– Esa es una injusticia. Uno no puede tomar como patrón de acción política la posible injusticia del otro, sino que siempre debe actuar y darle a cada cual lo suyo en cada momento. Entonces, no darle a Carlos Cerda lo suyo, lo que le es debido en justicia, porque se cometió un acto de injusticia con otra persona, es un argumento demagógico, miserable y absolutamente intolerable, a mi juicio.
Lo positivo es que Longueira transparenta el nivel de politización de los nombramientos de la Corte Suprema. ¿O no?
– Un sujeto que emite una opinión de ese tipo demuestra ser un hombre no confiable y peligroso, porque es alguien vengativo. Esa es la ley del talión: “Tú me haces mal, yo te hago mal”. No es: “Tú cometiste una injusticia, yo en cambio sí doy justicia”. Esa es la conducta que uno esperaría de una persona decente.
Harald Beyer, también del CEP, decía en “Diario Siete” que la derecha no tenía ideas ni propuestas. ¿Comparte usted ese diagnóstico?
– Bueno, no lo diría tan fuerte, aunque comparto lo que dice Harald en grandes líneas. Uno no puede decir que tal o cual grupo no tiene ideas, pero sí puede decir que la derecha no está demostrando tener ideas. Volvemos al tema de la coalición fundada en un proyecto de país: ¿cuál es ese proyecto de país? No existe, hoy día es un flatus voci.
¿...?
– Un sonido de la voz, nada más. No tiene más contenido que la contextura de la emisión de la voz que dice “proyecto de país”. ¿Pero dónde está? ¿Cuáles son las ideas matrices?
Tironi decía que la derecha está en un callejón sin salida, porque no puede proponer reformas que atentan contra los intereses de su propio grupo de sustento social sin dispararse en un pie.
– Lo que pasa es que descubrir en cada área, por ejemplo en la economía, cuál es el aporte, el delta que puede agregar la derecha, como respuesta a las demandas de la sociedad, es un trabajo que no se ha hecho. En la campaña electoral las diferencias eran mínimas, una de las pocas era si se le daba jubilación a las dueñas de casa o no. Pero falta algo superior a aquello, que es un discurso político acerca de qué queremos hacer, hacia dónde orientar la marcha del país, y en eso la derecha resbala absolutamente. No tiene discurso político, pese a que puede tener discursos sectoriales, y que son muy similares a los de la Concertación.
¿Y usted no lo planteó en el comando de Piñera?
– Cuando estuve en el comité estratégico lo planteé, pero no fui escuchado.
¿Por qué?
– Creo que fue el dinamismo de la campaña. El candidato, además, estaba atrapado en una máquina de acción que no le permitía escuchar.
¿Piñera no escucha?
– No, porque no podía escuchar por las circunstancias. Y además lo rodeaba un grupo de gente que hacía más difícil que escuchara a personas que estaban fuera de ese círculo.
¿Usted cree que le falta preparación a los cuadros de la derecha?
– Sí, les falta mucha preparación.
Pero en general muchos tienen estudios en el extranjero…
– Lo que pasa es que el activismo desgasta mucho, deteriora los conocimientos y la capacidad analítica, y eso les ocurre mucho a los políticos, que pierden el tono fino y se quedan sólo con las grandes líneas. Además, ellos le tienen distancia y desconfianza a los grupos que se dedican a pensar. Si uno los invita a un seminario no van, quieren ser autosuficientes.
Históricamente, la derecha ha sido muy pragmática y antiintelectual.
– En todas partes del mundo, la derecha no es amante de las ideas. Ortega y Gasset inventó el famoso término que yo una vez usé y que puso a mucha gente furiosa: “La derecha boba”. Por eso justamente, por su miedo, su desconfianza a las ideas, y por privilegiar lo que ellos llaman, digamos, la experiencia y la práctica.
¿No ha observado usted un cierto desconcierto también en la derecha, por esta capacidad que tuvo la Concertación de apropiarse del modelo económico?
– Sí. Y creo que eso debería ser un motivo de gran alegría, porque es la satisfacción que le produce a un creyente cuando consigue la conversión del otro. Por eso tengo tantos amigos en la Concertación; en mi tiempo éramos antagonistas y verlos ahora pensar como liberales, comprometidos en un proyecto de desarrollo de una construcción económica liberal, a mí me satisface mucho. Pero la economía de mercado tiene muchos matices, y éstos podrían ser el fundamento de diferencias entre distintos grupos que quieren hacer propuestas a la sociedad, y eso es lo que la derecha no ha descubierto aún: cuáles son esos matices.
Beyer también decía que si no había una renovación potente del sector, el candidato iba a ser de todas maneras Piñera. ¿Le parece un buen análisis?
– Creo que sí. Piñera hizo una campaña que fue muy buena hasta la primera vuelta, la segunda vuelta fue más mala.
La segunda vuelta fue una no campaña, en verdad
– Claro. Como usted sabe, la Fundación Futuro hacía encuestas, que nunca fueron publicadas y que reflejaban la realidad: que iba a ganar Bachelet. En ese sentido es admirable que Piñera haya hecho la campaña que hizo, sabiendo que iba a perder. Un 46,5% es una gran votación en esas condiciones.
Pero menos que Lavín el ’99.
– Es que es más que Lavín, porque él lo hizo con crecimiento económico menos uno, con una tasa de desempleo en caída libre, con un desprestigio enorme del Gobierno, y con una gran sensación de frustración en el país.
¿Y es viable la candidatura de Longueira, por ejemplo?
– Creo que no es viable, esa candidatura está muerta…
¿Por qué?
– El nuevo Longueira no puede superar la estructura original del Longueira de siempre, y el de siempre es un hombre extraordinariamente agresivo, que ha demostrado durante su vida tener condiciones para un liderazgo autoritario que no armoniza con los liderazgos democráticos que el estado actual de la sociedad chilena pide. Esos liderazgos autoritarios, de tipos fuertes, agresivos, duros, son de crisis, cuando la democracia está mal.
Además en ese escenario, Lagos es el titular.
– Exacto. No descarto que se produzca una conversión radical de Longueira, que deje de escuchar a Guzmán en la noche, que súbitamente tenga otro sentido de la realidad, otro sentido de la tolerancia y del respeto al otro, y que cambie, pero me parecería sumamente extraño. Quizás eso explique por qué Longueira aparece siempre con una muy baja evaluación positiva en las encuestas y una alta evaluación negativa.
¿Y por qué nadie está hablando de Andrés Allamand?
– Andrés Allamand, que es una persona que estimo mucho, ha cometido grandes y muchos errores, y el escaño senatorial le va a procurar una cancha de despegue para iniciar un nuevo recorrido político, pero eso lleva recién un mes.
A propósito de errores, ¿le parece un desacierto el llamado de Allamand a los empresarios a no canonizar a Bachelet?
– Obviamente que es una retórica sin contenido, por de pronto se canoniza a personas muertas y no a personas vivas.
Pero tiene un sentido muy claro.
– Sí, ya sé. Eso es pedirle a los empresarios algo que se consiguió con mucho esfuerzo y que culminó Juan Claro, que es separar a los empresarios de los intereses políticos para concentrarlos en sus intereses corporativos y ordenar el país. Pedirles a los empresarios que no tengan un juicio independiente acerca de aquel que los gobierna, bueno o malo, porque les está pidiendo que tengan un juicio malo ex antes, es un despropósito.
Y siguiendo con los posibles candidatos, ¿Lavín tiene opción?
– Cuando se ha llegado al nivel de aceptación que tuvo en las encuestas tantos años, acercándose tanto a la Presidencia, es algo que marca definitivamente a las personas, y crea una especie de pasión.
¿Estaría la tentación de ser el Allende de la derecha, que fue cuatro veces candidato?
– Exacto, y está visto que en la historia de Chile, si tú eres candidato a la Presidencia muchas veces, a lo mejor te puede resultar.
¿De la Maza tiene alguna chance o requiere hacer su propia travesía por el desierto?
– Creo que no tiene chance para ser candidato pronto. Tiene que hacer su travesía y probablemente el desierto al cual lo puede condenar la UDI es un desierto que le puede dar mucho crédito, así que yo creo que a él le conviene que la UDI lo vapulee como lo está vapuleando. Al final, la UDI va a terminar siendo un partido distinto del que es hoy, por una ley natural de que los viejos se van a ir o se van a morir, y los jóvenes son distintos porque han vivido en democracia.
¿Es posible pensar que la generación de los Allamand, de los Espina, está resignada a no llegar al Ejecutivo?
– No, creo que ellos no han perdido las esperanzas. Todos llevan su proyecto presidencial en su mochila, su secreta intención o ambición de ser Presidente de Chile, y eso les da fuerza.
¿No se puede hablar de generación perdida en la derecha?
– Sería muy aventurado decirlo, porque este es un Gobierno corto, que sería un mero Gobierno de administración y del fin de la Concertación si al otro lado hubiese desplegado hoy día un dinamismo renovador fuerte y potente. Estaríamos ante la inminencia de la alternancia en el poder en las próximas elecciones presidenciales, que están a la vuelta de la esquina en cuatro años.
Algunos ya están viendo a la Concertación como el PRI, que en México gobernó más de 70 años.
– Pero esa fue una dictadura no una democracia. El caso más relevante es el de la V República Francesa: la derecha gobernó 23 años seguidos, y yo estaba en Francia cuando fue la elección que ganó Mitterrand, y todos pensaban que Giscard d’Estaing iba a gobernar otros siete años. A pesar de que la Presidencia de Giscard d’Estaing fue buena, fue de administración, sin ideas, sin renovación, y la gente quiso ver qué pasaba con otras personas. Pero en la vereda del frente, para que eso ocurra, tiene que haber algo potente y atrayente para el ciudadano, y eso en este momento no existe.
Pato Navia decía que era más difícil separar a la Concertación del Estado de lo que había sido separar a la Iglesia del Estado.
– Bueno, pero no creo que sea tanto. La comparación es terrible, porque separar a la Iglesia del Estado tomó ocho siglos.
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