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Autoentrevista prescindible
Por Chelo
¿Para qué estás amontonando libros?- te pregunto apenas asomo mi nariz en tu cuarto de trabajo y te veo afanado separando textos.
- Voy a hacer un aporte a la biblioteca de una escuela de un barrio conflictivo, popular y pobre.
¿Leen los niños ahí?
- La gracia es que tenemos la idea de motivarlos a la lectura a pesar que se trata de niños que nunca leyeron ellos ni sus padres; en sus casas no hay ni un miserable librito, ni diario, ni revista.
¿Qué te dio por ponerte generoso con los libros?
- No me he puesto generoso con los libros sino con niños que la están pasando mal, pero que en el futuro la pasarán peor justamente porque no leen ni tienen posibilidad alguna de tener éxito en sus estudios o de alcanzar una profesión algún día.
¿Cuál es la idea?
- Hacer el experimento de que el profesor les diga: “Miren, aquí hay cien libros; elijan alguno si les gusta y léanlo si les llama la atención”. Es decir, sugerirles, motivarlos pero no obligarlos.
¿Dará resultados?
- Bueno, hay que ver.
Y para eso se necesitan libros...
- Eso.
Y tú vas a donar algunos...
- Espero hacer un buen montón, pero también espero que otros hagan lo mismo.
...Regalar libros que están sobrando en tu casa...
- ¡Aquí no sobra ningún libro! Me voy a deshacer –no sin dolor- de textos que he leído, que me han gustado mucho, que son atractivos... pero que ya no volveré a leer.
¿Por ejemplo?
- Bueno, desde “La cabaña del Tío Tom”, pasando por “Demián” para llegar a Salgari y Julio Verne. También un par de libros más contingentes, como “El Chicho Allende” de Carlos Jorquera y “Romo, confesiones de un torturador”, de Nancy Guzmán. Como ves, no son sobras.
Pero difícilmente unos pocos libros van a entusiasmar a niños desmotivados. ¿No crees?
- Bueno, piensa que voy a juntar unos cuarenta volúmenes. Si otras dos o tres personas hicieran lo mismo, tendríamos más de cien textos. Y si el profesor actúa con inteligencia, más de alguno se va a entusiasmar. Con uno o dos niños que lean un libro, me daría por satisfecho.
¿Qué te dio por regalar libros a una escuela?
- Es que conversé largo con un querido amigo, profesor con más de 25 años de ejercicio, que conoció recién ahora una realidad terrible.
¿Como qué?
- Él siempre ejerció la docencia en escuelas del centro de la ciudad y en colegios particulares. O sea, trabajó con alumnado que podríamos calificar de “normal”; muchachos con rendimiento regular, algún apoyo familiar y con la idea –aunque lejana a veces– de ser profesional, llegar a la universidad y todo eso.
¿Y...?
- Es que ahora, en las postrimerías de su vida profesional activa, lo mandaron a una escuela de un barrio bravo. Y se estrelló con una realidad que jamás sospechó.
¿Como qué?
- Niños extremadamente insolentes que lo enfrentan a cada momento, que no obedecen ni escuchan nada, que no se interesan por el conocimiento, desprecian la escuela y van solamente porque no tienen otra cosa que hacer y porque ahí les dan de comer.
Pero tu amigo sabía que existía esa realidad...
- Por supuesto sabía que en la periferia la cosa es más difícil y cruda, pero jamás lo imaginó. Peor aún si viene a vivir esta experiencia estando ya viejo, con tantos años de trabajo en los hombros. Es extremadamente difícil adaptarse en esas circunstancias.
Pero son niños que tienen padres, casas, familias...
- Claro, todo eso... pero es lo mismo que nada. O, peor: en muchos casos los padres y hermanos mayores no sirven para contribuir a enseñares buenos hábitos sino, al contrario, para meterlo en las peores prácticas.
¿Por ejemplo?
- A un muchacho que cometió una insolencia, mi amigo profesor le anunció que mandaría a llamar al apoderado. “No va a venir”, le respondió el niño. “¿Cómo no? Si lo mando a llamar con una comunicación tendrá que venir”, le replicó mi amigo. Entonces, el muchacho soltó la pepa: “No va a venir porque está preso, Hace tres semanas salió en la portada de El Observador, así que usted debiera saber, profe”.
¿Estaba preso efectivamente?
- Claro: encarcelado porque desde hacía años violaba a sus dos hijas. Es decir, el papá abusaba con las dos hermanas del alumno... ¿Qué disciplina le puedes imponer a un niño así?
Pero será la excepción...
- No tanto, porque en esa escuela hay muchos hijos de padres alcohólicos o drogadictos, microtraficantes y todo eso. Padres que no se ocupan de sus hijos, que no saben si van o no a clases, si comen... ¡nada!
Pero el colegio podrá apoyarlos...
- Es difícil, porque desde muy niños los niños se convierten en delincuentes; al comienzo, en pequeña escala. Hurtan un par de monedas, alguna cosita para vender, un reloj y eso. Pero después se conoce de casos de niños como estos que entran a robar a sus propios colegios; se llevan computadores, radios, teléfonos y todo artefacto que encuentren a mano. ¡Hasta los alimentos que están para alimentarlos a ellos mismos!
¡Qué terrible...!
- En casi todos los barrios populares, los muchachotes entran a robar a los jardines infantiles, parvularios, centros abiertos y escuelas; es decir, a todas las instituciones que les ayudan a ellos mismos o a sus hermanos.
En esos colegios ni hablar de los resultados de la Prueba Simce...
- Bueno, los profesores no tienen cómo hacerlos estudiar. Ni tampoco logran motivarlos en el tema del amor propio o el afecto hacia su escuela. Entonces, prácticamente no tienen nada que hacer.
Definitivamente, los niños no quieren estudiar.
- ¡No quieren! Y, lo peor, saben que el profesor no los puede enfrentar porque no tienen ni un problema en ponerse violentos y agredir al maestro.
Al final, quedan todos repitiendo...
- Los profes hacen tremendos esfuerzos para darles una y otra oportunidad hasta que logran hacerlos pasar. La mayoría, después de dos años en cada curso...
Pero habrá algunos distintos...
- Eso es lo terrible, porque los escasos niños que sí quieren estudiar no pueden avanzar porque la mayoría lo arrastra hacia abajo. El profesor no puede avanzar en la materia porque hay demasiados que se quedan atrás...
¿Entonces?
- Entonces, el alumno normal está fregado no más.
...Y se tiene que ir a un colegio subvencionado.
Claro: se va al sistema particular subvencionado, que es la moda, o a otra escuela municipal del sector más céntrico, que son mejores, con menos conflictos. Pero ahí muchas veces son discriminados por proceder de donde proceden...
¿Qué se puede hacer, entonces?
- El asunto es extremadamente difícil. Pero hay que desarrollar una campaña inmensa, destinar todos los recursos que se pueda para ir convenciendo a cada familia, a cada barrio, organización social y líder de la comunidad, de que tienen que ayudar a rescatar a los niños y jóvenes. Los profesores deben recibir un apoyo muy grande, mejorar considerablemente sus condiciones laborales. Las escuelas públicas tienen que recibir mejor financiamiento para mejorar su equipamiento y dispositivos de seguridad.
¿Se puede...?
- Claro, porque eso va conjuntamente con la aplicación de la Jornada Escolar Completa, el aumento de las raciones alimenticias –ojalá no sea solamente almuerzo, sino también desayuno y once para todos- y con el mejoramiento de los programas.
Pero ¿se logrará algún día remecer a esos padres delincuentes, que incluso desprecian a sus propios hijos?
- En la medida que nos comprometamos todos, ¡todos! se tendrá que avanzar. Seguramente no tan rápido como quisiéramos, pero si nos fijamos el rescate de nuestros niños marginales como una tarea de mediano o largo plazo, y colaboramos todos, se tendrá que revertir la situación.
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