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Por Antonio García Varela
Ingeniero Civil. Presidente de “CIVIKA derechos ciudadanos”.
Presidente de “Asociación de Consumidores CONACCION”
Chile padece un sistema de pensiones que es ilegal porque fue impuesto por la dictadura. También es ilegal porque establece una grave desigualdad entre las partes.
En efecto, una de las partes (los trabajadores) está obligada a entregar su ahorro previsional a las AFP. La otra parte, en cambio, tiene libertad para cobrar lo que quiera. Y las AFP abusan de este derecho cobrando las comisiones más altas del mundo.
Las AFP disfrutan además de otro privilegio (del latín “privi lege”, ley privada, ley hecha para favorecer a unos pocos) aun más inaceptable: tienen derecho a administrar Fondos ajenos como si fueran propios, sin rendir cuentas y sin responder por las pérdidas. Estos Fondos les permiten además comprar voluntades y conseguir mejoras al marco legal que les entrega los privilegios.
Es una vergüenza que después de 25 años la situación se mantenga y la “democracia” sólo haya servido para hacerla más abusiva. Sobre cada uno de los presidentes y parlamentarios de esta “democracia” recae la vergüenza de no haber levantado una mano para poner fin a los inmensos abusos del sistema de AFP.
El modelo imperante hace olvidar principios fundamentales.
Se ha llegado a pensar que sólo quien ha trabajado toda la vida tiene derecho a una jubilación digna. Y se discute si ese derecho nace después de pagar 240 ó 120 cotizaciones mensuales a un sistema previsional.
Nada más absurdo.
A partir de cierta edad todo chileno debe tener derecho a una jubilación digna.
No importa si ha sido trabajador, temporero, cesante, dueña de casa o discapacitado. No importa si aportó una, cien o doscientas cotizaciones.
Todos tienen derecho a jubilar por el solo hecho de ser chilenos.
Y, cada uno tiene derecho a una pensión digna, por el solo hecho de ser persona.
El cesante tiene derecho a jubilar en igualdad de condiciones. De otro modo se estaría prolongando a su vejez la discriminación que sufrió durante una vida que le negó el derecho al trabajo.
La dueña de casa procuró a los suyos educación, comida, vestuario e higiene, por no mencionar amor y otros cuidados que para los economistas nada valen aunque ya se sabe que son indispensables incluso para la salud de quien los recibe.
Sin la mujer de hogar los miembros de la familia no habrían podido crecer o desarrollarse. Mucho menos estudiar o trabajar. ¿Quién más que ella tiene derecho a una vejez digna?
Para luchar contra el abuso de las AFP es necesario tener presente su inmenso poder.
Este deriva de dos factores esenciales:
Por una parte, cada mes los trabajadores les entregan “comisiones” por 20.000 millones de pesos.
Este es el sueldo que cobran las AFP por administrar los Fondos previsionales de los trabajadores. Y ni siquiera pagan IVA.
¡Cuán poderosos serían los sindicatos si cada año recibieran 250.000 millones de pesos para gastar en lo que quieran!
Por otra parte, las AFP manejan Fondos por 70.000 millones de dólares ó cuarenta millones de millones de pesos ($ 40.000.000.000.000).
Aunque esos Fondos son de los trabajadores, las AFP los manejan e invierten como quieren y sin dar cuenta a nadie.
Para disminuir el poder de las AFP, primer paso para terminar con el abuso, es necesario:
Abusando de su derecho a administrar los Fondos a capricho y sin control alguno, las AFP incurren en numerosos vicios, cada uno de ellos inaceptable por si solo:
En resumen, las AFP hacen lo que quieren con el dinero de los trabajadores, con la tranquilidad de que otros asumen los riesgos mientras ellas cosechan los beneficios.
Sólo se hacen cargo de la jubilación del 25% de los cotizantes.
El Estado paga otra parte de las pensiones y la mayoría de los chilenos está condenada a una vejez miserable.
A pesar de que existe el tan cacareado sistema de AFP, el Estado gasta en pensiones más que la suma de lo que gasta en Salud y Educación.
Nada entonces justifica la existencia de un privilegio tan abusivo e ineficiente como es el sistema de AFP.
Los 40 millones de millones que han ahorrado los trabajadores equivalen al salario mínimo de 7 millones de trabajadores durante cinco años.
También equivalen a una pensión asistencial para cada chileno de la tercera edad durante sesenta años [desde los 65 hasta los 125 años. De ahí en adelante quedarían abadanados a su suerte].
Parece mucho, ¿verdad? Pero es mucho más aún.
Si los 40 billones que manejan las AFP se colocan al 5% de interés anual, se podrá pagar para siempre una pensión de 100.000 pesos mensuales a cada chileno de la tercera edad y reajustar anualmente esa pensión en un cinco por ciento.
Cada mes los trabajadores pagan 20.000 millones de pesos por concepto de comisiones.
Las AFP se quedan con 23 pesos de cada cien que ahorra el trabajador.
¿Aceptarías pagar 230.000 pesos a alguien para que administre un millón de pesos que has ahorrado?
Aunque nadie aceptaría este negocio, tú estas obligado a aceptarlo todos los meses
En Chile las AFP cobran comisiones cuatro veces más altas que en Canadá, por ejemplo. O tres veces lo que se cobra en cualquier otra parte.
Por mucho que el trabajador ahorre, esas comisiones tan altas le impiden acumular lo suficiente para jubilar.
Tal es así que, solo para recuperar lo que pagó de comisión en Octubre del 2005, el trabajador debe esperar hasta Octubre del 2017, si el Fondo rinde un 5% anual. Si rinde un 3% anual, debe esperar hasta el año 2025.
Incluso “El Mercurio” ha expresado su inquietud ante la magnitud de estas obscenas comisiones. Ellos parecen comprender que las injusticias, cuando son ofensivas, constituyen riesgo.
Pero nadie hace nada por reducirlas.
Las AFP deben reintegrar a los cotizantes las comisiones que han cobrado por encima de lo razonable; esto es: todo lo que han cobrado por encima de un 6%.
El monto que las AFP deben reintegrar por “exceso de comisiones” se estima en seis millones de millones de pesos, lo que equivale a dos millones de pesos por cada cotizante activo.
Deben reintegrarlo porque han cobrado:
Incluso en Estados Unidos las empresas tienen responsabilidad sobre la jubilación de sus trabajadores.
En el Chile Neosocialista las empresas están liberadas de cualquier obligación al respecto: ni aportan ni tienen responsabilidad solidaria.
Como la jubilación de sus trabajadores no es asunto suyo, las empresas no vigilan a las AFP.
Si las empresas tuvieran que cubrir el faltante cuando el ahorro previsional no alcanza para pagar una jubilación digna, ya se ocuparían de impedir que las AFP cobren comisiones tan altas y apuesten el ahorro de los trabajadores en los elegantes casinos financieros de Chile y el mundo.
Además la gran empresa debe contribuir con una parte del ahorro previsional de sus trabajadores.
Existe un gran fraude previsional no penalizado (monto total del ahorro previsional de los trabajadores retenido por las empresas y no entregado a las AFP).
Se estima que alcanza a 600.000 millones de pesos y crece día tras día.
Esto ocurre porque las empresas pueden robar al amparo de la Ley 17.322, que priva a los trabajadores de su derecho constitucional a demandar a quien le roba su ahorro previsional.
Los trabajadores no tienen derecho, ni individual ni colectivamente, a demandar a la empresa morosa.
¿Por qué no existe otra ley que quite a las empresas su derecho a demandar a quien les roba?
¿En qué queda la “igualdad ante la ley” que consagra la Constitución de Pinochet que lleva la firma de Ricardo Lagos?
Hoy se tramita una Ley contra la Morosidad Previsional. Una nueva farsa que no devuelve al trabajador su derecho a demandar a quien le roba su ahorro previsional.
Los títeres legislan para conservar los privilegios del titiritero.
La calle es el único camino para hacer realidad el derecho a una jubilación digna.
Las AFP luchan con toda su fuerza para aumentar sus obscenos privilegios.
Quizás el ejemplo más claro son las comisiones. Las AFP cobran las comisiones más altas del mundo. Una conducta prudente de su parte sería aceptar reducirlas. Sin embargo hacen “lobby” para aumentarlas aun más, porque las AFP al igual que las Isapres y cualquier otro grupo privilegiado, siempre pedirán más.
Y pedirán más hasta que una fuerza superior a la suya ponga fin a sus privilegios.
Los cambios solo se conseguirán cuando la oligarquía sufra en carne propia las pérdidas que se deriven de mantener el actual sistema de AFP.
Los cambios vendrán cuando los beneficios que las AFP reportan a los poderosos sean menos que las pérdidas que les causan. El día que las AFP sean una carga para ellos, la oligarquía sacrificará el sistema de AFP a cambio de mantener otros privilegios menos insultantes.
Las AFP serán una carga para los poderosos cuando las movilizaciones populares exigiendo el cambio perturben la marcha de la economía, retrasen las exportaciones, causen pérdidas directas a la industria, paralicen el sistema educacional.
Hoy se habla de una mesa de negociaciones para modificar el sistema previsional.
Los trabajadores saben que en la mesa de negociación lo único que cuenta es el poder. El fuerte no concede al débil más que sonrisas y halagos. Jamás una cuota de poder.
Las negociaciones hacen aun más necesario movilizarse.
Cuando los privilegiados vean a los trabajadores en la calle, cuando los grandes grupos económicos tengan que pagar las pérdidas que causan los paros, comprenderán que es hora de sentarse a negociar de verdad.
Cada mes los trabajadores regalan 20.000 millones de pesos a las AFP.
Si las comisiones se redujeran a la cuarta parte, los trabajadores se ahorrarían 15.000 MILLONES de pesos mensuales [las 3/4 partes de los 20.000 MILLONES de pesos mensuales que pagan en comisiones].
Si cada mes se paga una exacción injusta, cada mes se debe protestar.
Cada mes que esta situación injusta se mantiene, es un mes que los trabajadores regalan 15.000 millones de pesos a las AFP.
Es un mes que cientos de miles de chilenos no reciben pensión alguna.
Es un mes que otros cientos de miles de chilenos reciben una pensión asistencial de 33.000 pesos que no les alcanza ni siquiera para pagar la luz, el gas y el agua.
Cada mes que pasa sin el cambio es un mes más que los chilenos vivimos sin tener derecho a una jubilación digna.
Es un mes más que vivimos privados del derecho a demandar al empresario que se queda con nuestras cotizaciones.
Es un mes que los trabajadores no saben cómo ni en qué se invierten sus ahorros.
Un mes en que ni siquiera saben si realmente existen....
Es indispensable que trabajadores, estudiantes y pensionados se sumen a esta lucha.
Los trabajadores y los estudiantes tienen la fuerza necesaria para torcer el brazo a las AFP.
Los pensionados son una poderosa fuerza social porque disponen de tiempo y porque sufren en carne propia las consecuencias de un sistema que les priva de su derecho a una vejez digna.
Hace algunos meses propuse a distintos sectores laborales la tarea de escribir los Diez Mandamientos de los derechos previsionales.
Les decía que debemos formularlos en palabras breves y escribirlos en piedra, como hizo Moisés, para que no ocurra con ellos lo que pasa con las leyes que, como están escritas en papel, los poderosos se limpian el traste con ellas.
Algunos sindicatos de Valparaíso y Santiago escribieron esos “Diez Mandamientos del sistema previsional chileno”. Y algunos grupos ya los han tallado sobre piedra.
Propongo que el primer jueves de cada mes sea declarado “Día del Derecho a una vejez digna”.
Y que el primer jueves de cada mes los trabajadores paren, los estudiantes paren y todos salgamos a la calle a exigir nuestros derechos previsionales, a poner fin al abuso de las AFP, a asegurar una pensión digna para todos los chilenos.Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso