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27 de marzo de 2006
Miguel Tapia G., Periodista

¿Quiénes manejan las manos moras?

Miguel Tapia G., Periodista

Al día siguiente de asumido el nuevo gobierno presidido por la doctora Michelle Bachelet, centenares de pequeños empresarios de la zona de Quillota han estado recibiendo notificaciones de la Tesorería General de la República. Mediante correo ordinario, se les notifica que sus bienes ya embargados por deudas tributarias, serán retirados para entregarlos a un martillero público para rematarlos.

Increíble: la nueva Presidenta ahora y durante su campaña, dijo que le interesa ayudar a la pequeña empresa. Y si bien la Tesorería tiene sus propios tiempos –en este caso relacionados con los del tribunal que autoriza el remate-, no cabe dudas que pudo esperar un par de semanas antes de presionar tan cruelmente a los deudores tributarios morosos porque podría ser que el gobierno en cualquier momento les hubiera lanzado un salvavidas.

Herramientas de trabajo

Lo peor y lo más trágico es que la totalidad de los bienes embargados y ahora a punto de ser rematados son equipos de producción. El dueño de un taller de tornería de La Calera fue notificado del remate de su maquinaria pesada; a un mecánico le quitarán un vehículo y un aparato para verificar la alineación del tren delantero; a una imprenta le van a rematar dos prensas y un vehículo...

Es decir, por no haber pagado oportunamente sus tributos –debido a la tremenda crisis económica que los pequeños empresarios y el país entero enfrentó a fines de los ’90-, van a quedar sin posibilidad alguna de trabajar, producir y repuntar.

Y los montos que se les cobran son inalcanzables para los deudores. Durante dos años, uno de los morosos acumuló poco más de 800 mil pesos impagos. Ahora, cuatro años después, le sumaron reajustes, multas e intereses y en total le están cobrando poco más de 6 millones 350 mil pesos. Otro afligido acumuló 14 millones en deudas no sólo por tributos no pagados, sino también por sanciones al encontrarle defectos en la contabilidad. Hoy le rematarán bienes por más de 34 millones de pesos.

¿Quién habrá resuelto estas acciones de presión extrema contra deudores que siguen afligidos? ¿Quién habrá resuelto hacerlas efectivas ahora, recién asumido el gobierno de Bachelet?

Está claro que la enorme trascendencia de estas medidas genera malestar e indignación generalizados contra el Gobierno porque la Tesorería –que ejecuta las acciones– depende de La Moneda. ¿No hay nadie que pueda calcular los costos políticos que tiene una sanción tan feroz y nociva como el remate de las herramientas de trabajo?

Indudablemente se trata de un tremendo desacierto no sólo político sino también económico. Lejos de la ayuda que los microempresarios esperaban, viene el castigo brutal, cortándoles las manos para que no puedan trabajar nunca más.

Conozco a muchos de los cientos de los morosos que han sido notificados de remate en Quillota y La Calera. Uno sólo –dueño de imprenta– tiene a 15 trabajadores. Si le rematan sus máquinas tendrá que cerrar su empresa dejándolos cesantes. Otros tienen cinco o tres operarios. Muchos trabajan con sus hermanos, hijos o sobrinos. Todos quedarán sin fuente laboral.

...Todo por determinación de una mano mora interesada en generar malestar contra el gobierno recién asumido. No me cabe duda. Tampoco puedo imaginar otra cosa.

Más manos moras

La mano mora es aquella fuerza que opera y resuelve desde el anonimato.

Tengo que echarle la culpa, también, a la mano mora de haber redactado el contrato que permite a la concesionaria de la Costanera Norte, en Santiago, subir en un 50 por ciento las tarifas cada vez que la vía esté congestionada. Es decir, cuando hay taco o congestión –calidad que la propia empresa decide cuándo se produce–, la concesionaria sube, sin aviso previo, el cobro de 59 a 90 pesos en cada tramo.

Los defensores de la medida dicen que al cobrar más caro en horas de congestión, se inhibe la circulación y baja la cantidad de vehículos en la arteria. ¿Y si los automovilistas soportan el alza no más y no baja la congestión, y siguen los tacos? ¡Nada, pues! Pierden los automovilistas no más. Pagan más pero igual sufrirán las molestias de un tránsito sobresaturado, con la consiguiente histeria colectiva e irreparable pérdida de tiempo.

Las anteriores y actuales autoridades de gobierno defienden el sistema. Claro, el espíritu de cuerpo no deja de funcionar. Pero la indignación y sentimiento de impotencia es enorme y creciente. La mano mora opera implacablemente.

Pobres perros

La misma mano mora ordenó asesinar los perros del entorno de La Moneda el día antes del cambio de mando presidencial.

El desconocido moro –que no ha querido dar la cara y permanece escondido tras la burocrática maraña de los servicios metropolitanos de Salud– pretendió que los perros que vagan en el entorno de Palacio podrían proyectar una mala imagen del país si aparecían en las transmisiones televisivas del magno acontecimiento.

Y pusieron en marcha el aparataje perverso que se especializa en capturar los animales –mayoritariamente mansos y amigables– y llevarlos hasta un lugar apartado para inyectarle estricnina. Así, los perros mueren en medio de terribles convulsiones. Por eso, hay quienes ni siquiera esperan a que mueran; los entierran así no más. Incluso hay imágenes que se han difundido por TV de recolectores de aseo que echan perros moribundos a los mecanismos compactadores de los camiones de basuras. Los animales eran compactados –es decir, triturados– todavía agónicos.

Moros antiguos

Las manos moras han existido desde siempre. Pero en nuestro Chile querido generalmente ¡se pasan! Su actuación genera hasta la repulsión más profunda y generalizada.

Así pasó hace un par de años con una medida que se nos viene a la memoria por la tremenda injusticia que demuestra frente a la actual presión contra los pequeños deudores tributarios morosos.

En aquella ocasión, la Tesorería General de la República, de directa dependencia del Ministerio de Hacienda y por tanto del Gobierno, resolvió perdonar la deuda a un conjunto de grandes empresarios que, a su vez, debían al Fisco enormes sumas por impuestos no pagados o por evasión, porque declaraban menores utilidades intentando engañar al Estado.

La Tesorería perdonó varios centenares de millones de dólares –no recuerdo cuántos, pero eran ¡muchos miles de millones de pesos! – a grupos como los Luksic, los Angelini, el propio Sebastián Piñera, El Mercurio, varias compañías mineras y otros tantos consorcios transnacionales, todos inmensamente ricos.

Lo absolutamente ridículo fue la justificación del despreciable perdonazo: la Tesorería declaraba que se trataba de deudas incobrables (imposibles de cobrar) porque se agotaron todos los procedimientos y no pudieron ubicar a los deudores...

Con un sentido de complicidad sin precedentes (sólo conocido durante la dictadura), los medios de comunicación callaron las airadas denuncias que se hicieron sobre este caso. El Gobierno se hizo el leso; el Presidente Lagos hizo como que no sabía nada y tanto el Ministro de Hacienda como el Tesorero se negaron a dar explicaciones. En el Parlamento, nadie se interesó por exigir una comisión investigadora y el país perdió no más.

¡Qué repugnante injusticia...!

¿Para qué seguir...?

¿A qué seguir hurgando en la memoria? La mano mora ha estado presente a través de toda nuestra historia.

Uno podría suponer que la mano mora es incompatible con el sistema democrático. Pero no: conviven sin molestarse. No se tocan. Al contrario, se respetan.

La mano mora actúa impunemente, escondida entre las sombras. Y el gobierno democrático pone la cara, se hace el leso o se convierte en cómplice de las aberraciones de la o las mano(s) mora(s).

De todas maneras, uno no puede dejar de preguntarse quién o quiénes están detrás de estas manos invisibles; quiénes las manejan, bajo qué objetivos y defendiendo qué intereses.

Mayores comentarios, sobran.

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