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11 de marzo de 2006

?Y el Washington Post cultiva doble estándar

Estados Unidos carece autoridad moral en derechos humanos

Por: Robert Parry (periodista y escritor estadounidense)
De: www.ConsortiumNews.com
Título original “The U.S. Disconnect on Bush Abuses”
Traducción de Ernesto Carmona

Los medios de noticias de EEUU están experimentando una fusión cognoscitiva, intentando mantener a flote la visión tradicional de un país faro de los derechos humanos con una nueva realidad en que George W. Bush ha hundido a la nación en las artes oscuras de la tortura, el asesinato y las 'desapariciones' tan comunes en los estados con 'escuadrones de la muerte'.

Esa rara desconexión aparece más claramente desplegada en la página editorial del Washington Post del 28 de febrero.

El editorial principal, titulado 'Homicidio impune', critica a la administración Bush por permitir que los interrogadores de EEUU se impliquen en asesinato y tortura en Irak y Afganistán, pero otro editorial, al final de la página, apoya al mismo gobierno Bush en su exigencia de que Naciones Unidas purgue de su organización a... países violadores de derechos humanos.

El editorial del final de página, titulado 'Pinchando a la ONU', pareciera algo escrito en el pasado no tan distante en que EEUU podía tener credibilidad para señalar con su dedo a las naciones con expedientes pobres en el respeto a las libertades civiles y derechos humanos.

'La administración rechazó aceptar una estructura propuesta para este nueva Comisión de Derechos Humanos de la ONU temiendo, razonablemente, que protegería a abusadores de derechos humanos en vez de poner presión sobre ellos”, dijo el Post, designando a esas naciones ofensoras como Zimbabwe, Sudán, China y Cuba.

El Post agregó que Washington debe confrontar a aliados como Paquistán y Egipto y dice, respecto a ellos, 'que sus relaciones con Estados Unidos serían afectadas si resisten una comisión seria de derechos humanos de la ONU”.

Elefante grande

Dejando a un lado la cuestión de si algunos de estos aliados de EEUU tienen expedientes apreciablemente mejores en derechos humanos que los países de la lista del Post, el editorial tampoco hace caso del elefante más grande en la habitación, y es acaso Washington conserva estatura moral para dar cualquier recomendación sobre el respeto por los derechos humanos y el derecho internacional.

Después de todo, apenas a 15 centímetros del editorial elogioso de la posición de Bush frente a los derechos humanos, otro editorial describe cómo su gobierno dio solamente una palmada en la espalda a los interrogadores implicados –desde 2002– en torturar a los detenidos hasta su muerte.

De hecho, la hipocresía dentro de la hipocresía fue que sólo hubo penas serias de cárcel para los guardias de Abu Ghraib que fueron fotografiados maltratando a presos iraquíes desnudos y en posturas humillantes, pero que no mataron a ninguna persona.

El editorial principal del Post anota que el cabo Charles A. Graner Jr., quien supervisó a Lynndie England y a otros guardias privados del turno de noche de Abu Ghraib y apareció en una foto con un preso iraquí muerto (llamado Manad-le Al Jamadi), no fue el responsable del asesinato del hombre.

Sin embargo, las fotos de connotaciones sexuales de iraquíes desnudos enfurecieron la formación cristiana del presidente Bush y de muchos estadounidenses. Graner consiguió 10 años de cárcel y también condenaron a prisión a otros siete guardias de nivel más bajo, incluyendo a la England.

Por contraste, los interrogadores de la CIA y del SEAL de la marina que torturaron hasta la muerte al iraquí Manadle Al Jamadi (la víctima en la foto de Graner) no recibieron ningún castigo serio. El 4 de noviembre de 2003, estos interrogadores golpearon y colgaron a Jamadi de los pies hasta hacerlo morir por asfixia.

'Nueve miembros del equipo de la Marina de guerra recibieron “castigo no judicial” de su oficial en jefe; el 10º teniente fue absuelto de los cargos de asalto y abandono de deberes', escribió el Post. “No se ha procesado a nadie del personal de la CIA. El interrogador jefe, Mark Swanner, continúa reportándose y trabajando para la agencia”.

La Regla

El caso de Jamadi tampoco fue una excepción, fue la regla. Un nuevo informe de Human Rights First documentó que solamente 12 de 98 muertes de detenidos bajo custodia de Estados Unidos han dado lugar a algún castigo para los funcionarios estadounidenses implicados. Incluso, en los ocho casos en que las muertes fueron resultado de torturas, la pena más dura fue de cinco meses de cárcel.

'El informe documenta muchos de estos casos con detalles devastadores”, anotó el Post. 'Existe, por ejemplo, el caso del ex general iraquí Abed Hamed Mowhoush, quien en noviembre de 2003 fue apaleado durante días por interrogadores del Ejército y de la CIA, mientras se hallaba envuelto y sofocado en un saco de dormir amarrado con cuerdas eléctricas”.

'El caso fue clasificado como asesinato, pero solamente una persona fue juzgada en consejo de guerra, un oficial de baja graduación. Después de argüir, plausiblemente, que sus acciones fueron aprobadas por oficiales más altos, siguiendo la política impuesta por el entonces comandante en Irak teniente general Ricardo Sánchez, su castigo fue permanecer 60 días restringido a permanecer en su hogar, ir a su lugar de trabajo y asistir la iglesia”.

Human Rights First informó que en docenas de muertes de prisioneros, “en su mayoría inadecuadamente reportadas, la investigación que siguió no encontró a ningún responsable de homicidios y de otras muertes inexplicadas”.

El editorial del Post afirmó que este patrón de brutalidad y negligencia ha llega-do a la cumbre. 'Los comandantes, comenzando por el presidente Bush y el ministro Donald H. Rumsfeld y extendiéndose a través de las filas, en varias ocasiones han declinado aceptar que los estadounidenses son responsables de crímenes de guerra documentados”, escribió el Post.

'Los principios de facto que “castigan” al personal de EEUU culpable de abusar de un preso ahora son claros desde 2002: Torturar a muerte a un preso extranjero es perdonable. Ser autor y poner en ejecución políticas de tortura puede conducir a un ascenso. Pero las fotografías que se escaparon de Abu Ghraib para llegar a la prensa son argumentos para sentencias pesadas de prisión”.

Mientras esta disparidad entre los castigos dados al turno de noche de Abu Ghraib y al trabajo más mortal de la CIA y de lo interrogadores militares no puede ser rebatida, la otra desconexión –demostrada por los dos editoriales publicados por el Post del 28 de febrero– puede ser más difícil de explicar.

Incluso, mientras el mundo observa horrorizado como EEUU destripó su reputación en derechos humanos, el Post y otros grandes medios de noticias de EEUU se aferran a la noción ahora caduca de que es un campeón indiscutido en derechos humanos, habilitado para dar lecciones a la ONU sobre cómo aislar a los abusadores de derechos humanos.

Pareciera que al comité de redacción editorial del Post no puede entrarle en su cerebro la noción de que EEUU ahora más bien cayó en la categoría de estados abusivos, como aquellos que Bush desea excluir de la nueva comisión de derechos humanos de la ONU. Así, ese nuevo cuerpo puede perder toda credibilidad, al igual que su predecesor.

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