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11 de marzo de 2006
Presidenta BacheletPresidenta Bachelet: prudencia, no “secretismo”.

Los verdaderos cambios que se pueden esperar del gobierno de Michelle Bachelet

Miguel Tapia G.

Cuando Michelle Bachelet ingresó a la Juventud Socialista, los postulantes tenían que cumplir un período de “premilitancia” antes de ser considerados miembros de la colectividad que entonces se declaraba marxista.

El período podía prolongarse por uno o dos años, durante el cual el o la aspirante a socialista recibía una intensa instrucción sobre marxismo, política e historia, organización, trabajo de masas, propaganda y otros temas.

Esa nutrida preparación partidaria ya marca una profunda diferencia entre la nueva Mandataria y su antecesor inmediato. En su juventud, el Presidente Ricardo Lagos fue militante del Partido Radical y después tuvo un breve período en el socialismo. Pero en 1987 fundó el PPD para cobijar a los socialistas que no podían tener su propio partido porque la Constitución pinochetista se lo impedía.

Después, cuando en 1989 se levantaron las restricciones legales y el Partido Socialista pudo renacer a la vida legal, la gran mayoría de los socialistas regresó a su organización. Pero Lagos se quedó en el PPD y nunca volvió a firmar los registros del PS. No es verdad que tenga doble militancia, porque legalmente sería imposible. Lagos se quedó como militante PPD y nada más.

Cosa muy distinta hizo la Presidenta Bachelet, quien contribuyó con entusiasmo al trabajo del PPD para que triunfe el No en el Plebiscito de 1988 y apoyó las reformas constitucionales plebiscitadas en julio de 1989, que permitieron el renacimiento del PS. Y cuando su partido recobró vida legal después de 18 años proscrito, Michelle renunció al PPD y firmó el padrón continuando con una activa vida partidaria basada precisamente en una sólida y temprana formación política.

Estos “detalles” dejan de manifiesto que la Presidenta Bachelet es una persona –y personalidad– muy distinta a Ricardo Lagos y por tanto, tendrá un estilo de gestión y una forma de administrar el país también muy diferente. Además, porque no hay dos personas iguales y nunca ha habido dos gobiernos análogos. La administración de Patricio Aylwin fue muy distinta a la de su sucesor, Eduardo Frei Ruiz Tagle, porque uno y otro tuvieron énfasis distintos. Además, el segundo era muy poco demostrativo, de tal modo que jamás se sabía qué pensaba o que resolvería en el minuto siguiente.

Y el propio Frei Ruiz Tagle fue tremendamente distinto a la gestión gubernamental de su padre, Eduardo Frei Montalva. Por cierto, Lagos ha sido inmensamente distinto a todos sus antecesores.

Los que saben y opinan, definen el período de Aylwin como un cuatrienio de emergencia, en que había que reorganizar el país, democratizarlo y a la vez enfrentar las amenazas del poder militar que con Pinochet a la cabeza, hizo harto ruido y nunca se resignó a someterse a la autoridad civil.

El sexenio de Frei Ruiz Tagle es calificado como “de modernización del Estado” y el de Lagos, como la época del crecimiento en infraestructura y del avance democratizador y cultural de nuestra sociedad.

¿Cuál tendría que ser la impronta de Bachelet...?

No sólo por ser mujer

Lo primero que hay que tener claro es que la Administración Bachelet no se va a caracterizar –como algunos simplones lo creen- por la “ternura de mujer” que la Presidenta pondría en su gestión. Tampoco por su género tendría necesariamente que ser más o menos enérgica que Lagos. Hay que sacarse de la cabeza que como es mujer, ejercerá su cargo llevada por sus intuiciones o impulsos naturales.

Nada de eso. Michelle Bachelet tiene una formación política muy sólida, pero también tiene la visión del científico y la estructura mental de un experto en Defensa; es decir, casi militar.

Estas características la sitúan como una persona eminentemente racional, pero –como todos– sin perder el necesario componente emocional. Igual que Lagos. Y que Frei. Y Aylwin...

Lo anterior deja en claro que su estilo de gobierno no será tal sólo porque ella es mujer, sino por su formación y también porque gobernará en tiempos y realidades distintos a sus antecesores.

Muchas realizaciones

Últimamente los medios de comunicación han hablado mucho sobre el “estilo Bachelet”, atribuyéndole un especial talento para cultivar el “secretismo”. Gracias a ello –dicen- no se filtró ningún nombre antes que ella oficializara sus designaciones tanto en el Gabinete como en las Subsecretarías e intendencias.

La Presidenta Bachelet no es más ni menos “secretista” que sus precursores u otras autoridades. Todos los asuntos de Estado deben tratarse de manera reservada. No conozco ningún gobernante que difunda cada uno de sus pensamientos o proyectos y decisiones.

Lo que impidió las filtraciones cuando la Presidenta electa seleccionaba a sus colaboradores inmediatos fue su prudencia, no el supuesto secretismo. Y aplicó esa prudencia de manera tan sencilla que uno no entiende por qué a los anteriores mandatarios no se les ocurrió: informó sus decisiones directamente al interesado, sin intermediarios ni testigos. Y les advertía que si algo se filtraba era por su directa imprudencia. Y en tal caso, no asumiría el cargo que se le había propuesto... ¡por imprudente!

La prudencia de la Mandataria va a permitir, entonces, que sus proyectos salgan a la luz solamente cuando estén totalmente diseñados y bien afinados. Podrá llegar a acuerdos sin interferencias, lo que augura un período de muchas realizaciones y alta eficiencia... sólo por el detalle de la prudencia y por la disciplinada estructura de su personalidad que si bien es muy tierna y femenina, también tiene los componentes del científico, el político y el militar.

En la práctica, ¿qué se puede esperar?

Nadie debe dudar que Bachelet y sus equipos de trabajo no van a descansar un minuto hasta que no tengan sobre la discusión nacional un completo proyecto de Reforma Previsional, que necesariamente estará orientado a imponen mayor justicia en el caótico sistema de capitalización individual.

Lo anterior, sin dejar de lado la reducción de los irritantes privilegios previsionales de que gozan actualmente los uniformados, que aparte de ser desmedidos, son absolutamente irracionales.

Pero mientras ese megaproyecto esté en proceso de elaboración y estudio, la Presidenta Bachelet dará curso a las partidas presupuestarias que le dejaron para su administración y aplicará un sustancial mejoramiento a las pensiones más bajas. Para ello se requiere que el Congreso apruebe una ley, pero no habrá oposición alguna; se aprobará unánimemente.

Igual como también todos darán su voto a la ampliación de las pensiones asistenciales y a urgentes reformas relacionadas con la Educación, como es el aumento de la cantidad de salas cunas y la universalización de la educación preescolar.

Por otro lado, también dará vida legal a los programas de apoyo para los jóvenes, especialmente en capacitación y trabajo.

Qué no debemos pretender

En cambio, no debemos pretender medidas inmediatas ni preocupación urgente por los problemas de la micro y pequeña empresa. No habrá perdonazos ni créditos especiales y sólo se mantendrán las condiciones de repactación de deudas tributarias existentes.

Tampoco debemos esperar un cambio muy profundo en la administración pública. La burocracia se mantendrá intacta y no habrá mayor mano dura con los malos funcionarios que atienden mal al contribuyente.

No se debiera pretender, igualmente, que la Presidenta se vaya a oponer a proyectos de inversión ya aprobados por las comisiones regionales del Medio Ambiente (coremas) o que vaya a imponer su rechazo personal a otros que vengan en el camino.

Las correcciones a la institucionalidad medioambiental las va a plantear a través de un proyecto legislativo cuya tramitación puede exceder su período de cuatro años...

En resumen, cambios profundos e inmediato no habrá. Tampoco un violento cambio de estilo. Sí se puede esperar una mayor eficiencia y coordinación en la labor del equipo de gobierno –Presidenta y ministros- y la rápida elaboración de los proyectos de ley que permitan cumplir con sus 36 acciones efectivas en los cien primeros días de gestión.

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