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27 de febrero de 2006

¿Cuándo dejó de sonar el “Clarín”?

Por Mo-Wi (a) “El Chino”
Desde el País de Ys

Alejado como estoy de las pistas chilenas, aquí en Ys donde la paz me inunda por los cuatro costados, últimamente he tenido un nutrido correo debido a mi interés por el General de la Fuerza Aérea (retirado de su Institución y de nacionalidad) Sergio Poblete Garcés, traicionado por sus compañeros de armas que, de sólo pensar en su ex compañero, bajan el moño de vergüenza (o por falta de la misma). Informaciones que me caen de todos los lados, opiniones y análisis sin fin, acerca de esto y de lo más allá, en un tono grave, serio, de una profundidad que da vértigo.

Entre otras, las recomendaciones de leer el sitio de “Clarín”, en Internet.

Sin ser un fulano que vive en función del pasado, debo reconocer que la bendita frase que “todo tiempo pasado fue mejor”, esta vez se justifica ampliamente.

No sé si se debe al cambio de propietario, que el Gato Gamboa debe estar más que anciano, que el Paco Lira se fue en busca de su propio Cosmos, que “Sherlock Holmes” (léase Raúl Morales Álvarez) lo siguió buscando siempre la “Huella de los Días”, y tantos otros buenos periodistas que le dieron forma y contenido a ese diario popular con su lema “¡Firme junto al Pueblo!”, que hoy siento una nostalgia terrible leyéndolo.

¿Cómo olvidar los consejos del Profesor Jean de Frémisse, en su Consultorio Sentimental? Hubo miles de chilenos que sólo lo compraban para leerlo y morirse de las risa, o del estilo inigualable del Paco Lira, la pluma de Sherlock, verdadera fuente de metáforas de un hombre que bien pudo haber sido poeta y que, debido a su metro ochenta y tanto, bueno para los combos y la farra, cortó por el camino del acontecer diario, dejando los versos a otros con mayor o menor fortuna.

O bien, Darío Saint Marie, verdadero patrón de prensa, quien siempre tuvo el ojo para crear medios que el pueblo reclamaba, libertarios, independientes, desprovisto de pelos en la lengua, sin el cual “Clarín” jamás habría existido.

Hoy, en cambio, este diario que fue popular se ha transformado. Ya no es el mismo. Comprensible. De eso no hay duda.

Los tiempos han cambiado. El chileno que tanto cacarea con su humor, lo ha perdido. Quizás debido a 17 años de dictadura de uniformados dispuestos a vender metro a metro su largo y angosto país, contentos de ser recibidos con bombos y platillos por una nueva burguesía creada por el desfalco de nuestras riquezas nacionales.

Nos hemos puesto graves, serios. Yo diría, “tontos graves”.

En contrapartida, nos solazamos en la famosa “Farándula” de mediocres, vendedores de la imbecilidad a vil precio, de la “pilucha” a todo color a fin de levantar moral y sexos caídos, en un pueblo que, además, se jacta campeones para el menequeteo (Habría que preguntarle a nuestras mujeres si hay algo de cierto en ello).

“Clarín” produjo los mejores títulos en la historia del periodismo chileno. Tuvo una página editorial inconfundible, una crónica “roja” que trazó una nueva línea y hasta en la hípica no faltaron los buenos datos. Gracias a la mano de gato de Gamboa y de otros secuaces, que hoy pertenecen al Panteón de la prensa de Chile.

Leer el actual, buscar hasta en la última línea ese diario que -¡maldita cosa!-, dejó de existir, dan ganas de llorar a gritos.

¡Hasta el lema “Firme junto al Pueblo” ha desaparecido!

Y no me extraña en absoluto.

Un diario popular debe estar obligatoriamente al lado de los intereses del Pueblo. Sin jugar a los pelotudos serios y graves, aunque no falten los artículos de denuncia tanto contra los politicastros como por la defensa de la soberanía nacional o los intereses de los trabajadores que, día a día, lo compraban y, finalmente, incluso empapelaban con sus páginas la mediagua en la población respectiva.

Existe un proceso para devolver a su propietario lo que le fue robado. ¡Quién sabe dónde terminaron las prensas modernas, la rotativa último grito, en que se transformó el local de “Clarín”!

Los beneficiados deben estar felices del negocio que, bien probablemente, engrosaron las faltriqueras de unos cuantos generales, apurados como estaban de “agarrar” cuando por primera vez fue su turno.

Resucitar sin el “ñeque” necesario al “Clarín”, no vale la pena. Más vale darle santa sepultura y dejarlo como un ejemplo de lo que puede y debe ser un periodismo ágil, macanudo. Cierto, el nuevo propietario no es Darío Saint Marie ni su Director el “Gato” Gamboa. Brilla por su ausencia el Paco Lira, Raúl Morales Álvarez, entre otros próceres del periodismo nacional.

Otro Chile, otro periodismo.

Hoy, somos serios y graves. No nos gusta que no nos tomen en serio. Fatuos y vanidosos, hablando únicamente de los millones que no poseemos (¡esto sí que es una lástima!), cacareando en el corral donde apenas unos pocos tienen la sartén por el mango, menospreciados e incluso despreciados, por unos cuántos patrones de prensa que gozan y profitan del bien público a través de sendos anuncios publicitarios generosamente ofrecidos por el Gobierno, a condición que no le tiren en las patas, ofreciendo a sus lectores -¿ovejas sumisas?-, la idiotez para convertirlos en seres sumisos y en ningún caso, rebeldes al orden establecido.

No lo niego: tengo nostalgia del “Clarín”.

Como de tantas otras cosas. Pero bien sé que no hay vuelta atrás. A veces me digo que hice bien en quedarme aquí en “Ys”, país en el cual puedo recuperar a “ma guise” –como dicen los franchutes-, el pasado que, en este caso, fue mil veces mejor.

Ignoro qué fue del Gato Gamboa. Es de esperar que todavía guarde ese talento que pocos lo han tenido en su Oficio. Me imagino que ya le han otorgado el Premio Nacional de Periodismo y que goza de una feliz vejez precoz, al lado de los suyos.

Si llegara a leer estas líneas, me gustaría decirle que me hubiese gustado tenerlo como Maestro, haber dado mis primeros pasos de reportero a su lado, haber aprendido en “su” diario incluso barriendo, este Oficio bíblico, donde Camilo Henríquez fue nuestro prócer con olor a tinta, allá en calle Dieciocho si no me equivoco, donde se hizo el mejor periodismo chileno.

Desgraciadamente ya es tarde. Vestido de anciano, también, escribo de los pasos que dejo sin dejar huella alguna, sumido en una nostalgia que a veces me hace enormemente daño, ansiando volver a mis treinta años, cuando dejé Chile, con un artículo de “Clarín” escondido en mi billetera, en el que se hablaba de “Pusycat”, un gato, escrito por “Sherlock Holmes”, el mejor que he leído en mi vida.

Todo tiempo pasado fue mejor.

De eso no existe la menor duda.

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