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27 de febrero de 2006
Cantante José Feliciano. Imagen:El cantante ciego José Feliciano, excelente.
Presentación de Illapu en Vi&ntilIllapu, magnífico y con madrugadores premios de consuelo.

Bodrio de Viña logró otra vez embrutecer al monstruo, a los medios y a la gente

Por Miguel Tapia G.

Al momento de despachar la nueva actualización de ZonaImpacto.cl, el Festival de Viña alcanza su máximo esplendor.

Es pasada la medianoche y no están transmitiendo los más importantes informativos radiales.

Los canales de TV que difunden noticias a pesar del magno evento farandulero, le dedican más de veinte minutos a los detalles más insólitos de este bodrio circense del espectáculo nacional.

Los diarios dedican páginas y páginas a la disputa de modelos, noteras y muchachas ligadas a la televisión, la mayoría argentinas, que a punta de exhibir fabulosos glúteos y mamas, se disputan la corona de Reina del certamen. También se habla de otra batalla por el título de Rey.

Los animadores han logrado cautivar al público. Sergio Lagos, imagen de los despreciables reality shows de la televisión criolla, se plantó en el escenario para imponer su rostro caricaturesco que no sé por qué me evoca al de Michael Jackson. El gran tema en centros laborales, poblaciones, diarios y programas de radio es si la primera noche este Lagos besó en la boca o en la mejilla a su coanimadora Miriam Hernández. Y por cuántos segundos se prolongó el cálido ósculo, que respondió -¡cómo no!- a la exigencia del público.

Certificado de ordinariez

Es la cuadragésima séptima versión del festival de la Canción de Viña del Mar que a medidas que pasan los años, se va asimilando más a la ordinariez que los administradores de la farándula nacional están tratando desde largo tiempo de imponer en el país.

El evento “artístico” más importante de Chile avanza a pasos agigantados hacia el imperio de la más espantosa vulgaridad, conducido diestramente por la mano de la propia Alcaldesa viñamarina Virginia Regginato y los más altos ejecutivos del Canal de Televisión de la Pontificia Universidad “Católica” de Chile.

La programación del 47º Festival fue la flagrante demostración de que los ideólogos del certamen se las juegan por la chabacanería más exacerbada, porque la concepción misma del evento traslada las manifestaciones artísticas a un plano absolutamente desvencijado, porque lo más importante es lo que dicen y hacen las “figuras” del exhibicionismo: quién exhibe su cuerpo con mayor desvergüenza (para solaz de nosotros, los viejos verdes); qué protagonista habla más barbaridades, cuál es capaz de liderar las agresiones verbales contra sus colegas y/o adversarios, quiénes farrean más horas cada noche, de manera más desenfrenada para obtener el tan preciado certificado de ordinariez que en este evento se traduce en mayor cobertura periodística y mejores posibilidades de cualquier empleo exhibicionista.

¿Y la competencia?

Eso es lo central para organizadores y medios que cubren este “Festival”.

Lo segundo vendría a ser el show, que tampoco es tal sino una sucesión de interminables recitales que sólo la gente joven pletórica de entusiasmo es capaz de soportar y disfrutar. Pero no es un show.

Los artistas no son, tampoco –como alguna vez se hizo tradicional- las figuras plenamente vigentes en la parrilla de radios y televisión. Hoy se presentan artistas de la vieja guardia, repetidos como el excelente José Feliciano, entremezclados con otros actuales poco conocidos como los mexicanos “Tigres del Norte”, aderezados por homosexuales como los Miranda, que aportan el condimento pernicioso.

Humoristas que siguen creyendo que los porrazos, las imitaciones o los cantos hacen reír, figuras de alto ritmo como Juan Luis Guerra o el icono del reggaeton puertorriqueño Daddy Yankee, y una interminable lista de grupos y solistas conforman una melcocha inentendible, un charquicán que pretende darle en el gusto a todos, pero muy especialmente, imponer el imperio del mal gusto.

Así cayeron desconocidos como David De María o sus compatriotas españoles Andy y Lucas, que nadie aplaudió. Y entremedio, uno que otro chileno destacado como el comediante Coco Legrand o patético, como el pobre Ruperto, trasnochada réplica de lo que alguna vez fue la caricatura del personaje criollo “Perejil”...

Como sutil intromisión entre tanta ramplonería, los organizadores incluyeron la presentación del Grupo Illapu, lejos los mejores intérpretes chilenos de música andina. Pero iniciaron su actuación pasadas las 2.30 de la madrugada. A las tres y tanto, frente a un escaso público “sobreviviente” de la agotadora jornada, los animadores intentaron compensar a los cultores de nuestra música presionando al “monstruo” para que pida cuanta antorcha y gaviota encontraron a mano. Los autóctonos artistas no rebajaron su espectáculo y aunque ya de mañana, igual presentaron danzas altiplánicas para distraer su proyección musical. Y entendieron que por ser folcloristas y ser chilenos, eran pasados a llevar por los organizadores del evento. Total, no era la primera vez. En versiones anteriores, también fueron incluidos de madrugada, ante escaso público...

Y, a todo esto, ¿qué pasa con la competencia de canciones? ¿No es un “Festival de la Canción”?

Durante los días de la competencia me he esmerado en revisar diarios, ver los programas especializados de televisión, escuchar mucha radio y revisar los sitios “ad hoc” en la Internet buscando comentarios, críticas, análisis y vaticinios de la torneo musical. Nada. Sólo encuentro nalgas, pechugas, labios carnosos y sonrisas calientes exhibiendo enormes dientes blancos y perfectos. Y animadores que hacen como que flirtean pero reiteran que sólo son grandes camaradas de trabajo.

La competencia cayó en el olvido...

Algo para el futuro

...Y ¡menos mal! Porque los escasos temas que he escuchado y que están compitiendo son pésimos, tanto en lo que denominan “genero folclórico” como en la música popular.

Nada. No quedará absolutamente nada para el futuro. Pero esa no es preocupación de Canal 13, que arma y administra todo el espectáculo. Ellos se dan por satisfechos con las tremendas utilidades publicitarias que les producen el voyerismo y los cahuines faranduleros. Tampoco es asunto de la Municipalidad, cuya alcaldesa y concejales miembros de la Comisión respectiva, se dan por satisfechos con opinar sobre cuestiones que desconocen totalmente, como cuál es la mejor parrilla programática o cómo reemplazar al grupo estadounidense que no podrá venir por enfermedad de su líder y solista.

Nadie piensa en el futuro. No habrá nuevos legados como las bellísimas “Julie”, “El tiempo en las bastillas”, “Un café para Platón” o “Canción a Magdalena”, entre muchas otras del pasado.

La Municipalidad anunció que nuevamente tiene que licitar la producción, la transmisión televisiva y la explotación comercial del Festival para los años venideros. Está claro que si nuevamente se lo adjudica un canal católico o de la derecha más mojigata –como el Mega o La Red- estará garantizado el sostenido incremento de la ordinariez y la vulgaridad de “nuestro” Festival. Pero también contarán con la más absoluta certeza de que el municipio seguirá recibiendo jugosos beneficios económicos (hay quienes suspicazmente afirman que los concejales también se benefician). Total, en adelante ya estaremos embrutecidos el “monstruoso” público, la gente en general y muy especialmente los medios de comunicación, siempre dispuestos a la vulgarización de la sociedad.

Lo demás, es lo de menos.

Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso