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10 de febrero de 2006

Autoridad regional

Soy absoluto partidario de que cada Región debe tener una autoridad máxima elegida por la ciudadanía, con un Consejo Regional también generado por votación popular, sin perjuicio de que el Presidente de la República mantenga un funcionario como su representante.

Actualmente el Intendente ejerce como una especie de Presidente Chico, con su gabinete formado por los Secretarios Regionales Ministeriales y una suerte de parlamento que sería el CORE, cuyos miembros son elegidos políticamente por los concejales de la Región.

Pero el Intendente o Presidente Chico tiene escasas facultades porque es sólo un funcionario menor y tiene que obedecer órdenes de los ministros o del Jefe de Estado. Y representa los intereses del Gobierno ante la ciudadanía; en ningún caso defiende los intereses de los ciudadanos ante el Gobierno.

La V Región ha tenido muy mala pata en los últimos años en cuanto al Intendente. Uno lo estaba haciendo muy, pero muy bien, pero se equivocó. Hardy Knittel –intendente de Frei Ruiz Tagle- creyó representar a la ciudadanía y se puso a defender los intereses de la Región al reclamarle a la sanitaria privada Esval la devolución de las inversiones estatales de las cuales está usufructuando. Knittel no adivinó que había gente en el Gobierno que defendía los intereses de Esval y desoyó las órdenes de abandonar su reclamo. Al poco tiempo cayó en desgracia; lo acusaron de corrupción, lo lincharon en la prensa con acusaciones horrorosas... destruyeron su imagen de manera brutal. Y, por supuesto, lo sacaron del cargo totalmente desprestigiado y procesado en los tribunales. Finalmente, la Justicia lo absolvió de toda culpa. Pero el daño ya estaba hecho y la región había perdido un estupendo líder.

El Presidente Lagos nombró a la ex ministra Josefina Bilbao como Intendenta. Ella trató de imponer un estilo autoritario y personalista que le ganó la enemistad de todo el mundo, así es que se tuvo que ir haciéndole honor al apodo que le habían puesto: “Josefina la Breve”. Como nuevo intendente se designó a Gabriel Aldoney, cuya conducción fue aplaudida desde todos los sectores. Pero el Presidente Lagos resolvió que quería incorporar juventud a los gobiernos regionales y sacó a Aldoney para poner al joven médico Marco Antonio Núñez, quien tampoco resultó porque igualmente impuso un estilo autoritario provocando disputas con todo el mundo. Marco Antonio –que vivió toda su niñez en Quillota- se tuvo que ir y ahora es diputado electo por San Felipe y Los Andes.

Un viejo para los nuevos tiempos

Entonces el Presidente sacó de su sombrero de mago a un personaje muy destacado de la política regional: el ex diputado comunista y actual militante socialista Luis Guastavino. Muy entrado en años –más de 70- pero con una energía envidiable, Guastavino asumió asombrando a todos con un estilo de gestión que no le conocíamos.

Empecinado en demostrar que había cambiado muy de adentro, declaró públicamente que como comunista se consideraba culpable del enfrentamiento social que originó el golpe de estado, reconociendo que su antiguo discurso era “incendiario”.

Como nuevo intendente se negó a toda entrevista, excepto participar en un programa de televisión que se graba en Limache, conducido y producido por un ex militar. Después accedió a participar en el “Debate” de Radio Festival, donde su conductor –el periodista de extrema derecha Luis Muñoz- lo enfrentó con el almirante en retiro y actual senador UDI Jorge Arancibia, quien días antes lo había calificado como “mastodonte”. Ahí Guastavino nos sorprendió coincidiendo en todo con el senador de la más recalcitrante derecha pinochetista. Desde entonces, el senador Arancibia no pierde ocasión para elogiar y aplaudir al Intendente ex comunista.

A poco andar, el Intendente declaró que los empresarios de la zona debieran designar al nuevo secretario ministerial de Economía. Así se ganó el beneplácito del gremio empresarial.

En la Intendencia, Guastavino impuso el estilo de los orejeros; es decir, se rodeó de aduladores que le llevaban cuentos. Uno de sus principales asesores fue el secretario ministerial del Trabajo, José Manuel Mancilla, actualmente renunciado y procesado por fraude al fisco.

Estableció distancia con los dirigentes de su partido, el PS, y de la Concertación regional y, en cambio, se acercó a la derecha, en una obsesiva actitud de rendir “examen de la blancura” ante la oposición.

Con este estilo, el Intendente socialista se ganó el beneplácito de El Mercurio de Valparaíso, que le dedica sus mayores elogios; de la Armada y los empresarios. Pero se alejó definitivamente de la gente y de la Concertación.

El liderazgo que tanto se le reconoció, dejó de ser tal. En una ocasión, convocó a todos los secretarios regionales ministeriales y directores de servicios para un encuentro sobre comunicaciones al que asistiría el ministro Secretario General de Gobierno (en ese tiempo, Francisco Vidal). De 52 convocados, apenas llegaron tres. Guastavino había perdido liderazgo.

En las últimas semanas, el intendente ha dado tristes espectáculos que fueron definidos por un medio escrito como la demostración de que estaba convertido en un personaje decrépito.

Inmediatamente después de la elección del 15 de diciembre, se permitió declarar que la DC había perdido todos sus parlamentarios en la Región porque la ciudadanía había “castigado” a esa colectividad. A la vez, opinó que el próximo Intendente tenía que ser demócrata cristiano... Ambas declaraciones fueron recibidas como un desatino mayor: la DC rechazó estar sufriendo el castigo ciudadano y los demás partidos de la Concertación se preguntan cómo puede andar ofreciendo la próxima Intendencia a la DC. Obviamente, esto cayó especialmente pesado dentro del Partido Socialista...

Entremedio, Guastavino editó un libro relatando sus aventuras como perseguido político en la clandestinidad. El anticipo de sus contenidos, obviamente, lo proporcionó como primicia a El Mercurio…

Después que destaparon los fraudes en los programas de empleo de emergencia, Guastavino tuvo una violenta pelea verbal en el CORE con los consejeros de derecha e incluso, también, con algunos concertacionistas. Más tarde, se peleó con un periodista de El Mercurio y una colega de La Estrella, a quienes acusó de derechistas. Y en los últimos días pretendió que la prensa se debía inhibir de investigar e informar sobre las actividades del gobierno regional.

En realidad, este Intendente se fue para otro lado. En más de una ocasión ha estado al borde de ser cambiado y se ha mantenido porque el Presidente Lagos no destituye a sus funcionarios cuando alguien se le anticipa anunciándolo. Y tampoco va a hacer cambios quedando tan poco tiempo para dejar el mandato.

Pero Guastavino se ha convertido en la mejor demostración de que la jefatura regional debe estar a cargo de un representante de la ciudadanía y no de un funcionario que le dé la espalda apenas se siente en el Piso 19 del edificio Esmeralda...

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