Los Simpson desnudan la naturaleza del ser humano y del “hombre medio” y muestra como natural el deseo de estrangular al hijo que ha hecho una travesura. En la realidad, las personas lo pueden llegar a imaginar, pero no lo harían efectivamente. |
Por: Oscar Delgado Godoy
Hace poco vi un nuevo capítulo de la memorable serie de dibujos animados norteamericana “Los Simpson”. Uno de los capítulos cuando el hijo mayor de la familia, Bart Simpson resulta seriamente lesionado y culpa a sus padres para escapar a la condena que le intenta imponer el tribunal de menores, recluirlo en un reformatorio.
Justamente por estos días “La Cuarta” publica en su titular “Nuevo pastelazo del Niño Goitía”; no me queda otra opción que relacionar la realidad chilena y la fantasía de Matt Goerning y lo primero que pienso cuando aparece Cristóbal Goitía en los medios de comunicación es: Bart Simpson ataca otra vez.
Esto lo he comentado con algunos amigos y, ciertamente, la analogía calza a la perfección: un niño problema que pone en aprietos a los políticos y distintas figuras de renombre con procesos judiciales por actuar a favor o en contra del famoso “problem kid”.
Cristóbal Goitía no tiene reparos en poner en aprietos a sus propios padres a fin de salir libre de culpas y con bastante notoriedad pública, suficiente para causar lástima o solidaridad del público de los medios de comunicación.
Una situación similar se observa en la serie de televisión en el episodio cuando Bart simula haber caído en un pozo de agua engañando a todo el pueblo, incluida la policía y las autoridades. La treta la logra dejando caer un walkie talkie en el pozo e inventa el personaje de Timmy O’Toole, un pequeño huérfano que no tiene mucho en la vida.
Lo complejo de esta analogía es no apreciar el problema social que concomita al de la mente del adolescente que en la realidad tiene 16 años, cinco más que Bart.
Lo difícil es pensar que sólo es culpa del niño, que es un muy buen actor o su familia le ha hecho una vida bastante compleja. Pero es igualmente difícil ponerse en el lugar de los padres de un niño problema que ha evitado permanecer con cualquiera de ellos yéndose a vivir con personas ajenas a su núcleo, evitando sagazmente vivir en un hogar o reformatorio a cargo de profesionales idóneos.
A muchos nos queda la sensación de conocer el caso y cuando La Cuarta habla de “pastelazo”, ya está emitiendo un juicio respecto de la credibilidad del adolescente. Pero lo imborrable son los hechos: fracturas y caídas del cuarto piso.
Apropiado a la caricatura es Homero ahorcando a Bart cada vez que hace “una de las suyas” presa del descontrol y la falta de educación de un “hombre medio”. Pero esta conducta no es la esperable para un padre humano.
Pero también entiendo al padre de Cristóbal. Ser padre es difícil; la adolescencia es una prueba de fuego, pero ser padre de un “niño problema” es todo un reto, para el cual no fuimos preparados.
Como dijo Cristóbal cuando lo entrevistaban y no quiso seguir contestando las preguntas de los periodistas:
-Con permiso, pero tengo que hacer pipí, adiós.
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