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31 de enero de 2006

Algo más que sueños

Desperté con el espíritu alegre y una sensación de ligereza que me hacía sonreír. No tuve que esforzarme para recordar que soñé con esa compañera de los años mozos, dulce y cálida, que volvía a mi lado intacta para compartir el solitario lecho y hacer el amor frenéticamente, como en los mejores tiempos.

¡Qué bello regalo celestial esta capacidad de soñar!

Mi dulce compañera de antes abrazó nuevamente mi cabeza acariciando mis cabellos, besando cada rincón de mi rostro mientras entonaba canciones de cuna y sus ojos destellaban infinita ternura.

De pronto, el universo detenía su locura y el absoluto silencio se precipitaba sobre nuestro mundo para sólo escuchar apenas ese apasionante susurro dentro de mis oídos repitiendo: “Amor... amor...”

Besé tu cara, tus manos, cada rincón de tu piel y cada intersticio de tu cuerpo moreno y firme, tan joven y armonioso como entonces. Derrochamos esa alegre pasión que nos hizo recorrernos impunemente cada instante de nuestra locura mientras desde algún rincón surgía una y otra vez aquella nuestra canción de siempre: “Ámame una vez más/ que no puedo ya vivir/ sin tus caricias...”

Desperté alegre, enfrentando los días siguientes con un nuevo sentido: seguir amando, como entonces, mejor que antes. Y soñar es gratuito... sólo que ya no estás cerca de mí. Y que ahora somos viejos, solos y tristes...

También soñé despierto

Ese domingo 15 recorrí cuatro ciudades y en cada lugar todo era tranquilo y alegre. La gente fue contenta a sufragar. El trámite no tardaba más de un par de minutos. En Quillota, soportábamos un calor sofocante. La casa materna había congregado a los hijos y nietos que se reúnen en cada elección. Nos reunimos y esperamos confiados.

Coincidimos en que parecía un sueño elegir una Presidenta. Y, mejor aún, socialista. Michelle nos resultaba ideal. Mi ex compañera, madre de los cuatro hijos-electores, confesaba su esperanza de que la elección de una mujer en la Presidencia contribuyera a poner fin a toda una historia de colonialismo genérico. Pero al menos uno de los hijos y yo manifestábamos nuestras aprensiones porque la derecha engolosinada por la cercanía del triunfo, recurrió a todos los medios a su alcance para conquistar el único poder que les ha sido esquivo en el país.

Los primeros resultados que escuchamos por la radio fueron adversos para nuestro sueño. Pero a las 17 recibí un llamado telefónico comunicándome que en la Intendencia Regional se conocían las primeras cifras del Ministerio del Interior, y daban por elegida a la doctora. A las 17.30 horas, Radio Bío-Bío difundió su estudio-proyección de resultados: Bachelet alcanzaba un 53 por ciento.

Esa noche, el grupo familiar llegó hasta la Plaza de Armas de Quillota a abrazar a los amigos que celebraban con discursos y música. De regreso a la soledad de mi hogar, pude disfrutar íntegramente este sueño que era cierto y que nadie me podría arrebatar...

De vacaciones...

Al escribir estas líneas doy comienzo a unas vacaciones muy sui géneris, ideada por el empresario para el cual creí estar trabajando al menos durante el último año y medio. Es un empleo modesto, pero que me permite ejercer mi profesión y al menos financiar la sobrevivencia básica.

Anteayer, el empleador reunió a todo su equipo periodístico para notificarlo que el periódico iniciaba un receso de un mes por vacaciones. Y que cada uno de nosotros debía irse a casa para regresar a fines de febrero, sin percibir remuneración alguna por ese tiempo.

Llámele receso o vacaciones, no se trata sino de un despido colectivo aprovechando la indefensión del equipo de fieles colaboradores, todos regidos por el perverso régimen de honorarios: sin derecho a feriados, aguinaldos, gratificaciones, vacaciones ni reposos médicos.

Así, inicio un descanso obligado que será permanente porque ante semejante injusticia resolví sumirme nuevamente en la cesantía total. No volveré más.

El sueño de las vacaciones no es para mí. Me dispongo a enfrentar un período indefinido sin ingreso económico alguno. Más bien confiado en que algo sucederá...

De repente, soy feliz

Después de ser notificado de estas “vacaciones” obligadas y de anunciar al empresario que no volveré a su empleo precario, regresé cabizbajo al hogar, rumiando la sensación de rabia e impotencia. Y de pronto me encontré con la mujer de edad imprecisa, gorda, chica y muy modesta, que arrastraba un carro de tablas con ruedas por las calles de mi ciudad. Llevaba plantas ornamentales de alegres colores, ordenadas sobre el armatoste móvil y me habló para ofrecer su preciosa mercadería. Me fascinó con su charla sobre las bondades y la belleza de cada una y lo conveniente de los precios. Había una interesante variedad de especies –todas plantadas en olorosa tierra dentro de bolsas de plástico-, pero una fascinó mis sentidos y parecía inclinar sus hojas ante mi vista para dejarme advertir la hermosura de la flor granate y la suave textura de la foliatura. “Se llama begonia”, me aclaró la mujer. Hoy, Begonia me acompaña a pocos metros del lugar donde escribo. Y aunque cueste creerse, me siento dichoso con su compañía. A veces ser un poquito feliz también cuesta barato. En este caso, me costó apenas 500 pesos...

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