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31 de enero de 2006
Luc?a Pinochet H. Imagen: La Tercera
Luc?a Pinochet H. Imagen: La Tercera Lucía Pinochet fue detenida a su llegada a Chile, pero quedaría libre en cualquier momento (Fotos: La Tercera).

Lucía Pinochet: repudiable bochorno en Argentina, Estados Unidos y Chile

M.T.G.

Lucía Pinochet Hiriart ha sido cuestionada desde hace décadas por su participación en las jugosas utilidades obtenidas por el Clan familiar gracias al dictatorial ejercicio de su padre, Augusto Pinochet.

Pero el episodio que protagonizó en los últimos días, resulta sencillamente repulsivo.

En el marco del proceso que instruye para establecer el origen y demás delitos económicos cometidos por el ex dictador y su familia al hacerse ilegalmente de una inmensa fortuna, el ministro de fuero Carlos Cerda advirtió caballerosamente –el viernes 20 de enero- a la cónyuge del general en retiro, Lucía Hiriart, y a sus hijos, que los necesitaba a todos reunidos en la mansión familiar de La Dehesa en la mañana del lunes 23 para notificarlos de importantes resoluciones.

Todos concurrieron, menos Lucía Pinochet, la mayor de las hijas del ex general. Y ese lunes fueron notificados de su procesamiento por delitos tributarios y, algunos, por uso de pasaportes falsificados. Se les concedió libertad provisional y cada uno regresó a su casa.

En rigor, no se podía esperar más, porque el dictador y su familia han recibido siempre un trato preferente (“guante blanco”) de parte de los jueces.

Lucía, aterrorizada

Ahora, la familia Pinochet intenta convencer a los chilenos de que la hija mayor de la tribu, Lucía, tenía programado un viaje a Argentina y Estados Unidos con anticipación. Pero lo cierto es que el mismo viernes cuando el ministro Cerda les advirtió de las notificaciones, Lucía comenzó a ver cómo escabullir al Magistrado. El domingo, el pinochetista diario El Mercurio informó con grandes caracteres que al día siguiente el tribunal notificaría de los procesamientos a los Pinochet. Ese mismo día, Lucía partió en auto con su hijo a Mendoza.

En su cómoda habitación de hotel en la ciudad trasandina, vio con su hijo cómo notificaban a su madre y hermanas y los mandaban a la Escuela de Gendarmería a esperar la ratificación de la libertad provisional por la Corte.

Lucía entró en pánico y resolvió irse desde Mendoza a Buenos Aires y de ahí a Estados Unidos. No encontró vuelo directo a su destino –Miami- así es que tomó uno a Washington, desde donde seguiría a su objetivo final.

Pero entretanto, la justicia chilena funcionaba. El tribunal había sido advertido de su fuga y dio orden internacional de “ubicarla”. Cuando se supo su ingreso a Estados Unidos, el gobierno de ese país resolvió anularle la visa para provocar su inmediato regreso. Pero ella –muy suelta de cuerpo- tuvo la patudez de pedir asilo político, beneficio reservado en todos los países del mundo a las personas perseguidas por razones políticas en cuyas naciones de origen corren riesgo en sus vidas, integridad, libertad personal o derechos elementales en los tribunales.

Humillación máxima

Cuando una persona obtiene dinero fácil, lo gasta con facilidad increíble porque pierde las proporciones.

Lo mismo parece suceder con quienes gozan de impunidad sin límites o poderío ganado de manera ilegítima y sin esfuerzo alguno.

Así, Lucía Pinochet perdió absolutamente el sentido de las proporciones creyendo que en Estados Unidos recibiría un trato tan preferencial como lo recibe toda su familia en Chile.

Pero “se chingó”. Y muy feo.

Como se le anuló la visa estadounidense, pasó a ser una inmigrante ilegal y por lo tanto fue detenida y encarcelada. Su “movida” de pedir asilo político no debe sino haber provocado una estrepitosa carcajada entre los funcionarios estadounidenses, pero en la práctica sólo significó que tendría que estar por tiempo indefinido en una cárcel –donde fue confinada esos dos días- con traje de presa común, en una estrecha celda y siendo esposada cada vez que tuviera que presentarse en los tribunales.

Recién después de conocer todas esas humillaciones que jamás imaginó, Lucía resolvió renunciar a su petición de asilo político.

Entonces, como cualquiera inmigrante ilegal, fue devuelta a su país de procedencia –Argentina-, desde donde fue enviada en otro vuelo de regreso a Chile.

Asilo... ¿contra qué?

Resulta verdaderamente irrisorio que la hija de quien fuera uno de los dictadores más feroces de América haya pretendido obtener refugio político cuando intentaba escapar de un procesamiento por delitos tributarios.

Ella, como sus hermanos, debe tener plena conciencia que los tribunales han ido descubriendo estos delitos de evasión de impuestos en la medida que han ido conociendo el verdadero volumen de sus fortunas. Es decir, se verifican grandes ingresos de dinero, pero no aparecen declarados en el pago de tributos.

En ninguna parte del mundo los delitos de este tipo dan lugar a asilo político. Mucho menos cuando en el país donde se desarrollan los procesos, como el nuestro, hoy rige un pleno Estado de Derecho, los procesos son transparentes, los imputados tienen absoluto derecho a defensa y, en el caso de los Pinochet, se les brinda un trato exageradamente preferencial.

La vergüenza nacional

Al llegar en vuelo LAN Chile al aeropuerto de Pudahuel, Lucía Pinochet fue notificada de su condición de detenida, aunque sólo para ser notificada de su procesamiento porque el juez Cerda –sin que se lo hayan pedido- había concedido a todos los Pinochet la libertad provisional previa consulta a la Corte de Apelaciones.

Lo vergonzoso es que fue el propio ministro de fuero Carlos Cerda, admirado por sus procesos en derechos humanos y recientemente promovido a la Corte Suprema, quien llegó hasta el terminal aéreo, subió al avión, le notificó de su procesamiento y le brindó todo tipo de disculpas y confianzas para que acepte irse a la Escuela de Gendarmería en calidad de detenida preferencial.

Al cierre de esta nota, Lucía Pinochet –deudora de más de 400 millones de pesos defraudados al Fisco mediante declaraciones fraudulentas de ingresos- permanecía en la Escuela de Gendarmería visitada por destacados pinochetistas como el cura Raúl Hasbún y el diputado Iván Moreira. Y se aprestaba a salir libre de polvo y paja a primera hora del primer día hábil de la semana.

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