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31 de enero de 2006
Portada de ?Los amigos del Dr. Schaffer?Esta es la portada del libro “Los amigos del Dr. Schaffer”.

Los reveladores capítulos del libro "Los amigos del Dr. Schäfer"

La red de protección del Tío Paul

Por Claudio Salinas y Hans Stange
De: La Nación Domingo

La ex ministra de Justicia Mónica Madariaga –quien también es prima del dictador Pinochet– fue una de las más fervientes admiradoras de Paul Schäfer y su “obra”. Sus palabras son elocuentes: “Sin ser alto, era imponente, de muy buen físico. Pese a su defecto visual, era extremadamente buenmozo. Muy bien vestido, con una presencia cuyo halo invade. No pasa inadvertido. Él llena espacios”.

La relación entre Madariaga y Schäfer no quedó sólo en las palabras. La ex ministra llevó a su madre a la colonia para ser intervenida en el hospital, y pasó largas temporadas de descanso en el predio alemán.

Muchos ilustres amigos de Dignidad ejercieron sus influencias desde la dirección de servicios y reparticiones públicas. Un informe del ministro en visita Hernán Robert Arias, de 1989, consignó las declaraciones favorables a la colonia de varios ilustres de Parral. Uno de ellos era Claudio Bravo, el alcalde. Otro, Manuel Insunza, director subrogante del Servicio de Salud del Maule. En esa época, Hartmut Hopp y Hans Jürgen Blanck participaron con las autoridades de la comunidad como miembros del Consejo de Desarrollo Comunal.

Los diputados

La discusión calentaba ya los ánimos. Es que el tema era Colonia Dignidad. Agitado, un diputado increpó a un grupo de campesinos:

“¿Acaso a ustedes no los han atendido gratuitamente en el hospital? ¿No podrían ser malagradecidos, verdad? Díganles a estos señores que son parte de una campaña de desprestigio contra esos alemanes que sólo han dado beneficencia y progreso a la zona”.

Quien defendía con tanta vehemencia al enclave de Paul Schäfer era el ex diputado UDI Osvaldo Vega. “Estos señores” eran los miembros del equipo del periodista Marcelo Araya, de Televisión Nacional de Chile.

No fue la única manifestación de apoyo que recibió la colonia por parte de un parlamentario. De hecho, recibió muchas y de todos los sectores políticos.

Durante todo el año 1996, la Policía de Investigaciones realizó indagaciones sobre el caso C.P.P. Visitaban las casas de campesinos y pobladores vecinos a Colonia Dignidad, reuniendo información. En todo momento eran seguidos por una camioneta blanca, propiedad de los colonos. En ella, Olalia Vera, una de las más acérrimas adictas de Schäfer, junto a Friedhelm Zeitner –el guardián del “Tío Paul” en Buenos Aires– filmaban todos los movimientos de los detectives.

Un día, los policías sencillamente se aburrieron del hostigamiento. Aguardaron a la camioneta en una gasolinera en las afueras de San Carlos y los abordaron.

– ¡Somos la policía! ¡Detengan el motor! –gritó el subcomisario Juan Álvarez.

Olalia Vera y Zeitner abrieron las puertas e intentaron huir, pero fueron detenidos por los oficiales. “¡Socorro! ¡Nos están atacando!”, gritaba Olalia.

– No pueden grabar a la policía. ¿Son de la colonia? –preguntaron los detectives.

De pronto, otro vehículo se acercó desde la carretera. Un hombre descendió de él y se acercó al lugar donde forcejeaban policías y amigos de Dignidad.

– ¿Qué ocurre? ¿Cómo es posible este abuso de poder con esta pobre gente? –dijo el hombre del vehículo.

– ¡Felipe, Felipe, nos están atacando! –gritaba Olalia.

El hombre era Felipe Letelier, diputado del PPD y un reconocido amigo de Colonia Dignidad. En muchas ocasiones defendió la “labor benéfica” del hospital. Allí atendieron a la madre de su jefe de gabinete.

Junto al diputado llegó una patrulla de Carabineros. Instaron a los detectives a dejar ir a los espías del enclave.

– ¡No los dejen!– fue la orden del subcomisario Álvarez–. Esto es absurdo. Señor diputado, conversemos en privado.

El resultado de la reunión era predecible. Varios detectives terminaron con lesiones producto de la trifulca. Ni Olalia Vera ni Friedhelm Zeitner tuvieron que comparecer ante un tribunal por el hecho.

¡Esos sí que son amigos!

El desmemoriado Larraín

Pero si de amigos se trata, uno de los más connotados es el olvidadizo senador UDI Hernán Larraín. Según el testimonio de varios colonos, Larraín llegó por primera vez a la colonia siendo estudiante de la Universidad Católica, de la mano de Jaime Guzmán. Lo hizo acompañado de otros jóvenes dirigentes universitarios gremialistas, como Alberto Hardessen, Manuel José Vial y Juan Carlos Méndez.

Siendo ya senador por la VII Región, “Larraín asesoró a Hartmut Hopp para la formación de la organización comunitaria Perquilauquén”, relata el ex colono Efraín Vedder.

También, tras la denuncia de C.P.P. y los allanamientos policiales, Larraín defendió públicamente a Colonia Dignidad: “Todo esto es una campaña del Gobierno contra esa gente. Nadie se lo traga (...). Esa gente [los campesinos que denunciaron los abusos] tiene que haber recibido algún favor; los colonos dicen que les daban dinero o que los amenazaban con armas para hablar”, alegaba Larraín.

“He estado con Schäfer en muy pocas ocasiones”, le dijo Larraín a la revista “Caras” en junio de 1997. “Durante los últimos años, lo vi a la salida de una reunión masiva. Y después, hace dos años, en una visita que hicimos con un grupo de consejeros regionales, nos acompañó en el recorrido. Vi que dirigía el coro, pero nunca tuve con él una conversación personal”.

El senador es muy desmemoriado. En una entrevista concedida en marzo de 2005 a “El Mercurio”, Larraín dice que visitó “sólo una o dos veces” la colonia. La periodista Raquel Correa le recuerda que en diciembre de 1996, el senador habló con el presidente de la Corte Suprema, Servando Jordán, para manifestar su preocupación por el trato de los funcionarios policiales que fueron a Dignidad. “Para serle franco, no lo recuerdo”, contestó Larraín.

Tampoco recuerda si en 1998 se opuso a un proyecto de ley que facultaba al Senado para informarse sobre casos de detenidos desaparecidos en Villa Baviera. “No tengo memoria sobre esa materia”, dijo el senador.

Empresarios y abogados

Colonia Dignidad extendió sus redes también en el mundo civil y profesional. Médicos, abogados, periodistas; entre ellos se cuentan muchos amigos de la secta de Schäfer.

En mayo de 1994, un grupo de personalidades del mundo civil y empresarial envió una carta al Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, para defender públicamente a los colonos de Dignidad, quienes, según los firmantes de la misiva, “no han hecho otra cosa que trabajar en forma incansable, con una dedicación y eficiencia que poco se da en nuestro país”.

Sus autores: el agricultor Domingo Durán, los empresarios Pedro Lizana, Hernán Briones y Eugenio Heiremans, quienes fueron dirigentes de la Confederación de la Producción y el Comercio y de la Sofofa; los abogados Carlos Urenda (quien fue senador por la V Región) y Miguel Schweitzer, abogado de Pinochet; el ex ministro de Agricultura Jorge Prado Aránguiz y el siquiatra Otto Dörr, entre otros.

Las manifestaciones de apoyo no acaban ahí. El abogado Sergio Miranda Harrington, quien defendió legalmente al Mamo Contreras, relató a la prensa: “Nos caímos bien. Les di información [sobre el hospital] y ellos me invitaron a la colonia. Alojé en la casa de huéspedes, a la que ellos llamaban casa de Frei”.

Paul Schäfer cuenta entre los abogados a abundantes amigos. Muchos no recibieron nada a cambio de su apoyo. Otros recrearon sus oídos con el coro de Dignidad o se empalagaron con sus exquisiteces. Hubo otros más, sin embargo, que sí recibieron a cambio de su ayuda más que saludos y sonrisas. Recibieron, de hecho, varios millones de pesos. Son los abogados que defendieron en los tribunales a la secta de Parral.

Quizás el más connotado de todos los juristas que patrocinaron a Colonia Dignidad ante la Justicia sea Luis Ortiz Quiroga.

Este hombre conoce a la colonia desde sus primeros años: él fue quien envió a la cárcel a Wolfgang Müller Lilischkies y respaldó el desafuero del intendente de Linares, Héctor Taricco. Algunos años después se haría cargo del trámite de la adopción de Rebeca Schäfer, la hija-sirvienta del “Tío Paul”.

Durante los años '80, otro destacado jurista defensor de Colonia Dignidad fue Jaime del Valle. En 1982, como representante de la secta, se hizo cargo del exhorto enviado por la Fiscalía de Bonn para investigar las denuncias de tortura política en el enclave. Al poco tiempo, Del Valle fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores de la dictadura. En esa calidad devolvió el exhorto por estar “mal redactado”.

Del Valle fue, al mismo tiempo, ministro de Estado y abogado de la colonia. Cuando se le preguntó por esta grave irregularidad, se limitó a responder que él había dejado de representar a la “sociedad benefactora” al asumir como ministro, sólo que “olvidó” notificar a sus clientes.

Los amigos de Dignidad pierden la memoria bastante a menudo.

Pero los amigos juristas suman y siguen. La firma legal de Fernando Saenger, en Concepción, se encargó de la representación de la colonia desde fines de los ’80 hasta bien entrados los ’90.

Los directores de la firma eran Saenger y Waldo Ortúzar. El primero fue abogado integrante de la Corte de Apelaciones de Concepción y hoy es decano de la Universidad Católica de esa ciudad. Ortúzar, a su vez, fue fiscal de la Comisión Antimonopolios. Claramente, los conflictos de intereses no eran un problema para los amigos de Dignidad.

Los abogados defendieron al enclave de Schäfer en los casos contra Amnistía Internacional, durante la investigación del Gobierno alemán y ante el percance diplomático de 1988. Roberto Saldías, uno de los miembros del bufete, defendió en 1996 al “Tío Paul” ante las acusaciones de violación y secuestro de menores.

El mismo Saenger, en el año 1996, interpuso recursos de protección a favor de varios colonos, denunciando supuestas amenazas y hostigamientos de la policía civil. El inventario presentado por la disuelta “sociedad benefactora” en 1994 considera, dentro de sus deudas impagas, los honorarios de la firma de Saenger: 111 millones de pesos de la época.

El cura y los doctores

Uno de los más atípicos y afiebrados amigos de Colonia Dignidad fue el sacerdote Raúl Hasbún, famoso, controvertido y ultraconservador predicador televisivo. Dueño de unas artes retóricas formidables, el cura Hasbún ha justificado las detenciones políticas, la tortura, ha intervenido en campañas presidenciales y se ha referido en duros términos a los opositores al Gobierno del ex dictador Pinochet.

El enclave del “profesor” Schäfer no fue la excepción. Durante las pesquisas policiales de 1998, el sacerdote acusó públicamente al Gobierno de perseguir al pobre jerarca alemán.

“Los ciudadanos contemplan con estupor e incredulidad la imposición deplorable de las fuerzas jurídico-policiales. Se pretende que Schäfer se entregue en su hogar, mas el Estado chileno no ha dicho en verdad si está cierto de los delitos de los que le acusan”, vociferó el clérigo.

Los médicos son otros grandes amigos de Colonia Dignidad. Muchos de los que ejercieron como jefes de servicios públicos en las zonas de influencia del enclave los apoyaron de forma evidente, expidiendo autorizaciones e informes favorables, haciendo la vista gorda frente a “pequeñas” irregularidades.

Otros, como el doctor Mario Mujica, estaban íntimamente implicados. El médico autorizó en 1962 el funcionamiento del cementerio en su calidad de director del hospital de Parral. Elaboró informes siquiátricos que se utilizaron contra cada colono que intentó fugarse y proveyó a la colonia de fármacos y medicamentos. Schäfer compró a Mujica una casa en Parral, que luego facilitó como cuartel para la DINA.

El doctor Marcelino Varas, de Concepción, firmó también informes siquiátricos para la colonia. Muchos de ellos se redactaron sin siquiera haber examinado al “paciente”. El connotado siquiatra Otto Dörr fue un adepto más a la “obra benéfica” del “doctor” Schäfer. En una entrevista del programa “Informe especial”, de TVN, en junio de 1997, Dörr declaró: “Doy por regalado, si usted quiere, que el señor Schäfer haya sido homosexual, que el señor Schäfer haya manoseado a un niño. Pero no sería nada de raro. El hecho de que haya tenido un juicio en Alemania en esa época era absolutamente corriente”.

“Han adoptado una cantidad enorme de niños abandonados... Y después las madres o parientes de estos niños, influidos, incluso me atrevería a decir comprados por personas interesadas, han querido denunciar que este niño está secuestrado adentro”.

Hoy, Dörr, uno de los más prestigiosos especialistas de Chile, guarda silencio.

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