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Desde Paris, especial para Zonaimpacto.cl.
Por Mo-Wi (a) “El Chino”
El humo de las últimas carcasas de autos incendiados comienza disiparse poco a poco. La Francia vuelve a su normalidad, escondiendo, ocultando como de costumbre los problemas sociales y económicos que la afectan duramente. Los ensayistas escriben sobre “le declin de la France” y, gran especialidad gala, se quedan en el anuncio sin encontrar los remedios a una situación que se agrava de día en día. Porque para analizar entuertos, los franchutes son los campeones en todas las categorías confundidas. No así, en cambio, para resolverlos.
El origen de ésta y otras calamidades, viene arrastrándose por decenas de años, cuando la inmigración incontrolada en el país de los Derechos Humanos, venía a cubrir una necesidad imperiosa de mano de obra en los sectores en los cuales los nacionales no querían meter las manos: la construcción y la industria, fundamentalmente. La pega era demasiado dura. Y allí los árabes y los de del Africa Negra, sin chistar, se pusieron a trabajar sin gran derecho a pataleo.
La segunda y tercera generación naturalizados franceses, estimaron que ya estaba bueno, que sus viejos ya habían aportado suficientemente a la construcción del país y que ahora era su turno de gozar de los bienes de la sociedad de consumo. Pero encerrados en verdaderos ghettos al margen de las comunas que rodean París y otras principales ciudades de provincia, disminuidos por una educación elitista, viviendo con o sin razón entre dos aguas culturales y a las que tampoco logran pertenecer, tanto las de sus padres como la del país que hoy los margina, sin ninguna perspectiva laboral ni social, se convirtieron en pirómanos incluso de los centros sociales, escuelas y empresas que podrían haberlos cobijados.
Es lo que sucede cuando se ha perdido toda esperanza.
La Francia ya no es la misma que imaginamos leyendo a Sartre o Camus, y la lista es larga de los que dejaron una profunda huella en la literatura o la conciencia universal. Algo sucedió que la hizo salir de sus propios goznes, olvidándose a sí misma, abandonando un rol histórico en el devenir de la Humanidad. A ello ha contribuido enormemente una clase política que no logra estar a la altura del desafío de fines de siglo o de comienzos del nuevo. Situación que se repite, además, en otras geografías del Planeta.
El Mundo gira en torno a la globalización y a los intercambios financieros, sin patria, sin fronteras. Hoy, el capital, no necesita pasaporte para viajar de un lado a otro, creando estragos, empobreciendo a los más y enriqueciendo a los menos. La casta política, la gran culpable por su inoperancia manifiesta, se colude con los medios financieros que, en definitivas cuentas, la manipula, dirige y orienta en su accionar. La prensa –otra gran culpable-, se dejó comprar sin decir esta boca es mía, convirtiendo a los escribas en propagandistas de un sistema liberal que vive únicamente de una economía virtual pero no creadora de riquezas productivas.
El billete va donde produce más intereses. Mismo si con ello contribuye al desmantelamiento de usinas, empresas locales y que un día fueron nacionales. Aumento de la cesantía, de las desigualdades sociales, de la desesperanza.
Es bien sabido que la patria del burgués se encuentra donde esconde su capital. Este no posee ni sentimiento nacional ni ataduras con el país que los vio nacer. Si puede trasladar su empresa donde la mano de obra es más barata, no lo piensa dos veces.
El político sólo defiende su bistec, utilizando la demagogia, los miedos intrínsecos de una sociedad que desconfía del extranjero con una piel demasiado oscura para su gusto. Y de su religión, de su cultura. Sea la que sea. Entonces juega peligrosamente –como sucede actualmente en Francia y otros países europeos-, con una política securitaria que en lugar de resolver los problemas, los agrava.
Los críos que incendiaron autos y edificios, no son tampoco unos santos. Mas tienen motivos suficientes para mostrar un odio naciente debido al rechazo permanente de sus conciudadanos franceses o europeos que no los consideran como compatriotas debido a que sus padres son originarios del otro lado del Mediterráneo o del Atlántico. Incluso de los territorios de ultramar, que son franceses y bien franceses.
Actualmente, la Francia comienza ya a prepararse a la campaña presidencial del 2007. Candidatos a la alta magistratura sobran y se necesitan los dedos de las manos y de los pies para enumerarlos. Todos con sus respectivas ambiciones, especialistas en detallar lo que no funciona, incapaz de ir al fondo del problema y encontrar las soluciones que el país requiere con urgencia y sin espera.
Desgraciadamente, tanto de un bando como del otro, Izquierda o Derecha, no tienen por el instante la capacidad de ponerle el cascabel al gato. “Se van en puros saltos y peos”, diría el huaso chillanejo que es mi cuñado. Efectivamente, una Francia endeudada más allá de lo racional, viviendo a crédito y que se ve apurada para pagar los intereses respectivos, requiere de una política más que corajuda para salir del mal paso en que encuentra. Los políticos lo saben, pero se hacen los tontos, prefiriendo crear miedos en lugar de enfrentar su acción en la verdad y el compromiso con el futuro del país
El desafío del nuevo desorden económico mundial, los sorprendió desprovistos para encontrar soluciones. La verdad es que no saben a qué santo encomendarse y, como su única ambición es la de no perder la pega o su carrera política, se cobijan a la mala sombra de los dueños del mundo a fin de preservar sus últimos privilegios. Se convirtieron no en representantes del Pueblo, sino que en lacayos del Gran Capital.
Lo que vive la Francia de hoy se puede trasladar incluso a nuestro Chilito. Por un lado el representante (Piñera) de los que poseen el billete y, por el otro, una candidata que ansía redistribuirlo equitativamente con el resto del país, con los más desfavorecidos por la fortuna.
Empero, a pesar del auge económico de Chile, la clase política se aleja de más en más de las verdaderas aspiraciones de los ciudadanos que, bastante cansados de “reality shows” y otras mierdas, aspiran a una paz económica y futuro para sus críos –un auténtico futuro para ellos y sus críos- en un gobierno que realmente los represente o en diputados que legislen a su favor y no a sus ambiciones personales.
Ya lo ven: Chile no está fuera del Mundo.
Por eso, también, los franceses miran asustados el mañana que se les viene encima: ¿Tendré trabajo? ¿Podré pagar la casa? ¿Educar los críos? ¿Algo que echarle a la olla?
Los políticos franceses no podrán dar solución a estas angustias cultivando los miedos. Para salir de la crisis, este país requiere de un verdadero o verdadera estadista, alguien que no teme a las rupturas con el Gran Capital para crear la Sociedad del Siglo XXI, con imaginación y coraje. Con la fuerza de los valores que otrora hicieran de la Francia un país líder en el Mundo.
Desgraciadamente, por el instante, entre tanto candidato y candidata, no hay nadie que sea capaz de magna empresa.
Y en la desesperanza, los marginados de siempre, continuarán quemando autos, edificios, escuelas y empresas.
Entonces, el humo se disipará difícilmente.
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