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Arremetida de Piñera en una sociedad desinformada
Por: Miguel Tapia G., Periodista
La posibilidad de que el multimillonario empresario Sebastián Piñera sea elegido Presidente de la República el 15 de enero, existe. Hace algunos meses, hubiese resultado irrisoria, pero sus jugadas para llegar a las puertas de la Primera Magistratura han resultado tan fenomenales como las movidas que ha realizado desde muy joven para hacer crecer su fortuna hasta la saciedad.
Para la inmensa mayoría de la población chilena, más allá de toda aprensión que pueda provocar la gestión gubernamental de la Concertación, un posible mandato del magnate Sebastián Piñera representa el grave riesgo de entregar la administración del país a la derecha política, al conservadurismo extremo y a los grandes capitales que –tal como el candidato a la Presidencia- son insaciables a la hora de ganar y ganar dinero aún a costas del empobrecimiento de la mayoría de los chilenos.
Su condición de multi-multimillonario es el primer factor que impide al chileno común –al trabajador dependiente o al pequeño empresario, que no han logrado percibir los beneficios de la bonanza económica- confiar en un eventual mandato de Piñera.
El candidato presidencial ha insistido una y otra vez en que no recibió otra herencia de sus padres que la educación y la formación “humanista cristiana”. Titulado y doctorado en Economía, se instaló en Chile a producir dinero en plena dictadura militar.
Él dice que en su gestión empresarial ha creado 50 mil empleos, pero nadie conoce sus inversiones en crear fuentes productivas.
Todo lo que se sabe es que se enriqueció especulando en la Bolsa con un ojo espectacular, y que además ha sabido manejar información privilegiada para aumentar sin límites sus ganancias.
Una base más que sólida para la formación de su imperio financiero la constituyó la administración de tarjetas de crédito, en la década de los ’80. El sistema consistente en vender crédito a los consumidores incitando el consumo y cobrando fuertes intereses y comisiones, le funcionó con el incontrarrestable apoyo de la más formidable campaña publicitaria que se recuerde.
Luego ha comprado acciones y empresas funcionando –como LAN Chile-, pero, que se sepa, no ha creado nuevos centros productivos.
Lo claro es que Piñera ha tenido y ejercido una fabulosa habilidad para producir más y más dinero. ¿Hasta cuánto? O ¿hasta cuándo?
Lo claro es que no ha tenido límites. Porque una persona normal –sin ambiciones desmesuradas- podría darse por satisfecha con reunir un millón o diez millones de dólares (520 millones o 5.200 millones de pesos). Con una fortuna como la última cifra, alcanza -¡de sobra!- para asegurar el presente y futuro de toda una dinastía familiar.
Pero Piñera no se satisfizo con diez millones, ni cien millones de dólares. ¡Ni con mil millones de la moneda estadounidense (520 mil millones de pesos)! Hoy se calcula su exorbitante fortuna en unos 1.200 millones de dólares, cantidad que crece a cada minuto, cada hora, cada día...
¿Cómo explicarse tan delirante ambición? ¿Cuál es el límite...? Y, lo más importante: ¿Cómo administraría el poder político presidencial una persona tan, tan desmesuradamente ambiciosa...?
Por cierto, nadie podría esperar que tan fabulosa fortuna se haya conseguido sólo con habilidad.
Fresca está en la memoria de millares de chilenos, aún, la más indisimulada “movida” de Piñera para enriquecerse aún más sin importarle causar daño al patrimonio de los demás. Y obviando, descaradamente, la decencia mínima que se esperaba de su “dignidad” de senador.
Fue cuando ejercía dicho cargo de elección popular cuando se comprometió a defender los intereses de los accionistas minoritarios de Enersis frente a las intenciones de compra por parte de Endesa España.
En tal carácter, y como miembro de la Comisión de Hacienda del Senado, Piñera obtuvo toda la información necesaria para “defender” a los minoritarios.
Pero... ¿Qué hizo?
- Se fue subrepticiamente a España y vendió directamente sus propias acciones a precios espectaculares. Y regresó en silencio, olvidándose para siempre de defender a los accionistas más desprotegidos... que, obviamente, terminaron perdiendo plata.
El país entraría en estado de grave peligro permanente de quedar en manos de un personaje que, además de excesivamente rico, ejerce un tenebroso estilo en su actividad política.
Nadie olvida, por ejemplo, cuando siendo senador ya le había entrado la ambición de ser candidato presidencial, en 1992, y surgió la idea de que la entonces diputada Evelyn Matthei también postule a la máxima magistratura.
Piñera no escogió ir a una competencia leal, eminentemente política. Según lo descubrió y reveló el empresario ultraderechista Ricardo Claro, el magnate que ahora quiere ser Presidente habló con el periodista Jorge Andrés Richards para que en su espacio de entrevistas por televisión someta a la Matthei a preguntas difíciles haciéndola aparecer como tonta y sin la preparación adecuada.
El periodista aceptó la falacia y luego Piñera llamó a su amigo Pedro Pablo Díaz para jactarse de su “hazaña” para derribar por las malas a su posible adversaria. Este fue el llamado interceptado y grabado por un oficial de Ejército –por encargo de Evelyn- y hecho llegar a Ricardo Claro, que lo difundió por su canal de televisión.
Tenebroso, ¿no?
No menos siniestras aparecen ante la luz pública las acciones políticas que se conocen del hoy aspirante a La Moneda.
Por ejemplo, la forma cómo se relaciona con sus pares. Inicialmente formó parte de la famosa “patrulla juvenil” de RN junto con Allamand, Espina y Matthei. Pero terminó peleado con Matthei y Allamand.
Sus relaciones con la UDI han sido también azarosas. De más está señalar que ha sabido ganarse la acérrima enemistad de personajes como Longueira y Moreira.
Se peleó con Jovino Novoa cuando implícitamente apoyó a la diputada Pía Guzmán en sus acusaciones de que el senador UDI estaba involucrado en los crímenes sexuales del empresario Spiniak.
Ha sabido granjearse enemistades dentro de su partido, en la colectividad aliada y, obviamente, en la Concertación y la izquierda.
No obstante, es propietario de un cinismo tal que se las arregla para aparecer “gentil” con sus adversarios. Como cuando ayudó a Gladys Marín y lo publicitó sin disimulos. O cuando invitó a Michelle Bachelet a un asado en su hacienda de orillas del lago Caubrgo, y también se encargo de que trascienda a la prensa. E incluso ahora último, cuando le envió regalos navideños a la propia Bachelet y al Presidente Lagos, con la respectiva fanfarria publicitaria.
Piñera posee un extraño liderazgo cuyo origen pocos se explican. Porque si bien ejerce una verborrea a veces convincente, no atrae seguidores por sus acciones políticas ni por su talento dirigencial.
Los cargos máximos que ha ocupado en su partido (RN) los ha alcanzado gracias al apoyo de los dirigentes de provincias; es decir, aquellos alejados del centro de operaciones. ¿Cómo lo hace? Quienes conocen el sistema, sostienen que cuenta con un sólido equipo de activistas que cada vez que se necesita apoyo para el jefe, recorren el país convenciendo uno por uno a los dirigentes locales para que lo respalden. ¿Cómo los convencen? Nadie lo sabe.
El asunto es que como líder político, Piñera no tiene muchas realizaciones ni éxitos que exhibir. En cambio sí fracasos, como cuando logró el acuerdo partidario de apoyar el término del sistema binominal en el Senado, pero al momento de votar sus parlamentarios no le hicieron caso. Igualmente, su “disidencia” interna lo ha dejado reiteradamente en ridículo porque sencillamente no acepta las ideas centrales que Piñera ha querido sacar adelante.
Para conquistar votos, hoy Piñera intenta engañar a la ciudadanía haciéndose pasar por demócrata y “humanista cristiano”, condiciones que sí tuvieron sus padres. Pero eso no se hereda.
El magnate Piñera ha actuado siempre como un acérrimo derechista, principalmente porque la avaricia, la ambición sin límites, la voracidad y la riqueza extrema nunca han sido características del humanismo. Mucho menos del cristianismo.
Hoy intenta demostrar que estuvo contra la dictadura porque en 1980 acompañó a su padre a la manifestación del teatro Caupolicán contra el proyecto de Constitución. Pero haber asistido a su padre no significa compromiso alguno de su parte...
También afirma que votó “No” en el Plebiscito de 1988... Sin embargo, después apoyó sin reservas al candidato presidencial de la dictadura, Hernán Büchi. Y más tarde, cuando por primera vez decidió erigirse como postulante a la Presidencia, todos lo vimos en televisión cuando fue a pedir la bendición del mismísimo Augusto Pinochet.
Hoy, menos que nunca, Piñera puede disimular su orientación derechista porque como candidato está representando a la UDI, a toda la derecha política y económica con sus respectivos intereses y a los herederos del pinochetismo sangriento. No por nada tiene el apoyo de personajes de la dictadura como el propio Lavín y todos los ex ministros de Pinochet que hoy ejercen como políticos, empresarios o rentistas.
Pero no sólo en política pretende Piñera engañar al pueblo de Chile. También miente sin razón alguna, como la alteración de datos de su currículo, donde aparece con distinciones que nunca obtuvo en Harvard o una calidad de docente que tampoco ostentó en la misma universidad.
Y es que a Piñera no le cuesta nada mentir. De hecho, durante toda la campaña ha sostenido ataques contra su adversaria basados en falsedades que han ido quedando, una a una, flagrantes.
También se le sorprendió en reiteradas mentiras en 1992, cuando pretendió ser candidato a la Presidencia e incluso afirmó que le habían secuestrado a uno de sus hijos.
Y miente cuando asegura que su inmensa fortuna no representa compromisos ni amarres de ningún tipo... Eso, nadie lo cree.
Pero si de compromisos hablamos, Piñera los tiene de manera insoslayable, de tal modo que resulta sumamente fácil adivinar para quién o quiénes gobernaría.
Por ejemplo, como empresario pertenece a las grandes y poderosas organizaciones gremiales que tanta presión saben ejercer sobre los gobernantes. De hecho, los grandes empresarios le tributaron una excelente y entusiasta acogida durante el último encuentro de la Enade, donde le permitieron mofarse descaradamente de Bachelet, aplaudiéndolo con devoción.
En la estructura de campaña participan, además, dirigentes, inversionistas y representantes de grandes consorcios y especialmente de las AFP e Isapres, entidades en las cuales Piñera también tiene inversiones.
No se puede creer que el empresario candidato comprenda la injusticia del régimen previsional vigente y el grave daño que representa para los trabajadores, cuando fue su hermano quien lo concibió y lo puso en marcha protegido por las armas de la dictadura.
El gran compromiso de Piñera es con los suyos: el gran empresariado, la clase más afortunada de este país, aquellos que han hinchado sus bolsillos aprovechando la perversa legislación laboral heredada de la dictadura y se hicieron multimillonarios precisamente durante la década de los ’80, cuando el régimen de Pinochet les “obsequió” a precio de huevo, las empresas estatales más rentables del país, muchas de ellas monopólicas.
Ahora bien: más conflictivos son sus intereses personales en el mundo de las finanzas.
La enorme fortuna de este “político” lo mantiene vinculado a las más variadas áreas de la actividad financiera. Es decir, sus intereses económicos abarcan una gama extraordinariamente amplia de rubros.
Hoy, muchos están preocupados de dos de las numerosas áreas de intereses de Piñera: el comercio aéreo –es el principal dueño de LAN Chile- y su calidad de propietario único del canal Chilevisión.
Cabe preguntarse cómo actuará este “presidente” si tuviera que resolver sobre políticas de aeronáutica o “cielos abiertos” y tráfico aéreo o sobre concesión de frecuencias en televisión.
Piñera asegura que de ser elegido venderá su participación en las empresas que posee o que las entregará en “fideicomiso ciego”; es decir, para administración de terceros sin intervención propia. Pero conociéndolo, resulta prácticamente imposible pensar que desde la jefatura de estado no se vería tentado a interceder en beneficio propio o de sus empresas (que si las entrega, las va a recuperar) sabiendo de su natural voracidad para acumular riqueza y hacerla crecer sin límites.
La coalición que respalda al magnate Piñera es absoluta garantía de ingobernabilidad.
No tenemos que ir muy atrás en la memoria para recordar las virulentas agresiones verbales que mantuvieron por tanto tiempo los personajes de la UDI con los de RN, siendo el propio Piñera blanco preferido de sus contendores.
Los recuerdos nos pueden llevar también más atrás, para adentrarnos en una personalidad extrañísima e impredecible, que siempre ha sucumbido a las presiones de sus amigos de pacto pero enemigos frontales en la práctica.
En 1992, Piñera contaba hasta con la bendición de Pinochet para postular a la presidencia. Pero de repente, las presiones se fueron intensificando y el empresario finalmente se sometió mansamente renunciando a sus pretensiones. Más adelante insinuaría que fue presionado y que incluso sufrió agresiones y fue víctima de la violencia... pero nunca accedió a confesar quiénes lo agredieron. Hoy muchos dudan de la veracidad de tales afirmaciones.
¿Y qué pasó cuando pretendió ser candidato a senador en la V Región Costa, el 2001? Primero, la UDI amenazó con poner a Longueira como candidato en la V Cordillera, para desbancar la reelección del senador Romero. Pero después sacó del sombrero de mago al almirante Arancibia como candidato en la Circunscripción Valparaíso y obligó a Piñera a renunciar. Y el empresario accedió dócilmente.
La ciudadanía se sigue preguntando legítimamente: ¿Cómo lo convencieron? ¿Qué tremendos intereses se movieron? ¿Hubo amenazas, extorsión? ¿Qué oculta Piñera? ¿Por qué nunca transparentó el asunto...?
¿Puede garantizar gobernabilidad un personaje que se deja amedrentar y cambia radicalmente su posición ante la más leve presión de sus adversarios...?
Más: un par de semanas antes de las elecciones de diciembre, la UDI le pidió a RN firmar un pacto de mutuo apoyo para la segunda vuelta, argumentando que la suscripción de ese documento daría señales de gobernabilidad. Piñera y RN se negaron a firmar. Entonces ¿quedó evidenciada la ingobernabilidad del pacto...?
Hoy, ambos enemigos ancestrales aparecen como muy amigos y armónicos durante la campaña. Pero se trata sólo de una actitud circunstancial, motivada exclusivamente por la ambición de conquistar el poder.
Si llegaran a vencer el 15 de enero, esa misma tarde comenzaría una guerra sin cuartel por las posiciones de poder, por administrar las áreas más sensibles del gobierno, por manejar el país desde las sombras, por apoderarse del mandato y conducir al Presidente como un títere.
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