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20 de septiembre de 2005

(De los años de Martín Rivas a Jorge Lavandero)

Las muchachas del campo para el placer del patrón

Colaboración especial para Chileinfo.
Luis Eduardo Silva de Balboa
Periodista y Ensayista
De: Chileinforma.com

El fenómeno ocurrido con Jorge Lavandero Illanes no es para nada aislado, sorprendente, y menos ausente de la historia social de Chile. Particularmente en los fundos y haciendas chilenas, los patrones, los buenos mozos hijos de los patrones, han tradicionalmente usado para su despertar sexual a las hijas de los campesinos. El inquilinaje, no muy lejano en nuestra realidad, formaba parte de la idiosincrasia de nuestro mapa social rural.

En las zonas urbanas, muchos, pero muchos muchachos conocieron cómo encontrar su distensión sexual viajando a la pieza de la empleada, joven y domesticada por la intimidad de servir en la cercanía de los dormitorios de la casa. Al servir el desayuno en cama, al preparar el baño, al pasar las toallas olvidadas en la recámara, se han vivido momentos de complicidad física que son aprovechados por los bellacos patrones, por sus hijos y por el ambiente que los rodea.

La cantidad de hijos naturales en campesinas con rasgos patronales, es inmensa, y particularmente en la sociedad agrícola talquina, de donde el autor es originario, existen estos “matrimonios mixtos“, donde se han juntado “el hambre con las ganas de comer“.

“Patrón, me embarazó a la chiquilla, qué vamos a hacer?“

Una pregunta que conlleva la angustia y complicidad simultánea de un padre que sabía lo que podía pasar, pero no quiso hacer nada. Casi, diríamos, que ese pobre hombre pensó que el patrón de pronto se enamoraba de su chiquilla y la vida les cambiaba. En fin, ilusiones que matan.

No solamente los patrones de fundo, los de Iglesia también, el Párroco de Maule, de origen italiano y ya fallecido, tiene hijos e hijas en las más diversas actividades del pueblo.

“Los placeres de monseñor “, tuvieron resultados y escándalos, hasta bofetadas en plena misa, dadas por un novio celoso del sacerdote lleno de ribetes litúrgicos y doncellas mancilladas.

Pareciera que la conducta social hacia quien se ve vulnerable es inmediato de aprovechamiento, uso y desuso.

La raza española tiene ese afán de mezcla social, casi un placer extra. Se viola sexual y socialmente, el grado de pertenencia y dominio es amplio y total. De hecho muchos distinguidos varones tienen sus fantasías sexuales más satisfechas, cuando sin pudor de divisar a la madre de sus hijos, ven la oportunidad de marcar el destino de una subyugada.

Jorge Lavanderos nació dotado de esta característica social de seducir, sinónimo emocional de “usar “.

Así, a medida que el tiempo pasa y por ende empieza a agotarse, pareciera que nace un apuro por encontrar nuevas sensaciones, sin límites, bisexuales, que den la sensación de vigencia, la misma que se pierde.

Destacados y distinguidos viejos públicos de la clase política chilena han dejado botada sus familias, las legítimas de años y esfuerzos, por las sensaciones aquí descritas. Nos recordamos de sonados escándalos sociales, como los de Víctor García Garzena, ex senador, Domingo Godoy Matte, ex diputado, quien optó por la actual diputada Cármen Ibáñez siendo ella niña de colegio, Sergio Onofre Jarpa, enamoradísimo de estas andanzas, y durante la dictadura militar, doña Lucía era la Jefa de Guardia de todas las señoras de altos oficiales, quienes al recurrir a ella de queja por conductas lesivas con el matrimonio de sus maridos, eran llamados directamente y por teléfono por doña Lucía, quien determinaba sus ascensos.

Así, las clases dirigentes a su turno y estilo, y particularmente en las sociedades rurales, han manejado el tema de las vulnerabilidades de aquellas que por pobreza no se cubrían lo suficiente y despertaban los apetitos de sus tutores.

Esto, como muchas otras cosas, se viene todo al suelo, cuando se transgreden las normas estrictas de la hipocresía, llamada discreción. El que es pillado, paga. El que exagera, paga también.

En cuanto a las menores, lo que importa es cómo se ven, no qué edad tengan.

Todos estos personajes, criollos y públicos, carecen de pudor en sus ansias de satisfacción, y muchos que hoy rasgan vestiduras con adustos seños contra Lavanderos, han tenido resbalones sin consecuencias, pero de que tantos puedan lanzar la primera piedra, no lo es, ni factible, y menos creíble.

A la hora que de los closets salgan los esqueletos, quedarán muchos dando explicaciones, y a los que más espantados están y que tanto ruido hacen, le calza el adagio de mi abuela: “Mijito, herradura que cascabelea, es porque clavos le faltan...”

Los cinco años de condena al inculpado, han también condenado un modo de vivir, subyacente en la sociedad chilena del dinero y el privilegio, así lo entendemos y así lo consideramos.

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