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20 de septiembre de 2005
Ascanio Cavallo. Imagen: La NacióPeriodista y analista político Ascanio Cavallo.

Ascanio Cavallo: “El nido de la serpiente está en el régimen militar”

Por Mirko Macari
De: La Nación

Uno de los personajes que firma en este diario contaba que se levantaba religiosamente todos los domingos a preguntarle a su espejo: “Espejito, espejito, ¿quién es el mejor columnista del país?”. Y su espejo, poco diplomático, le sentenciaba cada vez y lapidariamente: “Carlos Peña”. Si la pregunta fuera por el mejor analista político, tal vez el espejo daría el nombre de Ascanio Cavallo. Periodista, ex director de “La Época” y “Hoy”, actual decano de la Adolfo Ibáñez y socio de Eugenio Tironi en su empresa Comunicación Estratégica, Cavallo siempre tiene segundas y terceras derivadas para interpretar el gran escenario del poder. Sus análisis semanales en la prensa poseen el background privilegiado de un observador sofisticado, que reporteó en la trastienda muchos de los episodios clave de la transición.

A ti como director de medios, te tocó ver episodios notables de guerra sucia en la derecha, como el espionaje telefónico. ¿Esto último del informe de la compra de tierras de Piñera es un resabio de estilo gangsteril?

- Francamente, no sé si se pueda comparar el episodio, porque si tú recuerdas lo que había a comienzo de los ’90, era una fuerte intervención de los militares todavía, o por lo menos sospechas fundadas de que los militares tenían interés de intervenir.

Hubo evidencias de eso, incluso.

- Claro, hubo evidencias. Y ese era un factor que no está presente hoy. Uno no divisa fuerzas exógenas a la propia derecha actuando para tratar de influir. No tengo antecedentes para suponer que no sea más que una torpeza.

¿No crees que el rol de “El Mercurio” puede relacionarse con los famosos poderes fácticos de los que habló Allamand en su momento?

- ¡Uhhh! los poderes fácticos están más muertos…, han desaparecido. Hoy día los pode-res fácticos de los que Allamand hablaba, prácticamente se extinguieron, han muerto de viejos, y de cambio cultural, y de no sé qué.

Un periodista que cubre derecha me decía que le gustaba hacer ese sector, porque era lo más parecido a la película “El Padrino”. En cambio, las peleas en la Concertación eran como de negros del Bronx.

- Puede ser, la derecha ha desarrollado una cultura más de combate a finish, que no existe en la Concertación, por lo menos visiblemente. La Concertación es más cortesana, más versallesca. Es raro, porque no es una cultura que uno vea que vaya a cambiar muy rápido.

En ese sentido, ¿la derecha proyecta la continuidad de su cultura política?

- No, tú puedes decir razonablemente, y nadie te podría discutir, que desde por lo menos 1987-88 en adelante, la derecha ha sufrido un permanente vértigo, como que expulsa fuerzas. No ha hecho sino agudizar las contradicciones que antes de 1988 sólo eran latentes.

¿Y por qué eso?

- Yo creo que el origen de todo esto es el régimen militar, porque uno no podría encontrar elementos especulativos o de ADN, como dicen algunos. Eso en política no existe mucho. Lo que sí existe es la paternidad y la filialidad, y esto de ser hijo de un régimen cuyo prestigio se ha ido desmoronando... Y este esfuerzo, ya a estas alturas angustiado, por desprenderse de ese régimen, muestra que el nido de las serpientes estaba allá, en el régimen militar. Los esfuerzos posteriores por tomar distancia son el peor de los mundos, porque huelen a traición; es una desgracia vivir con esa marca.

El mareo de la UDI

Explicar la crisis del sector a partir de las disputas personales, ¿tiene algún asidero?

- Pero menor. Las hay también en la Concertación. Estas explicaciones no tienen el poder expansivo que tiene este origen común, este origen que hace que hoy día un candidato de la derecha se jacte de haber votado que no, y el otro que se arrepienta de haber votado que sí; eso es anormal. En la Concertación, tú no tienes a nadie explicando cómo votó en 1973. Entonces, hay una diferencia de origen.

Dijiste que no creías en esto del ADN, ¿pero cómo se podría llamar a este tic autodestructivo de la derecha?

- Tiene que ver con el problema de origen que hace muy difícil para la derecha aspirar a mayorías cuando está pagando todavía una cuenta, un pecado original. Entonces, tú dices: ¿qué le pasa a Sebastián Piñera? Él podría optar por tomar más distancia, porque sí que fue contrario y públicamente al régimen de Pinochet. Él sí que no avaló ningún atropello a los dere-chos humanos, pero el presidente del partido es Sergio Diez. Entonces, cuando tú haces el es-fuerzo por desligarte de Pinochet, y tú vecino, el gallo que está sentado contigo en la mesa, te lo vuelve a recordar… Lo mismo le pasa a Lavín, e incluso para él es un poco peor, porque en su caso tiene que decir que habría hecho otra cosa; pero su mesa está llena de ex funcionarios relevantes, no de tercer nivel, sino subsecretarios, ministros del Interior.

En todo caso, en esa idea de Novoa de poner a Evelyn Matthei a competir con Allamand había una maldad exquisita.

- Hay una cosa de cálculos, de mal ajedrez político atravesado por elementos pasionales, eso sí. El cálculo de que hay que eliminar a un posible competidor para que el 2009 no se asome, es un típico cálculo de mal ajedrez político, porque evidentemente pasa por un proceso destructivo. Si tu problema es que estás preocupado de sacar a los posibles contendores al liderazgo de la derecha para los próximos cuatro años, estás jodido. Se te va a armar una elección envenenada.

¿Estás diciendo que la UDI no hace bien la política?

- No toda la UDI. Hoy día es muy evidente que en la UDI hay dos corazones latiendo al mismo tiempo, y no con el mismo ritmo. Precisamente, todo el episodio de postulación de Evelyn Matthei ha puesto de manifiesto que hay dos posiciones. No es lo mismo hacer una buena plantilla electoral que hacer cálculos de mediano y largo plazo sobre la base de eliminar a tus rivales. Imagínate tú que los que tuvieran ambiciones en la Concertación se hubiesen dedicado a identificar a sus rivales internos para impedirles llegar a esta elección. Hubieran quedado muchos en el camino, pero no Michelle Bachelet.

David Gallagher decía el domingo pasado que, así las cosas, la derecha no ganará tampoco el 2009. ¿Qué te parece a ti?

- Me parece un poco prematuro decirlo, pero tiene razón. Aquí hay un estado de destrucción recíproca en la derecha, de la cual no puede salir bien. Yo no veo forma de que salga mejor de lo que estaba, sólo puede salir entre igual y peor, y más bien tirando para peor. Y a eso agrégale que tú tienes un gobierno reciclado por dentro, tres o cuatro años de crecimiento probablemente parecido al de ahora, y un clima cultural que va más para el liberalismo… Dado ese cuadro, no parece alarmista lo de Gallagher; es una predicción un poco larga, sí.

¿Crees que el recambio generacional es condición sine qua non de las posibilidades de la derecha de acceder al poder?

- Yo he llegado a la convicción que sí, porque no veo otra salida. Lo que han ensayado hasta aquí ha sido todo negativo, y lo que estuvo en un tris de ser ese cambio generacional, que no lo era, pero que parecía serlo, fue Lavín el 99. Y también se agotó, ¿pero sabes por qué tal vez se agotó?, porque no era de verdad, sólo parecía serlo, no tenía entidad real. Era un discurso bonito, atractivo, que sedujo a mucha gente, pero era sólo eso. Entonces, la pregunta que creo más pertinente hoy día es para dónde sale el liderazgo en la derecha el 12 de diciembre…

Cómo ves el tema de los dos candidatos. ¿Suman o restan?

- Fragmentan, que es lo mismo que restar. No es cierto que incluso en el evento, a estas alturas improbable, que alguno de los dos pase a la segunda vuelta, no es cierto que la votación del otro se suma.

Esa es la tesis de Longueira: que la candidatura de Piñera es un daño para las posibilidades de la Alianza.

- No, yo creo que con dos no hay opción. Lo que pasa es que la tesis de Longueira parte de otro supuesto, que no comparto, que es que el candidato debiera ser sí o sí uno sólo: Joaquín Lavín, con nombre y apellido. Los problemas de marcaje, de puntaje de la derecha, empezaron antes de la entrada de Piñera. Lavín venía cayendo desde el año pasado, las peores crisis del lavinismo se dieron el año pasado, no éste; por tanto, cargarle la mano a Piñera es, por lo menos, antihistórico. Ahora, claro, por supuesto que la irrupción de una segunda candidatura, cualquiera que hubiese sido, iba a producir un efecto de dispersión. Y todavía una cosa más. Además de no sumar, le dan una señal muy poderosa al país: no somos capaces de gobernar, porque no somos capaces de ponernos de acuerdo antes de las elecciones. Si tú tuvieras que reducir a una línea qué es la Concertación, es capacidad de gobernar.

Esa es una afirmación muy conservadora, porque la competencia en política no significa que no se sepa gobernar, sólo que hay más oferta en el mercado.

- Sí, pero es que no es un mercado de bienes; éste no es un supermercado, si lo que se quiere es un Presidente de la República.

La irrupción de Piñera, en todo caso, se debe explicar en un estado de cosas muy anterior, que es la explotación de RN por la UDI.

- Un poco como “La tierra de los muertos”, la película de zombies que se estrena por es-tos días. Un estado de cosas anormal, un descontento con la imposición de Lavín como candi-dato, una irritación con los estilos de la UDI, puede que no sea una irrupción en el vacío. Pero si me preguntas por los efectos, el efecto es de dispersión.

¿Se mareó la UDI?

- Se mareó un poco. Nunca resolvieron bien la relación del partido con Lavín, y sigue sin estar resuelta. Supongo que los dirigentes de la UDI dirían que no, que está perfectamente clara, pero a mí no me parece que haya una relación clara cuando el candidato destituye al presidente del partido. Y esto termina de confirmarse cuando Longueira dice que va a ser el candidato el 2009, sepultando, ahora sí, de manera definitiva a Lavín.

¿La lees así?

- Es que no creo que haya otra forma de leerla, no. Bueno, por supuesto, hay otra opción que Longueira no considera, y es que puede perder; en ese caso, la lápida habría que devolverla.

El desierto ad portas

Tú hablabas de que los liderazgos en la derecha no estaban sincerados, porque los dos candidatos naturales eran Longueira y Allamand.

- Sí, no están sincerados, claro.

¿Por qué ocurre eso?

- Ellos nunca han querido; no sé si ellos porque en realidad son distintos, pero me da la impresión que no quisieron asumir el hecho de que eran los dos hombres fuertes de sus respectivos partidos. Y en los circos romanos se encuentran los hombres fuertes y no los gladiadores menores. No es que no lo hayan intentado, puñales han corrido hartos entre ellos en 15 años, harto puñal, pero no frontal. Parece que habrían encontrado un modo de no asesinarse mutua-mente en el comando de Lavín. Bueno, a Longueira lo echaron de la presidencia del partido, así que tampoco se le puede culpar demasiado. Yo más bien diría que Allamand no ha asumido los liderazgos. Ahora -maticemos- no sé si será posible con Piñera, porque no me parece que las relaciones estén muy buenas; hay mutuas exigencias de lealtad que no se hacen cuando la lealtad existe de veras.

¿Te parece que son los candidatos naturales para el 2009?

- No sé. Lo habrían sido para el 2005, quizás el 2009 ya sea un poco tarde; pero, además, si su entorno, si sus partidos se están preocupando de aniquilarlos recíprocamente, capaz que ni siquiera pasen de esta elección.

Decías que el problema de origen de la derecha es su vinculación con el régimen militar. ¿Pero cuánto inciden el caso Spiniak, las rencillas últimas, el liderazgo de Lagos, la sobreexposición de Lavín?

- No, yo creo que hay muchos de esos factores que tienen influencias mayores en distin-tos grados. Creo que le da continuidad a este estado de cosas de la derecha, a esta incapaci-dad de constituirse como sociedad armónica, con lideres claros, con estructuras más o menos regulares, con normas aceptadas y conocidas, que depende tanto de lo que tú decías de esta sensación de vivir como en “El Padrino”. Creo que la línea que da continuidad a eso es Pino-chet. Tú me dices: ¿dónde está el gen enfermo o el gen alterado? Está allá en esos años. To-dos vienen de esos años, todos venimos de esos años.

Junto con cumplirse un nuevo aniversario de la elección de Allende, se cumplieron casi 50 años desde la última vez que la derecha ganó una elección.

- Considerando que esa vez ya fue una excepción, porque hay que irse 50 años más atrás para la anterior.

Y en ese sentido la derecha parece estar cómoda, pues en su mundo social y cultural maneja grandes cuotas de poder sin acceder al Gobierno.

- Pero no creo que la derecha no aspire a tener el poder político, por algo tienen candidato. A mí me suena un poco simplificado eso como análisis. Yo no veo que la derecha haya renunciado al poder político, lo trata de tener, hace sus mejores esfuerzos por competir, no lo logra, pero no es que no lo intente. Lo han hecho mal, pero que les interesa, les interesa mucho.

Sí, en los últimos cuatro años hay atisbos de eso, pero también hay intereses que se manifiestan en un circuito extrainstitucional…

- Sí, pero cuando Allamand hablaba de los poderes fácticos, todos sabíamos a quiénes se refería. Qué personas de las cúpulas empresariales intervenían activamente, incluso en las listas electorales. ¿Alguien cree que Juan Claro ha intervenido en las listas electorales?, ni de lejos. ¿Que Bruno Phillipi?, ni de lejos.

¿Tú crees que ni Claro ni Phillipi ni Matte pesan en La Moneda?

- No del modo como se describió lo fáctico en su momento.

¿Qué debería pasar para que la derecha haga su travesía del desierto?

- Yo encuentro que quince años perdiendo elecciones es bastante desierto, y serán veinte o veintitantos. Allamand estuvo un añito en Estados Unidos y lo consideró la travesía del desierto, aquí llevan veinte por lo bajo, y si le creemos a Gallagher serán veinticuatro; esa sí que es travesía.

Y dura.

- Muy dura.

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